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Mario Firmenich: terrorista internacional sin orden de captura
Mario Firmenich acaba de publicar un libro donde recuerda los orígenes católicos de su movimiento. Su relato termina justo antes de que ese movimiento se transformara en la más vasta y sanguinaria organización terrorista del continente. Según puede leerse de la sentencia de la causa 13/84 de la Cámara Federal que condenó a los comandantes de las Fuerzas Armadas, la organización Montoneros fue responsable de la mayor cantidad de los más de 21.000 atentados llevados a cabo en nuestro país por la guerrilla, entre asesinatos, secuestros, tomas de comisarías y cuarteles. De esos crímenes, 5215 corresponden a la colocación de artefactos explosivos en diferentes lugares públicos.La huella de muerte, dolor y desconsuelo que dejó su organización en la Argentina rivaliza con el derrotero internacional que llevó a cabo desde que se refugió en el cómodo exilio socialista, respaldado por los más de 70 millones de dólares obtenidos por los secuestros y extorsiones a empresarios en nuestro país. Fue en Cuba donde su organización depositó la mayor parte de ese escandaloso botín que generaría la admiración de sus pares en la Organización Latinoamericana de Solidaridad, creada por ese país con el objetivo de promover la lucha armada para el establecimiento de Estados socialistas en América Latina. Sus miembros participaron con apoyo soviético en la casi totalidad de los países de la región y asistieron a cumbres internacionales con representantes de otras organizaciones terroristas como el (Ejército Republicano Irlandés (IRA), las Brigadas Rojas, ETA o el Khmer Rouge. Firmenich y su organización financiaron, entre otros, al Frente Sandinista nicaragüense, entonces al mando de Daniel Ortega, el mismo que, como titular del Poder Ejecutivo de ese país, acaba de suprimir “para siempre” las elecciones democráticas, al tiempo que mantiene encarcelados a sus opositores y persigue toda expresión de libertad. La ayuda que le brindó Firmenich fue retribuida por el dictador nombrándolo asesor de Planificación, rentado por su siniestro régimen.Más oscura aún resulta la vinculación de Montoneros con las organizaciones proiraníes del terrorismo fundamentalista islámico, relaciones que mantiene hasta el presente. Su origen se remonta a 1977 cuando Firmenich y Fernando Vaca Narvaja celebraron un acuerdo con Yasser Arafat y Faruk Kadummi líderes de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), para la provisión y manejo de una fábrica de explosivos hexógenos, de reducidas dimensiones, ideal para su funcionamiento en la clandestinidad. La OLP, a través de su facción interna Al Fatah, ofrecería a cambio campos de entrenamiento para jóvenes argentinos que se sumaron a la “revolución socialista”, instructores militares y armamento. Una de esas facciones, conocida como “los iraníes”, que formaría el Partido de Dios (Hezbollhá), combatía con el pelotón que comandaba Rodolfo Galimberti, uno de los líderes de Montoneros. Los argentinos que se entrenaban en la base de Damour, contaban con el acompañamiento de un capellán montonero, el sacerdote católico argentino Jorge Adur. Los explosivos allí fabricados fueron utilizados en varios atentados internacionales. Entre ellos, el del 18 de abril de 1983 en la embajada de Estados Unidos en Beirut, embestida por un camión con 900 kilos de esos explosivos plásticos que dejó 63 víctimas fatales. El 23 de octubre de ese año esos mismos explosivos, cargados en vehículos, produjeron los ataques a los cuarteles de las fuerzas internacionales norteamericanas, de Italia, Francia y del Reino Unido en la misma ciudad, dejando más de 300 marines y efectivos franceses muertos.Eduardo Luis Duhalde alcanzó el grado de oficial montonero y llevó como nombre de guerra Demián. Editaba la revista Militancia peronista para la Liberación, uno de cuyos títulos era “Apoyo a los leales. Amasijo a los traidores”. Y, en una sección llamada “Cárcel del pueblo” (el mismo nombre que los terroristas ponían a los lugares donde retenían, torturaban y asesinaban a sus víctimas), condenaba a hombres que luego iban a ser asesinados. Así ocurrió con Arturo Mor Roig, político radical y ministro del Interior del gobierno del general Alejandro Lanusse; con el sacerdote Carlos Mugica y con José Ignacio Rucci. Duhalde es el mismo que ocupó el cargo de secretario de Derechos Humanos de la Nación durante el gobierno de Néstor y Cristina Kirchner. Su revista destacaba la ejemplaridad de las acciones de la organización terrorista islámica “Septiembre Negro”, una de las más sanguinarias de la época y autora del asesinato de 11 deportistas israelíes en los Juegos Olímpicos de Munich de 1972. Precisamente con ese nombre, la organización Montoneros bautizó los operativos de atentados que llevaron a cabo en septiembre de 1973 y que culminaron con el asesinato de Rucci. Patricia Walsh, hija de Rodolfo, miembro del aparato de inteligencia de Montoneros, es una de las imputadas por su responsabilidad en el terrible atentado al comedor de la Superintendencia de Seguridad Federal el 2 de julio de 1976, en el que Montoneros dejó, a través de una bomba, 23 muertos y más de cien heridos y mutilados. Es la autora como diputada del proyecto que Néstor Kirchner envió al Congreso para que se dispusiera la “nulidad” de las leyes de punto final y obediencia debida, sancionadas a instancias del presidente Alfonsín para cerrar las heridas de los 70. El punto final, obviamente, solo benefició a los terroristas, no a los militares, policías y civiles que los combatieron o juzgaron. La historia de Firmenich es el triunfo de la violencia, del cinismo, de la corrupción y la impunidad, algo que no puede sorprender a quienes vivimos en un país que aún aguarda que se haga justicia.
Fuente: La Nación