Las abejas no solo agregan valor con la miel: en Ceres, transforman una toxina apícola en crema facial

Con más de 15 años de trayectoria en la apicultura, Bee Natural, una empresa de Ceres, Santa Fe, tenía una materia prima con potencial, pero todavía no había encontrado la forma de convertirla en un producto terminado.
La apitoxina -el veneno que producen las abejas– aparecía como una oportunidad, aunque el desafío era mucho mayor que simplemente producirla: había que desarrollar un producto, cumplir con las exigencias regulatorias y encontrar un mercado.
En ese proceso, el acompañamiento del Ministerio de Desarrollo Productivo de Santa Fe resultó determinante.
A través de distintos programas, la empresa pudo acceder a asistencia técnica, financiamiento y herramientas de vinculación que le permitieron avanzar desde una producción primaria hacia un proyecto con mayor agregado de valor.
LA APITOXINA DE LAS ABEJAS TAMBIÉN GENERA VALOR
El punto de inflexión llegó con la participación en la primera edición del Santa Fe Business Forum.
Allí, el contacto directo con compradores internacionales permitió a los emprendedores comprender que la oportunidad no estaba solamente en comercializar apitoxina como materia prima, sino en desarrollar un producto elaborado.
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“El impulso se consolidó en el Santa Fe Business Forum, donde a través de las reuniones comprendimos que los compradores buscaban un producto elaborado. A diferencia de las grandes ciudades, en el norte no siempre tenemos acceso a estas herramientas; esta vinculación nos dio el empujón para dejar de ser solo productores primarios”, destacó Juan Dukart, titular de Bee Natural.
La experiencia de Bee Natural forma parte de una estrategia que busca fortalecer el entramado productivo santafesino a partir de la articulación entre el sector privado, el conocimiento y las políticas públicas. Para el ministro de Desarrollo Productivo, Gustavo Puccini, el caso demuestra el impacto que puede tener esa combinación.

“El caso de la empresa de Ceres muestra cómo la articulación entre el Estado, el conocimiento científico y el sector productivo puede generar procesos concretos de innovación, diversificación y agregado de valor en origen, potenciando emprendimientos locales con nuevas oportunidades de desarrollo”, sostuvo el funcionario.

El proceso comenzó en la Mesa Local de Sinergia Colaborativa de Ceres, donde se detectó el potencial del emprendimiento y se decidió avanzar con el componente de Asistencia Técnica para la Innovación Productiva.
A partir de allí, la empresa incorporó el acompañamiento de Luciana Bollati, doctora en Ciencias Agrarias y bióloga, quien inicialmente participó como especialista y luego pasó a integrar el staff de Bee Natural.

“El programa cuenta con un registro provincial de más de 200 especialistas; en este caso, la doctora en Ciencias Agrarias y bióloga Luciana Bollati acompañó a la empresa en el diseño de nuevos productos y luego fue incorporada a su staff”, explicó Gonzalo Toselli, secretario de Cooperativas, Mutuales y Emprendedurismo.
Ese acompañamiento permitió ordenar un proyecto que hasta ese momento se encontraba en una etapa inicial. Se avanzó en las habilitaciones necesarias, el desarrollo de la marca y el packaging, además de definir una estrategia comercial. A eso se sumó un crédito de $12 millones gestionado a través del programa Santa Fe Activa, con Banco Coinag, que permitió financiar la primera producción.
DEL ANÁLISIS DE MERCADO AL PRODUCTO FINAL
Con la asistencia técnica, Bee Natural comenzó a evaluar qué podía hacer con la apitoxina y, fundamentalmente, qué producto podía tener mejores posibilidades comerciales. Se analizaron distintas alternativas, entre ellas jabón artesanal, gel antiinflamatorio, crema corporal y crema facial.
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La decisión llegó después de estudiar costos, demanda, regulaciones y rentabilidad. El producto elegido fue una crema facial bio-regeneradora con apitoxina, por su potencial para generar mayor valor agregado a partir de una materia prima que hasta entonces se encontraba en una etapa productiva mucho más básica.

“Es muy bueno poder articular el conocimiento científico-técnico con empresas que carecen de esa área. Eso es lo que me permitió Sinergia, conectar con Juan y transformar una idea mínima en este gran proyecto”, señaló Bollati.

Para la especialista, el diferencial estuvo también en la posibilidad de complementar el conocimiento con las herramientas disponibles desde el Estado.
“Complementarse con las herramientas públicas para darle potencial comercial es extraordinario y, además, este tipo de programas genera una red de contactos que una empresa, por sí sola, difícilmente podría obtener”, agregó.
El desarrollo también implicó atravesar uno de los principales obstáculos para transformar una idea en un producto comercial: el marco regulatorio. Fue necesario investigar las alternativas disponibles, seleccionar un laboratorio habilitado para tercerizar la elaboración y avanzar en cuestiones vinculadas con la marca, el packaging y la estrategia de comercialización.
“Tuvimos que hacer toda una investigación de mercado, ver qué productos se podían generar a partir de esa materia prima y cuáles eran los que por ahí tenían mayor salida al mercado. Mi rol fue el de buscar esas alternativas y cuando decidimos hacer la crema vino todo el otro proceso”, explicó Bollati.

Y agregó: “Tuvimos que tercerizar para que se produzca en un laboratorio habilitado por Anmat, lo que también significó una búsqueda muy rigurosa”.
CONVERTIR UNA OPORTUNIDAD EN NEGOCIO
Para Dukart, el acompañamiento permitió mirar el emprendimiento con una perspectiva diferente y salir de la lógica cotidiana de la producción.

“El trabajo con nuestra coordinadora, Luciana, fue determinante para armar el proyecto y la planificación. Para los emprendedores, esto permite abrir la cabeza y ver aspectos que el día a día no te deja ver”, sostuvo.

A partir de reuniones, contactos y asesoramiento especializado, la empresa pudo establecer un plan de trabajo y avanzar sobre cuestiones que excedían la producción propiamente dicha. “A través de reuniones y contactos, trazamos un plan de trabajo que hoy estamos cumpliendo”, destacó el titular de Bee Natural.
El camino también incluyó la participación en In Company y la articulación con diferentes áreas y programas del Ministerio. Para la empresa, esa red terminó siendo tan importante como el financiamiento o la asistencia técnica.
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“También participamos de In Company y esa articulación con las distintas áreas y programas del Ministerio nos permitió avanzar para concretar nuestro sueño de darle valor agregado a la apitoxina”, afirmó Dukart.

El caso de Bee Natural muestra así cómo una materia prima generada en una explotación apícola puede convertirse, con conocimiento, planificación y acceso a herramientas adecuadas, en un producto elaborado y con una estrategia comercial definida.
Una transformación que comenzó en Ceres y encontró en la vinculación con compradores y actores de otros mercados un impulso para pensar el negocio más allá de la producción primaria.

En ese sentido, el Santa Fe Business Forum vuelve a aparecer como una pieza central para conectar a las empresas santafesinas con nuevas oportunidades. La tercera edición del encuentro se realizará entre el 31 de agosto y el 4 de septiembre de 2026, con sede principal en Rosario y actividades también en la ciudad de Santa Fe. La convocatoria reunirá a más de 250 compradores internacionales de 50 países junto a unas 1.000 empresas oferentes.
Para emprendimientos como Bee Natural, el desafío ya no pasa solamente por producir apitoxina, sino por transformar ese recurso en una propuesta capaz de competir en mercados de mayor valor. Y en ese salto, la articulación entre producción, conocimiento, financiamiento y comercio exterior terminó siendo tan importante como la propia materia prima.

Fuente: InfoCampo