A medida: con una reforma integraron la cocina, ganaron un comedor diario y pudieron aprovechar la luz de un piso 11

Mamás del colegio y vecinas a cuatro cuadras de distancia, la dueña de casa convocó a la arquitecta Cielo Pipkin apenas compró el departamento. Con un presupuesto ajustado a sus ahorros, el proyecto avanzó a paso firme, cruzando ideas entre las salidas escolares y las visitas a la obra. Nos dieron la confianza total para diseñar cada centímetro y el edificio, con accesos súper prácticos, hizo que todo el proceso fuera un placer.Arq. Cielo Pipkin, a cargo de la reformaCambio de planes: tirar paredes a tiempoEn el planteo inicial, la premisa de los dueños era ajustada: no querían tirar paredes. El punto de inflexión llegó cuando la familia visitó a un vecino del edificio que había demolido la división para ganar metros en la cocina.“Nosotras sabíamos que era el camino correcto para ganar metros, así que rehicimos todo el proyecto y los planos en tiempo récord para arrancar la obra sumando ese comedor diario que tanto necesitaban”Ganar el balcón e integrar el lavadero Originalmente, la cocina estaba confinada por una puerta ventana que la separaba de un balcón estrecho y el cerramiento exterior pegado a la fachada de parasoles. Ese espacio residual funcionaba como un lavadero incómodo, casi desconectado de la dinámica diaria de la casa.“Demolimos la carpintería intermedia para anexar ese espacio a la cocina. Ella se imaginaba el lavadero como un lugar de encuentro donde la familia convive de manera natural, ya sea preparando el desayuno, cocinando o doblando la ropa”, cuenta la arquitecta. Para hacer posible esa vivencia compartida, se diseñó un rincón de comedor diario con un banco corrido y una mesa a medida que hoy se convirtió en el espacio más usado de la casa. La clave para que conviviera con el lavadero sin generar desorden visual estuvo en la trastienda del mobiliario. “Delimitamos la zona del lavadero justo detrás del respaldo del banco mediante una estantería divisoria abierta. Ese mueble exento oculta la tabla de planchar y el espacio para tender la ropa; así armamos un lavadero integrado, abierto y súper funcional que se percibe siempre impecable”.La figura del cuadrado como hilo conductor“El dibujito en el revestimiento del balcón fue el punto de partida. Nos pareció divertido tomar la figura del cuadrado y empezar a replicarla en los revestimientos del piso, las paredes, en los muebles y los textiles. Todo el proyecto se estructuró a partir de esa geometría”, explica Pipkin.En paralelo, la fachada del edificio presentaba un elemento distintivo que al principio generaba dudas en la familia, pero que terminó convirtiéndose en un recurso escenográfico clave.“La fachada con parasoles les parecía fea y sentían que tapaba la vista. Logramos revertir esa idea y sacarle provecho: los pintamos y descubrimos que el sol entrando a través de ellos proyecta un juego de luces y sombras increíble”Recorrido a medida El recorrido arranca al ingresar, con heladera y área de lavado a la derecha, y a la izquierda el área de cocción, que integra el anafe, el horno y una campana.“El microondas siempre es difícil de ubicar: arriba de la mesada choca la cabeza o queda demasiado alto. Por eso nos gusta destinarle una columna propia que le da la profundidad justa sin entorpecer el paso”Un último módulo vertical oculta la caldera desplazada al antiguo balcón y suma un escobero y un espacio a medida para guardar el tender vertical. “Cuando no hay ropa secándose, el lavadero desaparece y la cocina queda impecable”, asegura la arquitecta.Paleta noble y materiales con textura “Las opciones más lindas y logradas para salir de lo convencional, en melamina, suelen ser el verde o el azul; ellos prefirieron ir por el verde”, cuenta la arquitecta. La combinación de esa melamina con el porcelanato que eligieron para el piso definió la paleta en verde, madera y gris con acentos en ocre y mostaza.Por tratarse de un presupuesto acotado eligieron materiales poco lujosos: melamina y porcelanatos. La aplicación y buenas elecciones de diseño son las que hacen la diferencia.Detalles que hacen la diferenciaEl banco flotante: El banquito del comedor diario cuenta con cajones de guardado inferiores y una banquina de 15 cm igualada a los zócalos de todo el departamento, creando la ilusión visual de que el volumen flota sobre el suelo.Transparencia y ligereza: En lugar de recargar el muro perimetral con alacenas pesadas, se colocaron estantes flotantes para enfatizar la entrada de luz natural y mantener limpia la vista despejada hacia la ciudad.Trama resaltada: En guiño a los cuadraditos originales del balcón, la alzada se revistió con azulejos cuadrados tomados con una pastina en tono contrastante. Esta decisión dibuja la retícula geométrica con fuerza y evita que el revestimiento quede lavado.

Fuente: La Nación