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Felicitas Pizarro: del imborrable legado parrillero de su abuela a la disputa con su marido por un “rol clave”
En casi cualquier lugar de nuestro país, generalmente son los varones los que se ponen frente a la parrilla y terminan recibiendo los aplausos de los comensales. Pero en la casa de Felicitas Pizarro era su abuela paterna la que tomaba ese rol y, además, la que le enseñó a ella todos los secretos de un rico asado. Cocinar, para Felicitas es una pasión que transformó en profesión. Desde hace 13 años está en elGourmet y actualmente conduce Todo sobre la carne, un programa que no solamente enseña a cocinar los diferentes cortes, sino que también cuenta cómo es todo el proceso hasta que llega a la mesa. Además, todos los domingos está en La peña de morfi, por Telefe. En diálogo con LA NACION, Pizarro rememora las enseñanzas familiares y cuenta que sus hijos, Ramón e Indalecio, también aprenden de ella. Y revela que los domingos, a la hora de hacer un asado, pelea con su marido por hacerse cargo de la parrilla. -¿Es el asado tu especialidad? -Es lo que más me gusta hacer, genuinamente, dentro de la gastronomía. Aunque me gustan mil cosas, la carne me cautiva más. Sé que la carne es un tema más del varón y fue gracioso cuando me convocaron por primera vez de El Gourmet, en el 2013… Tocaba el cielo con las manos de la felicidad y me propusieron hacer un programa dentro de un estudio, pero yo quería hacerlo al aire libre. Me respondieron que empezáramos tranqui, y veíamos. Y a las dos semanas ya estaba cocinando al aire libre, prendiendo el fuego. Hice muchos ciclos de parrilla y la diferencia de Todo sobre la carne es la búsqueda que hicimos porque contamos de dónde viene y todo el proceso hasta llegar a la mesa. Fuimos a frigoríficos, nos contaron cómo trabajan la carne, la cantidad de kilos que se procesan todos los días. Fuimos a carnicerías también. -¿Qué aprendiste en todo ese proceso?-Algo lindo que descubrimos es que un argentino puede no tener un abogado o un contador, pero sí un carnicero. Y ojalá no perdamos eso. Todavía vamos a la carnicería, a la verdulería, a la pollería, porque es parte de nuestra identidad saber qué compramos y qué elegir. Es un programa que me reeducó, me hizo pensar, me vinculó mucho con lo que aprendí de chica en casa y con la profesión. View this post on Instagram -¿Hay algún tip para que la carne quede tierna? -Todo depende del corte. Esto lo vemos en el programa, que está dividido en episodios y en cada uno se habla de un corte en especial. Nuestra joya son los bifes, entonces vamos a Don Julio y hablamos con los chefs y también vamos al Puestito de Dorrego, que está hace 30 años haciendo sándwich de ojo de bife. Cada corte tiene su versatilidad, su forma de explotar lo mejor. Lo que más compra la gente es peceto o colita porque no tienen mucha grasa, pueden cocinarla de varias formas, no ahúma la casa. Y los que viven fuera de la ciudad llevan costillar, vacío. -No tenés problema en decir que sos muy carnívora en una era en la que el vegetarianismo y el veganismo pesan muy fuerte...-Me gusta la carne y también le doy carne a mis hijos. Mi abuela comía carne todo el tiempo y así me crié yo, en una casa recarnívora. No somos de familia italiana, de pastas o pizzas, sino del asado. Mi abuela era la parrillera y te esperaba en bikini haciendo el asado y su marido, que no era mi abuelo porque ella era divorciada, armaba las ensaladas y servía un trago. Para mí eso era normal, pero en otras casas sucedía al revés. La primera vez que hice algo a la parrilla fue con ella, fue un lechón gigante para Navidad. Yo tendría 15 años y recuerdo que me dijo que quería que aprendiera porque cuando ella no tuviera más ganas, yo podía hacerme cargo. En casa somos dos hermanas y un día mi papá delegó el asado en nosotras, sin problema. No hubo esa cosa de machistas de “no te metas en la parrilla”. -¿Y en tu casa quién se ocupa de la parrilla?-Es una disputa ver quién hace el asado en casa (risas), porque el otro se tiene que ocupar de todo lo demás. Y hago una crítica a los hombres que hacen el asado y nada más, y la mujer se hace cargo de poner la mesa, hacer las ensaladas, cambiar al chico si es necesario. Somos orquesta… Santiago es contador, pero le gusta la cocina. No cocino todas las noches, ni amaso todos los días, pero nuestra cocina es el lugar de encuentro para una carne al horno, un guiso de lentejas, o para cocinarles algo dulce a los chicos que también participan, cocinan, y me ven grabar videos, contenidos y quieren ser parte de mi trabajo. -¿A tus hijos les enseñás como lo hizo tu abuela con vos?-Ramón tiene 9 años e Indalecio, 5. Y nos ven cocinar siempre a su papá o a mí. La cocina es el centro de la casa, y a mis hijos les gusta comer bien. Por ejemplo, no les gusta que les mande carne recalentada en la vianda del colegio, porque se reseca. Y me dicen “dejámela bien jugosa, porque no me gusta pasada” (risas). -Para una cocinera profesional como vos, ¿cuál es el desafío en tiempos en que todos suben su receta en Instagram?-Poder seguir transmitiendo lo que más me gusta que es cocinar, enseñar, contagiar ese amor por la cocina. Me encanta que haya mucha gente que comunique sus recetas porque significa que la cocina seguirá viva por muchísimo tiempo más. Yo sigo investigando, perfeccionándome y no doy nada por sentado. Aprendo todos los días. -Fuiste jurado de El gran premio de la cocina (eltrece) y ahora estás en La peña de morfi (Telefe), ¿qué plus te da la televisión abierta?-Está bueno porque llegás a más gente. Aprendés un montón en televisión de aire, que muchas veces va en vivo como La peña… Tenés que resolver en el momento, saber explicarte. Sirve mucho estar en televisión porque te hace popular. Viajo por todo el país y me conocen en cada pueblo; es muy lindo. La gente se conecta fácilmente conmigo porque me ve en su casa a través de la tele y, de alguna manera, sos parte de su familia. Y en el caso de elGourmet, nos ven en toda Latinoamérica. -¿Tenés proyectos?-Vamos a hacer streaming con mi hermana y tiene que ver con la cocina y con la música.
Fuente: La Nación