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Javier Milei volvió a la Casa Rosada tras 23 días y reúne al gabinete
Un mes y medio después de aquel 9 de julio, cuando llegó a Balcarce 50 luego del Tedeum en la Catedral Metropolitana, el presidente Javier Milei volvió hoy a reunir a su gabinete de ministros. Para el primer mandatario, que llegó a su despacho pasadas las 9.20, fue también la primera vez en la que pisó la Casa Rosada en 23 días, luego de tres semanas entre viajes al exterior, “reuniones privadas” en la quinta de Olivos y una serie de discursos encadenados, en distintos ámbitos, durante la semana pasada.La reunión comenzó pasadas las 10. Luego del Presidente arribaron, uno a uno, los ministros y referentes legislativos del oficialismo, sin hacer declaraciones. Sin confirmación oficial, estaba en duda la presencia de la ministra de Capital Humano, Sandra Pettovello, con un viaje oficial por Salta. Se trata de una semana especial para el Gobierno, en la que todas las miradas estarán puestas en el Congreso. Allí, el miércoles, el oficialismo intentará aprobar y girar al Senado dos iniciativas que considera clave: la reforma a la Carta Orgánica del Banco Central, presentada por el propio Presidente en cadena nacional, y la nueva versión de la ley de Inocencia Fiscal. Ambas responden al objetivo declarado de cuidar el equilibrio fiscal, según contaron a LA NACION desde la mesa política. Mañana por la tarde, el propio Presidente recibirá en Balcarce 50, a diputados y senadores libertarios, en la previa de la sesión en la Cámara baja y reuniones en el Senado.La necesidad de aprobar estos proyectos obligó al Poder Ejecutivo a postergar las negociaciones del jefe de gabinete Diego Santilli con gobernadores y la oposición en torno a la suspensión de las PASO, una herramienta que la oposición considera indispensable para ordenar su interna. Para el Gobierno, eliminar las primarias, o al menos suspenderlas, forma parte de la estrategia reeleccionista del Presidente. Entre la última reunión de gabinete y hoy, el Gobierno vio naufragar otro de sus objetivos parlamentarios: el capítulo referido a la venta de tierras a extranjeros, incluida en el proyecto de ley de inviolabilidad de la propiedad privada. La presión social en contra de la medida, a tono con la ola nacionalista que despertó en coincidencia con la participación del seleccionado argentino en la Copa Mundial de futbol, obligó al Gobierno a retirar el proyecto. Las miradas recayeron sobre el ministro de Desregulación y Reforma del Estado, Federico Sturzenegger, impulsor de la medida, quien días después debió dar explicaciones de esta y otros proyectos en la mesa política.A pesar de los resquemores dentro del gabinete contra Sturzenegger, el Presidente lo respaldó de manera efusiva el lunes 17, cuando lo abrazó durante el homenaje a San Martín, y tres días después, en el discurso con el que cerró la reunión anual del Consejo de las Américas, en el hotel Alvear. “La realidad es que cuando ustedes vean a un sorete, a una mierda humana, criticándolo a Federico, es porque le está tocando un negocio a un prebendario, a un chorro y a un corrupto. Por eso putean tanto cuando Federico hace su trabajo, y miren que sacó 17000 regulaciones”, afirmó el primer mandatario, mientras Sturzenegger sonreía en la primera fila del evento. El tono desafiante del Presidente se extendió, en los últimos discursos, a quienes dieron cuenta de la alta morosidad en los créditos, el cierre de empresas y el estancamiento económico. En un arranque de furia, en el Alvear, definió como “estupideces” las alusiones a que “la gente no llega a fin de mes”, dificultades que admiten incluso miembros del gabinete nacional o sus principales espadas legislativas, como la senadora Patricia Bullrich. “Así como aparecen empresas, otras desaparecen, es natural. Se van reasignando los recursos porque van cambiando las condiciones de la economía”, destacó. Más adelante, les preguntó a los presentes, con tono desafiante: “¿Qué es lo que quieren ustedes con su competencia? Que desaparezcan", se entusiasmó, en defensa de la libertad de comercio. Noticia en desarrollo
Fuente: La Nación