Economía
El negocio del carbón en Río Turbio genera $0,25 de ingresos propios por cada $100 que subsidia el Tesoro
La noticia formal es que el Ministerio de Economía aprobó el Plan de Acción y Presupuesto 2026 de Yacimiento Carbonífero de Río Turbio y de los Servicios Ferroportuarios con Terminales en Punta Loyola y Río Gallegos. Pero a poco de leer la resolución, lo que surge es que la mina de carbón más grande de la Argentina llegó a un momento inédito respecto de la dependencia del dinero del Estado.Con una planta que ronda los 1990 empleados —de los cuales 1810 son obreros de mina y maestranza—, Yacimiento Carbonífero de Río Turbio apenas logra cubrir el 0,25% de lo que necesita para funcionar con la venta de su propio carbón. La cuenta es así de cruda: $342.598.047 de ingreso genuino contra $135.000.000.000 que pone el Tesoro Nacional. Casi 2000 personas trabajando full time en la mina, la usina, el ferrocarril y el puerto, y el resultado comercial de todo ese aparato productivo equivale a 25 centavos de cada 100 pesos que la empresa necesita para pagar sus propios sueldos. El otro 99,75% lo aporta la Nación, con un subsidio directo que, más que nunca, reemplazó al carbón como combustible de subsistencia del yacimiento. Apenas una moneda.La resolución 1233/2026 es un trámite administrativo de rutina, de esos que pasan sin ruido por el Boletín Oficial y que se publican todos los años. Pero los dos anexos que la acompañan retratan, en números, una empresa pública que sigue funcionando casi enteramente a costa del Tesoro Nacional, sin un plan de inversión que revierta esa dependencia y con uno de sus activos más caros —una central térmica de 240 megavatios— apagada desde diciembre de 2023.Justamente, la central térmica a carbón, que en teoría le devolvería la vida y la demanda a la mina, prácticamente no figura en los planes de la minera. En el Anexo I (Plan de Acción), que es el único documento con texto descriptivo, la Central Termoeléctrica aparece una sola vez, en una única oración: “La Central Termoeléctrica Termoeléctrica Río Turbio de 240 megavatios por hora (CTRT) se encuentra inactiva desde diciembre de 2023, y sólo se realizan mantenimientos preventivos para asegurar su operatividad futura.”Eso es todo lo que dice el expediente completo sobre el activo de generación eléctrica más grande de la empresa. Sin embargo, pese a tener esa enorme central, la resolución se detiene en una vieja usina Skoda de 21 MWh. Es la contracara: tiene mucho menos potencia, funciona, y el propio Plan de Acción la describe con mucho más detalle que a su hermana grande. “Es la unidad que sostiene la operación diaria: alimenta mina, planta depuradora, talleres y el resto de las instalaciones de la empresa. Produce entre cuatro y cinco MWh de los 21 MWh de capacidad instalada —es decir, trabaja apenas entre el 19% y el 24% de su potencia máxima—. El excedente que no usa la propia empresa se vende a la eléctrica provincial Servicios Públicos S.E., generando ingresos cercanos a los $50 millones, unos US$33.500 al cambio actual”.La CTRT entró en funcionamiento en julio de 2022, con sincronización al Sistema Argentino de Interconexión como “hito histórico para la cuenca”. Antes había sido encendida en la época de la campaña presidencial de 2015, un acto que Cristina Kirchner no quiso perderse de hacer antes de dejar el poder. Pero para ese momento no estaba terminada del todo y se destrozaron partes importantes por el calor. Se fundieron estructuras y la reparación jamás avanzó. Un mes y medio después, el 30 de noviembre de 2015, la usina dejó de funcionar directamente por falta del combustible que necesitaba para operar. Todo quedó prácticamente cerrado desde entonces, con pequeñas tareas de mantenimiento. El kirchnerismo invirtió sumas millonarias en aquel proyecto, pero jamás se terminó. La Central Termoeléctrica Río Turbio no nació como un capricho: fue el proyecto insignia de Julio De Vido, que en 2006 anunció una usina de 240 megavatios con un objetivo doble —generar energía y crear demanda cautiva para el carbón de la mina, prometiendo 1400 puestos de trabajo en el proceso. Fue la central termoeléctrica más grande del país, levantada a metros de la mina estatal y diseñada para funcionar únicamente a base de ese mineral, en momentos en que ya arrastraba sobrecostos y demoras. El gobierno de Macri heredó ese elefante blanco y, tras meses de estudio, decidió terminarlo: el Ministerio de Energía de entonces confirmó en 2016 que había una negociación en marcha con la constructora. La cifra de inversión pasaba ya los 1200 millones de dólares en aquel rincón patagónico. Pero tampoco durante la gestión de Cambiemos se avanzó en una solución para el tema. Todo quedó parado, víctima del ajuste de los dos últimos años de esa administración, además de la resistencia respecto de un proyecto que consideraban inviable.Para 2018, los directivos de la constructora Isolux estaban presos o procesados en la causa Cuadernos después de que reconocieran que entregaban millones de dólares de coimas. De Vido jamás salió del pantano judicial en el que entró y su ladero en Río Turbio, Roberto Baratta, quedó en medio de las anotaciones de su chofer, Roberto Baratta. Con Alberto Fernández hubo una novedad: el interventor fue, al principio, Aníbal Fernández, un político bonaerense con inexistente experiencia en el carbón, más allá de los asados. Como se dijo, recién en julio de 2022 la CTRT logró, por primera vez, sincronizarse de forma estable al Sistema Argentino de Interconexión con un mínimo despacho de energía. Duró poco. El presupuesto 2026 que acaba de firmar Caputo le dedica a todo ese historial una sola oración de 40 palabras: “Sólo se realizan mantenimientos preventivos para asegurar su operatividad futura”.Apenas una monedaEl artículo 2° de la resolución es el que mejor resume la ecuación. Estima los ingresos de operación de YCRT —es decir, lo que la empresa factura por vender carbón y energía— en $342.598.047 para todo 2026. Al cambio mayorista de esta semana ($1496), son apenas US$229.000.Contra eso, fija los gastos de operación en $128.104.171.989, unos US$85,6 millones. La diferencia entre ambos números —una pérdida operativa de $127.761.573.942, o US$85,4 millones— es lo que el Estado tiene que poner para que la empresa mantenga su funcionamiento.Es un maquillaje contable clásico: la transferencia del Tesoro se contabiliza como ingreso corriente, se mezcla con la venta de carbón y energía, y el resultado que queda arriba de la línea es positivo. Pero si se aísla lo que la empresa genera por su propia actividad productiva contra lo que recibe de subsidio.La cuenta es brutal y jamás llegó a tal extremo: por cada 100 pesos que pone el Tesoro para sostener a Río Turbio, la empresa genera 25 centavos de ingreso propio. Apenas una moneda.
Fuente: La Nación