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Celebraciones
De momento, esto no es patrimonio del mundo-robot: la gracia, la promesa de futuro más allá de lo puramente tecnológico, el encanto indefinible de lo fugaz. Por eso no deja de ser llamativo que un grupo de niños –depositarios universales de esas virtudes– participe en la clausura de los Juegos Mundiales de Robots Humanoides en Pekín, evento que viene capturando la atención de las redes y los medios internacionales por el despliegue de velocidad, fuerza y precisión de aceitados dispositivos humanoides. Si en sí mismo todo el evento tuvo la impronta de un mensaje (“aquí está China, este es nuestro poderío, la Larga Marcha hoy se llama futuro”), la danza infantil del cierre probablemente busque reforzarlo. Queda, bien lejos de este hecho puntual, el recuerdo del desdichado David, el niño-robot de Inteligencia artificial, la película de de Steven Spielberg.
Fuente: La Nación