En su último año como presidente, Darío Marinozzi explica cómo el patrimonio de AFA se pudo multiplicar 14 veces sin perder el espíritu cooperativo

Hay empresas que presentan sus resultados mostrando cuánto ganaron sus accionistas. Agricultores Federados Argentinos (AFA) decidió medir también cuánto de su crecimiento terminó efectivamente en manos de sus productores asociados. Y los números que presentó su presidente, Darío Marinozzi, sirven para dimensionar en qué se convirtió aquella cooperativa fundada por un grupo de chacareros hace ya 95 años.
“Crecimos de 60 a 850 millones de dólares de capital propio, de patrimonio neto”, resumió Marinozzi en diálogo con Bichos de Campo al cabo de un encuentro con cientos de jóvenes cooperativistas en Rosario, en el que habló desde un escenario 360° (un círculo en el medio de las plateas), una osada innovación que no se había visto en el agro desde un congreso de AACREA hace algunos años.
El salto patrimonial de AFA, que otros actores celosos del sector atribuyen a una competencia desleal por los impuestos que no gravan su actividad por su condición de cooperativa,  se produjo en apenas una década y vino acompañado de fuertes inversiones. En los últimos cuatro años, según detalló el dirigente, AFA destinó unos 170 millones de dólares a distintos proyectos y entre el 85% y 90% de ese dinero quedó distribuido en pueblos y ciudades del interior.
AFA saca pecho de ser la empresa agropecuaria que más creció en la última década y, reivindicando su esencia cooperativa, abre nuevos frentes: Carne, etanol y seguros

Pero hay otro dato que Marinozzi destacó especialmente: actualmente todo el negocio de la cooperativa se financia con recursos propios, sin recurrir a bancos. “Hoy el 100% del negocio de la cooperativa lo financiamos con capital propio. No dependemos de financiamiento externo”, afirmó.
Ese crecimiento, sostuvo, no debería medirse solamente por el tamaño que alcanzó la organización sino también por cuánto de ese resultado vuelve a sus asociados y a las comunidades donde funciona.
“Lo importante es que los chicos y los jóvenes que están sentados acá, que son parte de la cooperativa, conozcan esa realidad y vean que es viable”, señaló Marinozzi durante un encuentro que reunió a más de 1.200 jóvenes vinculados a AFA, llegados desde todo el país.
La cooperativa intenta incluso ponerle un número a ese retorno. Además de su balance económico realiza cada año un balance social de más de 120 páginas, donde contabiliza lo que denomina Valor Agregado Cooperativo (VAC). Allí suma desde las diferencias de precios obtenidas por sus productores respecto de los valores de referencia hasta bonificaciones en tasas de interés y descuentos en la compra de insumos.

“Todo el beneficio se pone en valor, porque hay que medirlo en valor. Eso ronda los 170 millones de dólares en estos últimos años”, explicó Marinozzi. Según el dirigente, se trata de un beneficio directo para quienes forman parte de la cooperativa y de una manera concreta de demostrar que el cooperativismo no debería sostenerse solamente por tradición o identificación histórica.
“Obviamente la esencia, la historia, los principios y los valores del cooperativismo tienen que estar, eso seguro, porque sin socios no hay cooperativa. Pero sin cooperativa fuerte tampoco hay asociados”, sostuvo el dirigente, que condensó esa idea en una definición: “La cooperativa tiene que hacer su negocio a partir del socio, no a costa del socio”.
Mirá la entrevista completa:

Para Marinozzi, la fortaleza empresarial lograda esta década debe terminar trasladándose hacia quienes son sus dueños. “Todo lo que AFA, por su magnitud y porque se han venido haciendo las cosas bien, pueda lograr como beneficio de la cooperativa, el primer objetivo tiene que ser que se traslade como beneficio a las personas”, afirmó.
La discusión no es menor para una organización que está próxima a cumplir un siglo y que enfrenta también el desafío de mantener involucradas a las nuevas generaciones.
Marinozzi está transitando además un momento particular de esa historia. El próximo año terminará su etapa como presidente, en el marco de un esquema institucional que contempla la renovación de autoridades y fija límites para los mandatos.

En su presentación, durante el encuentro con los jóvenes, le preguntaron cómo le gustaría ser recordado cuando deje la conducción de AFA. Su respuesta estuvo bastante lejos de los 850 millones de dólares de patrimonio, los proyectos industriales y las cifras que había mostrado poco antes. Fue mucho más humana.
“Que me recuerden como un tipo que trató bien al resto de la gente con la que convivió”, respondió. “No me pongo en el lugar del gran dirigente, de los proyectos o de la impronta, porque eso con el tiempo y con los años dirán si fue buena o no fue buena mi gestión. Pero si trataste bien o no trataste bien a la gente, me parece que perdura”, agregó.
Marinozzi definió su conducción como la tarea de ser “cabeza de equipo por un tiempo”, entendiendo que ese lugar es prestado. “Hay que entender que no sos vos, sino que AFA te dio un lugar de protagonismo. Y el día que termine la Asamblea, en junio del año que viene, yo vuelvo a ser un productor agropecuario asociado a la cooperativa”, afirmó el chacarero de Bombal.
Esa idea de pertenencia terminó llevándolo hacia una historia mucho más personal.
Como sus abuelos inmigrantes, los gringos de AFA piensan en colonizar nuevas zonas agrícolas: La cooperativa analiza la posibilidad de sembrar en Río Negro y exportar alfalfa hacia los países árabes

Hincha de Independiente, Marinozzi contó que Ricardo Bochini fue siempre uno de sus grandes referentes deportivos. Pero cuando tuvo que hablar de su verdadero modelo de vida no eligió a ningún futbolista. “Mi ídolo en la vida siempre fue mi viejo”, contó.
Con los años, explicó, comenzó a valorar de otra manera la figura de su padre. “Vi a mi viejo como el modelo a seguir, como mi ejemplo de vida, por lo que fue, por lo que generó, por todo. En mi pueblo lo conocen y las puertas que me abrió llevar su apellido y el orgullo que eso me generó…”, recordó.
Ese día en Rosario, entre los asistentes al encuentro, también estaba su hijo.
“Me gustaría que mi hijo, aunque sea una partecita de ese orgullo, lo sienta”, confesó.

De algún modo, esa sucesión entre abuelos, padres e hijos también ayuda a explicar cómo una cooperativa fundada por chacareros logró atravesar 95 años y llegar a manejar hoy un patrimonio neto que, según Marinozzi, alcanza los 850 millones de dólares. El desafío, sostuvo, consiste justamente en modernizarse sin perder aquello que permitió llegar hasta acá.
“La cooperativa se tiene que aggiornar a la nueva época, a la modernidad, la tecnología y la innovación, a nuevos proyectos. Pero el sentido de pertenencia y la esencia de aquellos viejos chacareros que formaron esta cooperativa sigue estando”, afirmó.
El dirigente encontró una prueba de esa continuidad en el auditorio que tenía delante: “Convocar a más de 1.200 jóvenes, que algunos viajen 600 kilómetros para venir a un evento a hablar de la cooperativa y de lo que les propone la cooperativa, no es fácil de construir. Eso se construye a lo largo de toda una historia”.

Fuente: Bichos de Campo