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Rochi Hernández, la actriz argentina que le puso el cuerpo y el alma a una de las mejores ficciones del año
“Te juro que yo en la vida solo me quiero reír. Voy a los ensayos y me mato de risa. Me fui cruzando con personas en el medio que me fueron trayendo la risa muy a primer plano. Siento que siempre fui muy dramática y para mí, es un lindo aprendizaje no tomarme las cosas tan en serio, reírme más de mí misma. Por eso, en el set, trato de hacer chistes. Después me toca interpretar cosas re dramáticas, pero yo quiero salir de ahí, no me quiero quedar en eso”, dice Rochi Hernández. La aclaración es necesaria porque la joven actriz fue la artífice de Alba, uno de los grandes personajes de la adaptación de La casa de los espíritus, a quien interpretó con la intensidad que la historia necesitaba. Y pronto volverá a demostrar su capacidad para bucear en esas profundidades gracias a su papel en Cautiva, la miniserie de Flow que llegará en septiembre. Y aunque ya pasaron varios meses desde el estreno de la miniserie de La casa de los espíritus, disponible en Prime Video, la experiencia de transformarse en quien ella llama una de las “superheroínas” de la novela de Isabel Allende todavía está presente para la actriz como lo está para los espectadores que ingresan al relato guiados por la voz de su fantástica Alba.“La experiencia fue un placer total por más que fue de mucha demanda y exigencia actoral, física, emocional, de todo. Fue un proyecto en donde puse mi cuerpo y alma. No sé si diría como nunca antes porque siento que en general soy bastante entregada a las cosas que me gustan, pero sí fue particularmente intenso. Los showrunners, Francisca Alegría y Fernanda Urrejola, quienes adaptaron el libro y a las que luego se sumó Andrés Wood, estaban muy seguros de lo que querían contar; tenían un punto de vista claro, una mirada y una sensibilidad total. Trabajaron 5 años en la adaptación. En mi caso, ya estando en Chile, pude construir vínculos muy lindos con mis compañeros y con el equipo.—¿Cómo fue ese tiempo?—Resultó un rodaje largo. Estuve tres meses y medio en Chile, y aunque no grababa todo el tiempo, me encantó poder hacer las pruebas de vestuario, los ensayos y las charlas. En ese tiempo volví a Buenos Aires por pocos días, pero me acuerdo de que estando acá mi cabeza seguía allá. Porque La casa de los espíritus es una miniserie, una novela, muy atravesada por la política, los vínculos familiares, el machismo, el feminismo... muchas temáticas muy fuertes que nos impactan a todos. Tiene esa sensibilidad desde el comienzo, más allá de que hacia el final se pone muy oscura y es la parte que más me compete como actriz.—Tu personaje es de mucha responsabilidad; es quien narra la historia desde el principio. ¿Cómo fue “cargar” con eso?—Para mí, Alba, mi personaje, es como una superheroína. Por eso todo el tiempo me preguntaba: ¿cómo la humanizo? Porque es muy humana, sí, pero al mismo tiempo es una heroína. Es una persona muy luchadora, que dice lo que piensa, que pelea contra la injusticia y que le hace frente a las cosas. Y que desde la destrucción total, después de que le quitaran todo, tanto en lo físico como en lo emocional y hasta su dignidad, se reconstruye. La escritura la salva; es lo que la mantiene viva. Hay una frase que dice el personaje en el comienzo a la que siempre vuelvo: “Ahora busco mi odio y no lo encuentro”.—Es una declaración de principios del personaje que se extiende a todo el relato, ¿no?—Es que a través de la escritura, ella reclama su historia. Se dice: “Voy a escribir para que nunca nadie se olvide de esto y no vuelva a pasar”. Creo que si no escribe se muere. Siempre tuve esa visión. No sé qué habrá pensado Isabel [Allende], pero para mí, Alba, si no hace eso, se muere. Se queda sola, sus padres no están, su abuelo se muere, su abuela ya no existe, su tío se murió, está muy sola y habiendo vivido las peores atrocidades que puede experimentar un ser humano. “Escenas muy fuertes”—¿Cómo fue filmar las escenas de las torturas a las que es sometido tu personaje? —Fue súper duro. Me acuerdo de que la semana anterior a grabar esas secuencias me vine unos días a Buenos Aires porque tenía una semana libre y en lugar de estar maquinando sola por lo que se me venía, quise estar acá con mis amigos y mi familia. Y en el vuelo de regreso a Santiago releía esas páginas y me caían las lágrimas. La noche antes de la grabación lloré mucho. Si tenés un gramo de empatía, es durísimo. Pero hay que lograr un equilibrio, estar atravesada, pero no perder el eje de que estás actuando y que tenés que entregar una escena que los creadores puedan usar. Cuando llegó la posibilidad de hacer el personaje y quedé elegida tras el casting, yo sabía que tenía escenas de sexo, de tortura, de exposición física; escenas muy fuertes y sentí que podía y quería afrontar ese trabajo. Hace unos años no lo habría hecho. Está bueno que uno sepa hasta dónde puede y no tener que obligarse por el hecho de ser actor o actriz. A veces se piensa que el actor siempre se siente cómodo chapándose a cualquier persona o desnudándose y no siempre es así. —¿En el caso de esta miniserie se trabajó con coordinadores de intimidad para esas escenas más complicadas?—Sí, hubo muchísimo cuidado. Con el coordinador de intimidad, Nico Francella —que interpreta al interés romántico de Alba— y yo, juntos y por separado, tuvimos charlas previas. Y para las escenas de tortura también hubo conversaciones. En las de detención me pasó que es tan fuerte, tan duro lo que le pasa al personaje, que por más que vos estés hiper mega cuidada, que termines de hacer la escena y te cubran, lo cierto es que estás actuando y entrando en lugares muy oscuros de la mente humana y eso en algún lado te atraviesa. Si estás 3 horas seguidas llorando, el cuerpo no distingue entre la realidad y la ficción. Después de grabar esas escenas, yo quería volver a mi casa. No me quería quedar en ese lugar mental.—¿Y cómo se sale de ahí?—Cuando terminé esa semana de grabación, hice una terapia con imanes para sacarme esas emociones. Todo lo que se podía hacer, lo hice. ¡Que venga el chamán! ¡Que venga la limpieza! Aun así me costó bastante. Por suerte, fue casi al final del rodaje. Me llevó un par de semanas sacudirme esa carga. Se sumó a ese estado, que se terminaba el proyecto y es como despedirte de una familia. El final fue un baldazo de agua fría para mí. Soy muy nostálgica con los finales porque se arma una sensación de familia, de compañerismo; compartís muchas horas. —Elegiste una profesión en la que todo el tiempo te estás enfrentando a esas despedidas.—Sí, porque al mismo tiempo me encanta. Tengo mi parte social muy desarrollada. Me gusta mucho conocer gente, estar con gente. En este caso, conocí a personas de otros países; fue muy enriquecedor. Tengo muy claro quiénes son mis amigos, mi familia, quiénes son los que están siempre y con los que me quiero juntar. Pero en el camino me encanta ir compartiendo con otras personas y de alguna manera me gustan esos finales nostálgicos también.Un sueño de chica—Alguna vez dijiste que ya desde muy chica te querías dedicar a la actuación y la música, pero en realidad empezaste a los 18, 19 años. ¿Tenías la fantasía cuando eras nena de estar en la tele, en el teatro? —Sí, yo quería estar en el Gran Rex, pero mi mamá no me iba a llevar a un casting. Ella me recontra apoyó, me apoya siempre, pero no tenía ningún interés en que fuera una niña actriz. Se daba cuenta de que me gustaba mucho; fue la que me incentivó a empezar comedia musical fuera del colegio, pero quería que yo tuviera una vida normal. Hoy en día, la verdad, le agradezco eso porque pude decidir qué quería hacer, empecé a estudiar en la UNA (Universidad Nacional de las Artes), le dediqué tiempo a ser estudiante de teatro, a absorber mucho, a investigar qué tipo de actriz me gustaría ser. Fue algo muy natural; se fue dando. No tengo una carrera que haya sido de 0 a 100. Con el estudio vino el teatro independiente; empecé a hacer castings, quedé en un bolo y después en una obra. Y eso yo creo que también fue bueno para mí porque después cuando llegué a grabar un personaje más importante en algo o a tener más tiempo en una serie o en una película, ya tenía un recorrido, sabía lo que era un set, una sala y me permitió estar más suelta en eso.—¿Dudaste de que este fuera tu camino?—Dudé, pero bueno, está bien, es parte del asunto. En ese momento mis dudas tenían que ver con la preocupación de conseguir trabajo, de ver de qué iba a vivir. Mi familia no viene del ámbito artístico, entonces no tenía por qué saber cómo podía darse o no mi carrera.Una ayuda inesperadaAunque Hernández no contó con un recorrido profesional desde la infancia ni con contactos en el mundo de la actuación, su carrera sí tuvo un curioso primer espaldarazo cuando Nicolás Repetto la vio en un acto escolar del colegio al que asistía Rochi y también su hija y le recomendó a Javier Furgang, su agente de prensa y representante de actores, que la sumara a su agencia. “En ese momento creo que no sabía lo que implicaba del todo. Nico me contactó con Javi, que sigue siendo mi representante hoy, y eso me abrió las puertas desde los 17, 18 años para acceder a castings a los que no llegás si no tenés representación. Me acuerdo de que después, ya en 2021, cuando me contrataron para la serie Night Sky (Prime Video) que produjo Juan José Campanella y en la que trabajé junto a Julieta Zylberberg, Sissy Spacek y J.K. Simmons, le pedí a Javi que le mandara un mensaje a Nico para agradecerle de mi parte. Habían pasado un par de años, pero igual si no hubiera tenido representante, no habría accedido a ese proyecto. —¿Y cómo fue la experiencia de participar de ese casting?—Lo hice sin tener idea de qué era el proyecto. O sea, me dijeron: “Es una serie de Prime Video que dirige Campanella”. Y me mandaron dos escenas, sin ningún tipo de contexto. Y después de la primera prueba me volvieron a llamar a las tres semanas para otra que hice desde un baño, en un set porque estaba grabando algo y no me podía ir. Javi les pidió a los de la producció
Fuente: La Nación