La guerra en Medio Oriente no solo alteró el mercado del petróleo y el gas. También terminó golpeando de lleno a la agricultura argentina. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), el fuerte aumento internacional de los fertilizantes provocó que el país tuviera que desembolsar unos 180 millones de dólares adicionales durante el primer semestre de 2026 para importar esos insumos.
Ese sobrecosto se produjo en un contexto de menores compras al exterior. De hecho, el volumen importado de fertilizantes fue el segundo más bajo desde 2019, solo por encima del registrado en 2023, cuando la histórica sequía desplomó la actividad agrícola y redujo drásticamente el consumo de insumos.
La explicación está lejos de las fronteras argentinas. El conflicto que afectó al Estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores del comercio mundial de energía, disparó los precios del gas natural licuado (GNL), materia prima indispensable para fabricar urea, el fertilizante nitrogenado más utilizado en la producción de granos.
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A eso se sumaron problemas de oferta. India redujo temporalmente su producción de urea por falta de gas, mientras que China restringió sus exportaciones para priorizar el abastecimiento interno. Como resultado, la disponibilidad mundial cayó y los precios se dispararon.
Según la BCR, la urea llegó a valer más del doble que a comienzos de año, aunque sin alcanzar los máximos históricos observados durante la crisis provocada por la invasión rusa a Ucrania en 2022.
Los fertilizantes fosfatados también sufrieron fuertes aumentos. En este caso, la combinación de problemas logísticos y productivos en Medio Oriente encareció el azufre, un insumo esencial para su fabricación. El precio del superfosfato triple (TSP) aumentó un 39% durante el período analizado y el del DAP un 27%.
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Pero el informe aclara que, en este segmento, la presión sobre los precios ya venía de antes. Desde fines de 2025 existían restricciones de oferta, impulsadas por menores exportaciones desde China y una disponibilidad cada vez más ajustada de materias primas.
El impacto de esa escalada de precios quedó reflejado en las estadísticas argentinas. Durante el primer semestre se importaron unas 437.000 toneladas de fertilizantes nitrogenados, 767.000 toneladas de fosfatados y apenas 39.000 toneladas de potásicos. La caída más marcada se observó precisamente en la urea, el producto que más aumentó de precio.
Sin embargo, aunque ingresó menos volumen al país, la factura fue mucho más elevada. Las importaciones demandaron 1.762 millones de dólares, convirtiéndose en el segundo registro más alto de la historia para un primer semestre. El incremento obedeció casi exclusivamente al encarecimiento de los fertilizantes en el mercado internacional.
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Para dimensionar el impacto, la Bolsa realizó un ejercicio teórico: si Argentina hubiera comprado exactamente las mismas cantidades importadas este año, pero pagando los precios promedio del primer semestre de 2025, habría desembolsado 180 millones de dólares menos.
En junio, las importaciones de fertilizantes nitrogenados fueron las más bajas desde 2015 y quedaron 60% por debajo del promedio de los últimos cinco años. En el caso de los fosfatados ocurrió algo similar, ya que fue el menor volumen importado desde 2018, un 34% inferior al promedio del último lustro.
Para la BCR, buena parte de lo que ocurra durante el resto del año dependerá de la evolución del conflicto en Medio Oriente y de la normalización del comercio internacional.
Argentina importa aproximadamente la mitad de los fertilizantes nitrogenados que consume y cerca del 80% de los fosfatados. Además, tres cuartas partes de las compras de nitrogenados suelen concentrarse en el segundo semestre, cuando comienza el abastecimiento para la siembra de maíz y soja.
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Llegó la factura desde Medio Oriente: Argentina pagó 180 millones de dólares más por importar fertilizantes en apenas seis meses
Fuente: Bichos de Campo