“El que dice que no funciona, tampoco lo ha probado”: Dos agrónomos alquilaron uno de los peores campos salinos de su zona, recuperaron el suelo en 6 años y demostraron de qué es capaz la tecnología

Convencidos de que la tecnología que ofrecen es muy efectiva para recuperar suelos degradados, dos ingenieros agrónomos decidieron alquilar un campo, calzarse los zapatos de productores y mostrar, en la práctica, un caso extremo.
Así se resume el trabajo de Germán Bianchini y Maximiliano Gerlero, quienes pusieron a prueba la nanotecnología aplicada a fertilizantes y enmiendas y, en un lapso de seis años, lograron que un lote con suelos salinos y muy castigados, únicamente utilizado para ganadería, fuera apto para la agricultura y exhibiera una visible mejora de sus variables.
Tras un largo proceso de documentación, análisis y evaluación, los responsables de la firma Agrotech Suelos volcaron sus conclusiones en un trabajo y detallaron a Bichos de Campo los aspectos que más los sorprendieron.

Para hacerlo, eligieron un lote de 50 hectáreas en la localidad de Morigote, ubicada a 90 kilómetros al norte de Rafaela, en Santa Fe. “Nos pusimos de la vereda del frente y trabajamos como productores. Alquilamos un campo con uno de los peores suelos de nuestra zona, porque si demostrábamos que esto funciona, está claro que puede servir para los mejores campos”, explicó Germán.
El panorama con el que se encontraron era de claras limitantes: conductividad eléctrica elevada, alto porcentaje de sodio y ph fuertemente alcalino, junto con una capa subsuperficial compactada. Todas condiciones que con nanotecnología y paciencia, lograron revertir en seis campañas.
El objetivo de fondo de su programa era, de mínima, lograr que el lote soportara una mayor carga animal. Y si tenían buenos resultados, intercalar cultivos de cosecha, impensados hasta entonces.

La clave de su experiencia es que lograron una reconversión inesperada con un tipo de insumo que aún no se usa a gran escala. “En este rubro generalmente no se cuestiona lo que se conoce, sino lo que no se conoce, y lo cierto es que demostramos que los fertilizantes y enmiendas de nanopartículas tienen muchas ventajas”, expresó Bianchini.
Y agregó: “Hay muchos productores, asesores y profesionales que dicen que no funciona. El problema es que la gente que dice que no funciona tampoco lo ha probado, ahí creo que está el problema”.
La tecnología, en realidad, no difiere demasiado de la convencional. Se trata del mismo yeso, urea o fosfato, pero con un tratamiento de baja dosis, menor tamaño de partícula y mayor superficie de contacto, lo que permite ser más eficiente, más sustentable y lograr resultados en menor tiempo.
Justamente, en un sector que hoy arroja márgenes muy acotados y que, a modo de respuesta, suele recortar la inversión en nutrición e insumos que hacen a la salud del suelo.

Cuando ingresaron al lote, los agrónomos se encontraron con que tenía tacurúes -montículos de tierra muy firmes formados por hormigas- de más de 15 años y una población grande de chilca y algarrobo. “Un suelo que dice, sin metáforas, que ahí no se puede sembrar”, describieron.
En ese sentido, tras emparejarlo y hacer los análisis pertinentes, lo primero que hicieron fue probar las enmiendas con nanopartículas. “Hubiéramos tenido que aplicar yeso a gran escala con una boleadora, lo que implica grandes costos logísticos y dependencia del clima. Todos factores que evitamos con esta tecnología”, explicó Bianchini.
Se trata, básicamente, de yeso líquido que se aplica con una pulverizadora convencional, lo que elimina el costo del flete y acopio de toneladas de piedra, la dependencia climática, y logra además corregir los suelos de la misma forma “en menor tiempo que una enmienda tradicional”.




Gracias al trabajo con calcio, lograron que el sodio bajara del 32% al 15% en seis años. Pero al “ataque” químico inicial lo acompañaron también con un trabajo físico, para lo cual incorporaron a la rotación al sorgo y girasol, cultivos que se sabe efectivos para incrementar la materia orgánica al suelo. Recién al final del ciclo produjeron soja.
Todo ello, acompañado por la fertilización con nanotecnología, que, afirmaron, permite aplicar varios nutrientes al mismo tiempo sin redundar en mayores costos. Precisamente en una época en que la reposición muestra siempre números en rojo.
“El suelo es una caja de ahorro y estamos siempre en menos diez. Si el productor no adopta la fertilización tradicional porque no es rentable u operativamente no es funcional, hay que buscar algo que sí lo sea, y este es el ejemplo”, afirmó el agrónomo santafesino.
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Tras seis campañas de análisis y documentación, los especialistas dicen orgullosamente haber logrado el proceso de reconversión productiva, de uso ganadero a agrícola, con creces. Fueron cambios paulatinos y lentos, pero no por eso menos efectivos, y así resumen los principales resultados obtenidos:

La conductividad eléctrica (CE) descendió de 0,90 a 0,296 dS/m, una reducción del 67%.
El sodio intercambiable bajó de 32 % a 15 % de la CIC, mientras que el calcio subió de 46% a 54 %.
La relación entre socio y magnesio se estabilizó en un rango más favorable (de 5,23 a 4,65).
El ph (acidez) disminuyó de 8,37 a 7,28, saliendo del rango fuertemente alcalino.
El fósforo disponible aumentó de 29,9 a 40,5 ppm y el nitrógeno de nitratos (0-20 cm) de 3,2 a 10,4 ppm.
La materia orgánica creció de 2,15 % a 2,58 %.
El pico de compactación subsuperficial detectado en 2024 (hasta 3,3 MPa entre 7 y 21 cm) prácticamente desapareció en la medición de 2026 (máximo 1,9 MPa en todo el perfil de 0-40 cm).


“Queremos transmitir que hay otras alternativas para hacer, que hay otra mirada y que el productor se tiene que animar a probar”, expresó Bianchini, que, igualmente, reconoce la dificultad que reviste la situación económica del sector.
“El problema es que el cortoplacismo que tiene el productor no va de la mano con el cambio que necesita el suelo. Esa es la realidad. Hoy hay que ser empresario para producir, pero hay muchos productores y pocos empresarios”, concluyó, confiado de que, paulatinamente, experiencias como la suya ayudarán a revertirlo.

Fuente: Bichos de Campo