De las chacras de algodón al rodeo Brangus: En el este de Formosa “la ganadería ya no es el futuro, sino el presente”, dice “Roly” Zieseniss, productor de El Colorado

Hay una imagen que resume mejor que cualquier estadística lo que está ocurriendo en el este formoseño. Donde hace no tantos años predominaban los lotes agrícolas, hoy aparecen alambrados nuevos, aguadas, pasturas y rodeos con genética Brangus y Brahman. La transformación no es una apuesta de moda. Es una necesidad.
Rolando “Roly” Zieseniss recorre la zona todos los días. Es productor agropecuario de El Colorado y conoce de memoria las historias de vecinos que dejaron atrás el algodón y otros cultivos para convertirse en ganaderos. Mientras camina por un lote de alfalfa, explica que el cambio ya dejó de ser una tendencia para convertirse en una realidad consolidada.
“Se está dando un cambio, no brusco, pero sí muy grande, de productores agrícolas a ganadería. Es una cuestión de costos. No dan los números para seguir haciendo agricultura, no da el clima. Muchas veces el recambio generacional también hace que sea más fácil desarrollar la ganadería”, resume en una recorrida de Bichos de Campo por la zona.
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La explicación, dice, no pasa por un único factor. Es un combo que se fue acumulando durante años: “Venimos de sequías, de inundaciones muy grandes. Los precios están planchados hace años y los costos de combustible, insumos y semillas subieron muchísimo”, enumera.
El ejemplo más claro es el algodón, cultivo histórico de la región. Según cuenta, hoy un productor necesita obtener entre 800 y 1.000 kilos por hectárea solamente para cubrir los costos. Pero esa cuenta puede desmoronarse en cuestión de horas: “Te agarra un temporal como el de estos días. Había productores que ya habían desfoliado para cosechar y cuando pudieron entrar a la chacra sacaron apenas 800 kilos. Ahí ya no hay margen”, describe.
Frente a ese escenario, las opciones se reducen: “El productor tiene dos caminos: vender el campo o cambiarse a la ganadería. Y el que realmente lleva esto en el corazón no quiere vender”, afirma.
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La transformación también tiene un fuerte componente social. La colonización del este de Formosa dejó establecimientos de apenas 50 hectáreas, superficies que hoy difícilmente alcancen para sostener a una familia.
“Hay familias con cuatro o cinco hijos. Con 50 hectáreas ya no se puede vivir. Los chicos ven el sacrificio de los padres y no ven un futuro en el campo. Entonces se van”, cuenta Roly.
Por eso, para Zieseniss el gran desafío ya no es convencer a nadie de producir ganado: “Muchos dicen que la ganadería es el futuro. Yo creo que no. El futuro ya llegó. La ganadería es el presente.”
La recorrida por la zona parece darle la razón. Donde antes funcionaban varias desmotadoras de algodón, ahora predominan establecimientos ganaderos que invierten en genética e infraestructura.
“Hace 18 o 20 años venían a Formosa a comprar terneros criollos. Hoy ves Brangus, Brahman. Hay otra genética. Se está invirtiendo y creo que eso va a seguir por mucho tiempo”, expresa el formoseño.
Mirá la entrevista completa con Rolando “Roly” Zieseniss:

Sin embargo, el cambio tampoco resulta sencillo para quien decide abandonar la agricultura. Pasarse a la ganadería requiere capital que muchos pequeños productores no tienen.
“¿Cómo hacemos los productores agrícolas para conseguir esos vientres? No es fácil entrar en la ganadería. Necesitás financiamiento de ocho, nueve o doce meses para una ternera o una vaquillona preñada, además de toda la infraestructura que viene detrás”, grafica.
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Por eso insiste en que, si no aparecen herramientas de crédito adaptadas a esa transición, muchos terminarán desprendiéndose de sus campos: “Hay productores que tienen la tierra y la terminan vendiendo porque no cubren los costos para que esa rueda siga girando.”
La comparación con el otro lado del río Paraguay también aparece inevitablemente durante la charla. Zieseniss tiene parte de su familia produciendo allí y viaja con frecuencia. Dice que las diferencias saltan a la vista.
“Ellos no trabajan con el gobierno a cuestas”, resume al recordar que Paraguay no carga con retenciones sobre los granos, tiene una presión impositiva mucho menor y ofrece financiamiento bancario de cuatro, cinco o seis años para invertir.
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“Vos recorrés las rutas y ves mucha producción. El sacrificio que acá te lleva años para comprar un tractor, allá lo pueden hacer”, describe.
A eso suma otro problema muy propio del pequeño productor formoseño: la dificultad para ingresar al sistema financiero: “Hoy muchos ni siquiera pueden sostener el costo de ser monotributistas o responsables inscriptos. Con 50 hectáreas antes proyectabas un año entero; hoy no proyectás ni tres meses.”
Pese al auge de la ganadería, Zieseniss evita el triunfalismo. Cree que la actividad ofrece mejores perspectivas que la agricultura, pero advierte que el desafío recién empieza: “La veo bastante complicada. No imposible, pero no veo una visión clara para el futuro.”
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Y vuelve al punto que atraviesa toda la conversación: si la agricultura ya dejó de cerrar y la ganadería aparece como el camino, entonces la discusión ya no pasa por convencer a los productores de cambiar.
La pregunta, dice, es otra: cómo hacer para que quienes todavía quieren quedarse en el campo puedan financiar esa reconversión sin tener que vender la tierra que heredaron. Esa, quizás, sea la verdadera frontera productiva que hoy enfrenta el este de Formosa.

Fuente: Bichos de Campo