Un solo gráfico para visualizar la pérdida de competitividad experimentada por la soja argentina

En los dos últimos años las relaciones insumo/producto en soja mejoraron en fitosanitarios, pero empeoraron en derivados del petróleo, labores (UTA) y fletes.
El cuadro con la evolución de ese indicador, publicado en el último Reporte de Actualidad Agro CREA,  muestra la pérdida de competitividad que viene registrando el principal cultivo argentino.
Parte de esa circunstancia se explica por factores internacionales, como es el caso de los aumentos de los valores de hidrocarburos y fertilizantes provocados por conflictos bélicos y geopolíticos.
Sin embargo, el cambio de régimen económico también incidió, ya que la desregulación del mercado de combustibles impactó de lleno en la estructura de costos de las empresas agrícolas.

La normalización del mercado de hidrocarburos contrasta con la intervención presente en el rubro agrícola, donde, si bien se redujo la carga tributaria, los ingresos siguen comprometidos por la aplicación de derechos de exportación.
Como aspecto favorable, la normalización del comercio exterior en los últimos dos años  permitió reducir los enormes sobrecostos que abonaron entre 2022 y 2024 las empresas agrícolas por fitosanitarios y fertilizantes. Si ese desmadre siguiese actualmente vigente, los valores de los fertilizantes fosfatados serían prohibitivos con el ajuste alcista experimentado este año.

Los altos precios internacionales de la soja registrados entre 2021 y 2023 contribuyeron a morigerar el impacto del aumento de los fertilizantes provocado por la guerra ruso-ucraniana y del desorden cambiario presente por entonces en la Argentina.
Sin embargo, con precios más bajos de la oleaginosa, como los vigentes desde 2024 hasta la fecha, el impacto de la distorsión tributaria generada por los derechos de exportación se evidencia con crudeza en la estructura de costos de las empresas agrícolas argentinas.

Fuente: Bichos de Campo