Anamá Ferreira: lo que aprendió de chica, su boda con un marqués y la felicidad por la llegada de su primera nieta: “¡Es una locura!”

Un día de carnaval de 1976 subió sola a un micro en Campobello, una ciudad de Minas Gerais, al sudoeste de Brasil, y se bajó en Buenos Aires. Venía de paso y traía una valija, sus sueños de triunfar en las pasarelas de París y su belleza absolutamente exótica para el Río de la Plata. Pero a Anamá Ferreira –había dejado atrás a su familia y una carrera de Derecho sin terminar– nunca la asustaron los desafíos, y aunque las cosas no salieron como ella esperaba, fue la hacedora de su destino, que estaba atado a Buenos Aires. Aquí se enamoró, hizo amigos, trabajó hasta convertirse en una de las modelos más famosas de su generación, fue mamá de Taina, se animó a la televisión –que la convirtió en una mujer muy popular–, abrió una escuela de modelos con su nombre y ahora es la flamante abuela de Amalia, que vino a colmar de felicidad su vida. Cariñosa, cercana, frontal, coqueta –no quiere revelar su edad– y dueña de un gran sentido del humor, Anamá es pura energía, proyectos y planes. De todo eso y más habló con ¡HOLA! Argentina en una entrevista que la muestra en toda su singularidad.–¿Por qué dejaste tu país para venir a la Argentina?–Vine por diez días, porque me iba a París a trabajar, tenía pasaje y todo… era la época en que todas las modelos iban a París y estaban de moda las negras, como Iman. Llegué acá, conocí gente, de a poco empecé a trabajar y me fui quedando. Pensé: “Bueno, estoy más cerca de Brasil, de mi familia, si quiero volver es más fácil”. Y se fue dando como una cadena de favores maravillosa en la que una cosa llevó a la otra, y cuando me quise acordar, estaba en todos los desfiles, en todas las revistas, en todos lados. Yo era una rareza, era la exótica, la diferente.–¿Te costó adaptarte?–No, para nada, yo me adapto a todo rápido. Y además enseguida hice amigos.–¿Cómo es tu relación con tu hija?–Tenemos muy buena relación. Por ahí chocamos con pavadas, como cualquier madre e hija, pero no hay conflictos. Nos decimos las cosas: si me enojo por algo, se lo digo, y ella también. Yo soy más lanzada, más popular, y ella es más cuidadosa. Con las redes, por ejemplo, yo publico todo y Taina se resguarda. Compartimos el gusto por viajar, por la ropa, por disfrutar. Tengo un guardarropa enorme, y ella viene y se lleva lo que quiere, lo que le gusta, y a mí me encanta eso. –¿Cómo la educaste?–Invertí mucho en su educación, que para mí es lo más importante. Yo les decía a mis compañeras modelos: “Ustedes invierten en ropa o van a Disney, yo prefiero invertir en educación”. Cuando terminó el colegio, la llevé a Londres a perfeccionar su inglés en Cambridge, y en el examen sacó un 9. ¡Yo lloraba por la calle de la emoción! Taina siempre fue buena alumna, estudiosa y responsable, es un orgullo para mí. Y en eso, fui como mi mamá conmigo: “Hay que estudiar”. Yo estudié Abogacía. No me recibí porque empecé con la moda y dejé la carrera, pero me falta un año para ser abogada. Siempre creí que los beneficios de una buena educación iban a ser para ella, para su futuro, no para mí.–Hace pocos días nació Amalia, tu primera nieta. ¿Estás feliz?–¡Sí, estoy feliz! Además, abuela de una nena... ¡una locura! Pero viví con muchos nervios el embarazo de mi hija, porque a mí me costó mucho quedar embarazada, así que tenía miles de miedos… Pero ella lo llevó muy bien, porque es disciplinada, obediente y tiene una vida sana. Si el médico le decía “Tenés que comer tal cosa”, lo comía, “Tenés que descansar”, descansaba. Igual, yo no veía la hora de que naciera. La llamaba a la mañana, al mediodía, a la tarde y a la noche. Hasta que un día Taina me dijo: “Mamá, basta, estás muy intensa”. [Se ríe]. Soy una madre dramática, no lo puedo negar. –¿Cómo viviste el momento del parto? –Yo quería estar ahí, obvio, ¡si soy la mamá de la mamá! [Se ríe]. Pero no me dejaron. Mi hija me dijo: “Mirá, mamá, cambió todo, ya no se usa más eso de estar toda la familia en el sanatorio esperando. Así que no va nadie. Vamos mi marido y yo, y después de que nazca les avisamos”. Eso fue dramático para mí, fue como un tsunami. La semana antes, se me ocurrió decirle: “Hija, estuve pensando, ¿y si voy y me quedo esperando en la confitería de la clínica, leyendo un libro? No molesto a nadie”. Y ella me volvió a decir que no. “Mamá, voy a estar pensando que estás en la cafetería y te tengo que avisar, así que no”. [Se ríe]. ¡Lo difícil que me resultó gestionar mi ansiedad! Tuve que entender que es importante respetar los deseos de ellos… son cosas que una va aprendiendo sobre la marcha y que no hace por maldad sino por amor, y por intentar protegerla. –¿Qué sentiste cuando la tuviste en brazos por primera vez?–Una alegría y una emoción que no se pueden describir con palabras. Es un amor diferente a todos, ¿no? Imaginate, ¡tener una nieta! Es como que el ciclo de la vida se va completando. Por supuesto, en mi ciudad ya todos saben que soy abuela. Todos los días me cruzo con alguien que me pregunta: “¿Y? ¿Cómo estás?”. Y qué se yo, en una nube, todavía no bajé.–¿Estás en pareja?–No, actualmente no.–¿Te gustaría?–Mmm… no sé, estuve toda mi vida en pareja, y cuando me separé la última vez, descubrí un mundo: estar sola también puede ser maravilloso y una posibilidad para divertirse. Sí me gustaría una compañía, conocer a alguien con quien tenga afinidad, que nos gusten las mismas cosas: salir, leer, bailar, viajar, disfrutar… Porque si no hay afinidad, es imposible.–Tuviste varios amores en Buenos Aires. ¿Con alguno de esos hombres te casaste?–Sí, con Alejandro Pallavicini. Era marqués: marqués de Pallavicini. Me casé y me divorcié.–¿Con el papá de tu hija no te casaste? –No, con él no [N de la R: se llama Ricardo Laurino].–Hacés mil cosas por día. ¿De dónde sacás la energía?–Me levanto a las siete de la mañana, voy a entrenar, después vuelvo a casa, me arreglo y salgo. Primero voy a Net TV, donde estoy conduciendo Gossip de lunes a viernes. Salgo de ahí y tengo más o menos 28 minutos para llegar al Abasto, donde estoy en el streaming LOVE/ST TV conduciendo el ciclo No Damos Abasto, y dos veces por semana también hago un programa de moda en Caras TV. Trabajo más que cuando tenía 20 años.–¿Cuándo descansás?–Los fines de semana. En general, me gusta quedarme en casa, que no estoy nunca, y disfrutar de mis dos perros.–¿Seguís con tu escuela de modelos?–Sí, tengo ocho escuelas. Y trato de estar, porque las chicas tienen sueños, quieren ser modelos, y yo trabajo para cumplirles ese sueño.–Tenés fama de ser de carácter fuerte. ¿Eso te trajo problemas?–Si me equivoco o meto la pata, no tengo problema en pedir disculpas. Ahora, si me hacés algo grave o muy feo, yo no perdono. No soy Dios para perdonar. Lo que pasa es que digo lo que pienso y lo que siento, y lo digo de frente, por eso para muchos soy brava. Y no es que soy brava, soy una mujer que tuvo (y tiene) que trabajar mucho para conseguir lo que quería. Nadie nunca me regaló nada. Y cuando te defendés y peleás por lo que querés, sos brava. Un día, me puse a mirar mi casa y dije: “¡Guau!... todo lo que está acá lo compré yo”. Los muebles, las cortinas, los adornos, los ladrillos… ¿y cómo hice? Trabajando y trabajando. No le debo a nadie nada. Si viajo y me ven tomando un champagne en el Ritz, es porque lo pagué. Soy negra, y de muy chica aprendí que tengo que luchar el doble que cualquier mujer hegemónica para lograr mis objetivos. Entonces, puede ser que me haya tornado brava. Soy una mujer empoderada, fuerte, que lucha, soy una negra guerrera.–¿Sos tu propia empresa?–¡Claro! Yo negocio mis propios contratos. De chica quería ser modelo, trabajar en la moda y ser conocida por eso, salir en las revistas. Todo eso quería y fui por ese objetivo, sin torcerme un milímetro en el camino y sin pisar la cabeza de nadie.–¿Extrañás Brasil? ¿Vas seguido?–Extraño. La mejor comida para mí es un arroz con porotos. Me das eso y soy feliz. Extraño la idiosincrasia brasilera, la facilidad para hablar con la gente, para ir de visita a tu casa sin avisarte. Extraño esa libertad leve de andar libre, suelta. –¿Nunca pensaste en volver?–Me agarran ganas de ir, pasar una temporada allá y volver. Quiero vivir frente al mar. Río es el paraíso para mí, una ciudad que amo y donde todo es disfrute. Llegás, te ponés un bikini, una camiseta y ¡chau! Sos feliz y nadie te mira. Amo esas playas. Cuando vamos, mi hija siempre dice que es fácil ubicarme porque tengo a todos los vendedores alrededor. [Se ríe]. Compro el pareo, la bijou, la tela esa que te envuelve y con la que te hacés quinientos vestidos, aunque después nunca la use, el queijo na brasa… Pero no puedo dejar todo lo que construí acá con tanto esfuerzo, así que podría ir por una temporada, pero siempre tengo que volver.–¿Cómo te llevás con Buenos Aires después de tantos años?–Amo Buenos Aires, es una ciudad mágica, bella y maravillosa. Buenos Aires es única. La conozco bien, de punta a punta y cada rincón. Tengo un mapa de Buenos Aires en la cabeza. Mi relación más larga es con Buenos Aires. Nos podemos enojar y pelear, pero no creo que lleguemos al divorcio.–¿Te imaginás retirada?–No creo que pueda, amo lo que hago. El objetivo es Mirtha Legrand, ella es el ejemplo a seguir. Está lúcida, espectacular, se viste, se maquilla, sale… Yo no voy ni a la puerta si no me arreglo primero. Tengo buena salud, soy positiva y trato de contagiar optimismo.Peinado: Melisa Paula Casal. Maquillaje: Claudia Elizalde

Fuente: La Nación