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Qué fue de la vida de Jane Badler, la villana más odiada y amada de los 80
Fue una apuesta fuerte. Podía salir mal y desatar las burlas del mundo eterno o salir bien, y convertirse en una de las escenas televisivas más icónicas de los años ochenta. Lo primero fue construir un maniquí a su imagen y semejanza para las pruebas. Y al fin llegó el momento de la verdad: una máscara cubre toda su cara y tres hombres agazapados fuera de plano bombean aire a mano dentro de un cuello falso para que la garganta se mueva como corresponde. La escena, claro, incluye un cobayo vivo. Y Jane Badler tiene que hacer creer que se lo está tragando mientras interpreta a Diana, la comandante alienígena de V: Invasión Extraterrestre. “El primer día ya me hicieron una máscara que cubría mi cabeza entera. ¡Es algo aterrador, porque te cubre toda la cara y te da muchísimo miedo! La rata es real, pero es el sacrificio que hay que hacer por la profesión, comerse animales de verdad; yo soy una actriz de método", ironizó hace un tiempo, al recordar aquel momento icónico.La escena tardó dos días enteros de rodaje. Décadas después, sigue siendo lo primero que cualquiera recuerda de ella. Y lejos de incomodarla, se convirtió en su chiste favorito: “Me encanta comer ratones”, repite cada vez que se lo preguntan. Porque eso es lo otro que hay que saber de Badler: no le molesta para nada ser recordada como la villana más villana. Sencillamente, ama que así sea.De reina de belleza a lagartoNació el 31 de diciembre de 1953 en Brooklyn y tuvo una infancia de mudanzas constantes, hasta que a los 18 años un accidente aéreo se llevó a su padre y a uno de sus tres hermanos el mismo día. Y a pesar de ser uno de los golpes más fuertes que recibió en su vida, no es un dato que exhiba con frecuencia. Y si lo hace, no se detiene demasiado; lo incluye en una seguidilla de tragedias y de hechos fortuitos entremezclados con los que relata sus primeros años.Antes de convertirse en actriz fue reina de belleza: la coronaron Miss New Hampshire y compitió por el título de Miss Estados Unidos en 1973. A los 18 años, había vuelto a Nueva York, pero esta vez, sin el amparo de su familia. “Siempre quise ser actriz desde que tengo memoria. Cuando logré entrar en una de las mejores universidades de teatro de los Estados Unidos supe que iba a ser el trabajo de mi vida. Fue embriagante la primera vez que subí a un escenario cuando era una adolescente”, rememoró en una entrevista. Sin embargo, también reconoció que aquellos primeros años en la gran ciudad no fueron fáciles: “No conocía a nadie y no tenía dinero, pero yo estaba muy decidida. El talento es importante, pero hay muchas otras cualidades que están a la altura, y la determinación es una de ellas”.Como pasó con muchas colegas, como Lynda Carter o incluso Marilyn Monroe, encontró en la publicidad una alternativa para ganarse la vida mientras soñaba con las pantallas y los escenarios. De las gráficas pasó a la tele, con un comercial de American Airlines. Y cuando su rostro ya resultaba algo conocido, desembarcó al fin en dos de los programas diurnos más vistos de aquellos años: primero, trabajó en la telenovela One Life to Live y luego en The Doctors, donde compartió elenco con un jovencísimo Alec Baldwin. De esos años se llevó, según explicó más de una vez, un entrenamiento de fuerza bruta actoral: aprender diálogos larguísimos de un día para el otro, por más inverosímiles y faltos de lógica que le resultaran. Por eso, cuando tuvo su gran oportunidad, logró lucirse. El guion de V: Invasión Extraterrestre llegó a sus manos cuando el rodaje ya había empezado. Cientos de actrices habían audicionado para el papel de Diana y ninguna había convendido a los productores. Pero alguien pensó en ella y la convocaron con premura. Leyó sus líneas frente al creador Kenneth Johnson -responsable de éxitos como El increíble Hulk y La mujer biónica- y a una decena de ejecutivos con una enorme convicción, a pesar de que el escenario de aquel casting no se parecía en nada a la nave nodriza que se convertiría en el habitat natural de Diana durante toda la serie. Faltaban décadas para que estallara el movimiento #MeToo y a nadie parecía resultarle desubicado citar a una actriz en la suite de un hotel. Esa misma noche encontró una nota deslizada bajo la puerta de su habitación: debía presentarse a la mañana siguiente en el sector de efectos especiales y prótesis, un lugar que fecuentaría durante tres años. El éxito de su vidaLa serie cruzaba la novela de los años 30 It Can’t Happen Here, de Sinclair Lewis -una distopía sobre la consolidación de un régimen autoritario en los Estados Unidos- con la llegada de extraterrestres que parecían pacíficos y ofrecían ayuda tecnológica, pero que detrás de su imagen benéfica escondían planes de conquista y una apariencia reptiliana. En 1983 se emitió con formato de miniserie, y ese es el tramo que mejores críticas recibió. Después, se convirtió en programa semanal y si bien la historia se volvió menos profunda, los televidentes siguieron acompañándola. Tanto, que se transformó en fenómeno mundial. Llegó a ser vista por 33 millones de estadounidenses y en la Argentina, en su primera emisión, alcanzó picos de 40 puntos de rating, algo que hoy parece más increíble que ver a una actriz comiendo una rata viva. Si la historia mostraba la lucha encarnizada entre los humanos conscientes del engaño y los extraterrestres, el clima detrás de cámara era bastante más distendido. Badler terminó haciéndose muy amiga de June Chadwick, la actriz que interpretaba a Lydia, su gran rival dentro de la flota extraterrestre. Compartían largas jornadas de grabación, jugaban al tenis cuando el rodaje lo permitía y, con los años, siguieron en contacto. Al recordar aquellas escenas de enfrentamientos constantes, Badler confesó que muchas veces apenas podían contener la risa: “No nos tomábamos todo tan en serio. Era muy divertido. Era un gran trabajo al que ir todos los días”.También trabó una buena relación con Marc Singer (Mike Donovan en la ficción), el héroe de la historia, aunque sus personajes pasaran buena parte del tiempo intentando destruirse mutuamente. “Pasaba el rato con June, que se convirtió en una buena amiga; observaba el increíble físico de Marc cuando hacía las escenas arriesgadas”, recordó alguna vez con humor. Décadas más tarde, ambos volverían a compartir escenas en la poco feliz remake de V, donde, según contó, casi siempre coincidían “en maquillaje o en el bar del hotel”.Un amor en AustraliaEl enorme éxito de V - Invasión extraterrestre tuvo un precio. Durante años, para millones de espectadores Jane Badler dejó de ser Jane Badler y pasó a ser, simplemente, Diana. Nunca renegó del personaje, pero sí del encasillamiento que produjo: “El personaje ha significado mucho, muchísimo para mí, pero tuvo implicancias no tan buenas. Me abrió muchas puertas, pero también es cierto que está tan presente que me resulta muy difícil que la gente sepa que he hecho muchísimas otras cosas desde entonces”.La salida llegó casi por casualidad. En 1989 viajó a Melbourne para participar del regreso televisivo de Misión: Imposible. Apenas llevaba dos semanas en Australia cuando conoció al empresario Stephen Haines. “Me presentaron a un joven muy apuesto del que me enamoré perdidamente. Así que aquí estoy, más de 30 años después”, recordó.Se casaron en 1990 y Australia terminó convirtiéndose en su nuevo hogar. Allí reconstruyó su carrera prácticamente desde cero: teatro, televisión local, papeles pequeños y un circuito artístico muy diferente del de Hollywood. “Fue como empezar de nuevo como actriz. Acabé haciendo obras de teatro, cosas pequeñas y algunas con muy poca gente. Fue difícil, pero bueno para mí”, explicó.Nunca sintió, sin embargo, que la distancia la aislara del resto del mundo. “Aquí hay una industria pequeña, pero trabajo en todas partes: España, París, Estados Unidos... Aunque esté muy lejos y tarde muchísimo en llegar, viajo a donde haga falta”, remarcó.Su otra pasiónBadler tiene, además de la actuación, otra pasión que ocupa un lugar importante en su vida desde siempre. “Me encanta que todo el mundo me pregunte por la música, porque es una parte importante de mi vida y siempre he cantado”, festeja cuando algún entrevistador está enterado de esa otra faceta. De adolescente, integró la banda The Versatiles, pero recién instalada en Australia decidió convertir su amor en una segunda profesión, y lo hizo con la misma seriedad con la que encara la actuación. Primero cantó en pequeños clubes de jazz y cabaret. Después llegaron los discos, las giras y una identidad artística propia que terminó alejándose del jazz para abrazar un pop electrónico oscuro, sofisticado e irónico.Badler no se limita a cantar. Escribe, produce y protagoniza sus propios videoclips, donde interpreta personajes tan extravagantes como los que encarnó en televisión, como por ejemplo una mujer obsesionada con la cirugía estética que se cree la reina de un baile de robots. “Soy un poco loca y me encanta hacer papeles en estos videos. Me gusta plasmar en ellos mi creatividad y fantasías”, explicó al respecto.Para ella no existe una frontera entre ambas profesiones: “Adoro ser actriz, adoro ser cantante, ser creativa y producir. Creo que soy afortunada de poder hacer cosas distintas. Eso evita que la vida sea aburrida”.Volver a ser DianaCuando en 2011 ABC anunció el regreso de V, Badler sintió que la historia todavía no había terminado. Aunque nadie dudaba de que Diana le pertenecía, tuvo que volver a hacer una prueba de cámara. “Pensé que tenía que formar parte de alguna manera”, contó. Viajó especialmente desde Australia para reunirse con los productores y terminó audicionando como cualquier otra actriz.El personaje también había cambiado. “Es más mayor, más sabia y menos impaciente, pero sigue siendo igual de implacable y ambiciosa”, explicó sobre esa nueva Diana, que ahora estaba enfrentada a su propia hija, Anna (Morena Baccarin).La experiencia, sin embargo, la dejó con sentimientos encontrados. Valoró haber podido reenco
Fuente: La Nación