Florencia “Tori” Míccoli: Bosta, patines, tap y glamour en la vida de una zootecnista que intenta llevar la ciencia al campo
“Me crie en una casa en donde reinaban dos cosas: lo artístico, porque mi mamá de joven bailaba, mi papá toca la guitarra, desde chica hice todas las danzas y después de grande hice patín artístico, pero también había mucho de ciencia, con mi papá médico, mi mamá profesora de biología. Nunca fui del...
Actualmente se especializa en la nutrición de rumiantes, en particular de ovejas para carne y leche. En el camino creó Pecore Argentina, “llevando la ciencia al campo y viceversa”, algo que la desvela. “Me gusta la ciencia que mejora al agro, que se adapta y entiende al productor. No alcanza con hacer un asesoramiento sin entender el proyecto de vida del productor”, refuerza.
Entre sus hobbies, están el tap (bailó en un pub de Irlanda y en el Metro de Nueva York) y el patín (“aprendí de grande, para hacer amigas mujeres, en el trabajo y la facultad eran casi todos hombres”).
Ajústense los cinturones porque se viene una entrevista vertiginosa con todos los condimentos: botas, tacos, patines, bosta y brillos.
–Bueno, hablemos de tu infancia. Naciste y te criaste en Monte Grande, ¿qué te acordás de aquellos primeros años de vida?
-Mis primeros años de vida son geniales porque me crie en una familia de papá médico y mamá profesora de biología. Había mucha ciencia en casa. Se hablaba mucho de ciencia en la mesa. Siempre me gustó investigar, fui curiosa y agradezco a mis padres que me dejaron lo más maravilloso que es la pasión por la ciencia.
-¿Qué sensaciones te quedaron grabadas a fuego de esa época?
-El guiso de lentejas de mi abuela en Gillón. El mejor guiso de la vida. Pero sobre todo ese calorcito a hogar que tenía ella. Mi abuela se había criado en el campo, y me contaba muchas historias. Y de mi nona me acuerdo de las pastas. De hecho, guisos y pastas son mi especialidad culinaria.
-Llegó el momento de estudiar y elegiste locución. ¿Por qué? ¿Qué querías ser o hacer?
-Lo de locución viene porque de chica jugaba que tenía un programa y yo contaba historias y hacía la locución. De más grande empecé a escuchar radio, admiraba mucho a Magdalena Ruiz Guiñazú pero también Mario Pergolini. Entonces, terminé la escuela secundaria, trabajé todo el verano, junté la plata e hice el ingreso al ISER, pero no entré.
-Y después vino zootecnia.
-La carrera me encontró a mí. Mi papá me llevó a recorrer universidades, en eso paso por la Universidad de Lomas y veo gente tocando la guitarra debajo de un ombú, tomando mate. Eso me copó. Pero no sabía qué estudiar. Pedí el plan de estudios de agronomía, y me dieron también el de zootecnia. Ni sabía qué era. Cuando revisé el plan me di cuenta que las materias estaban buenísimas, me copaba la nutrición y alimentación, mucho de pasturas y genética. Y me anoté.
-En segundo año hubo algo que te cambió la vida…
-Si, hicimos una disección de rumen en anatomía, quedé enloquecida con la maquinaria del rumen. Me empezó a gustar mucho la nutrición. Y un día puntual en el campo en una práctica donde hacíamos tactos en vaquillonas. Me mandaron a tactar para detectar preñez. Meto el brazo y palpo el ternero. Me agarró una emoción que lo cuento y siento de nuevo que lo estoy viviendo. Ahí dije: ¡Quiero ser zootecnista!
-Estuviste en Irlanda, China, Estados Unidos estudiando y en congresos. ¿Qué te acordás de esa etapa en lo personal?
-Hice un mes en China, que me impactó en lo cultural. Y más allá de lo profesional, me encantó el respeto que tienen con la gente mayor. Me encantó también que tratan muy bien a la persona culturalmente diferente. China para mí superó todas las barreras. Conviví con los chicos en una residencia de estudiantes chinos.
-¿Y en Irlanda?
-Ni te cuento. Era como estar con mi familia. Yo vengo de italianos. Son bastante parecidos en muchas cosas. El día que llegué me llevaron a un pub. Había música irlandesa en vivo y yo, que tenía mis zapatos de tap me puse a bailar. Entonces fue mi oportunidad para bailar tap. Me pareció un flash.
-¿Y en Estados Unidos?
-Bailé tap en Nueva York en el Metro. Me llevé los zapatos y volviendo en el subte veo un pibe haciendo ritmos. Yo le pregunté si podía bailar. Fue fantástico.
–En 2018 empezaste a desarrollar una técnica innovadora. Contame en lenguaje sencillo, qué es y para qué sirve.
-En 2018 se nos ocurrió con la médica veterinaria del INTA, Roxana Galarza, meter una camarita dentro del rumen para sacar muestras que mejoren un análisis. Logramos caracterizar muy bien las bacterias del rumen pero también las productoras de metano. Esa técnica, llamada “Rumen Sampler MG” fue elegida en 2024 como paper del mes por una revista de alto impacto JDS Communicatios.
-¿Para qué sirve esto en palabras simples?
-Mirá, tradicionalmente los estudios de rumen se hacen con animales con cánulas, que tienen el agujero al costado. Esa cánula es un agujero que te conecta con el rumen. Pero es una práctica que requiere una cirugía. Nosotros planteamos una técnica sin cánula y con animales en situaciones reales. Entonces, hoy estamos reconociendo cuáles son los animales más o menos productores de metano simplemente por cómo tienen la composición del rumen. Independientemente de la dieta. Hay animales que ya nacen con más metanógenos y lo van a heredar a la descendencia. Esos estudios hoy nos permiten tener este dato y también la eficiencia de conversión en novillos. Cada vez se ve más que hay novillos de familia genética de buenos convertidores y cuando analizamos microbioma te das cuenta que la respuesta estaba ahí adentro. Y en el nuevo proyecto vamos a ir a ver el microbioma del intestino con otra técnica para ver a los animales que resisten más a las enfermedades
-En pandemia empezaste a ser productora también. Eso te cambió la vida.
–La pandemia me llevo al campo de la familia de mi pareja, Nico, con quien trabajo y asesoro. Mi suegro dijo, “hay 33 ovejas ahí, si quieren empiecen a producir”. Al principio no me tenía fe como productora. Yo venía de la academia y la investigación. Pero bueno, arrancamos con 33 ovejas y en 3 años llegamos a tener 275 madres de majada. Me puse a prueba como mujer. Porque yo tenía un conflicto conmigo misma: no me crié en el campo, no tengo aspecto de “campera”, ¿cómo voy a ser yo armando un eléctrico o saltando tranqueras? Y empecé a aplicar todo lo que estudiaba en los pappers. Y empecé a hacer nutrición de precisión que es lo que hago hoy. Y en el camino aprendí mucho de la parte empresarial y la industria, ¿Qué quiere el frigorífico?¿Qué quiere el consumidor? ¿Es lo mismo que te pide un restaurant? ¿Es lo mismo en CABA que en el interior, donde el cordero es más tradicional? Ahí aprendí toda la cadena.
-Ahí surgió Pecore, la consultora.
–El lema de mi consultora es de la ciencia al campo. Todo fue sinergia. A nivel personal, puedo decir que nunca nos terminamos de conocer a nosotros mismos al nivel que podemos dar si la vida no se pone difícil. La vida se pudo muy dura y de repente fue una revelación hermosa. Yo invito a toda la gente a que persiga sus sueños y se anime.
-¿Qué es lo que más te gusta de lo que hacés hoy en lo laboral?
-Hoy disfruto mucho de dos cosas. Hoy me levanto contenta sabiendo que estoy escribiendo un proyecto de investigación muy grande, que va a cambiar una realidad del campo. Y emociona porque lo postulo para Conicet, un símbolo de avances, bandera, ciencia, al científico de pura cepa le encanta la ciencia y en mi caso yo quiero ver a la ciencia transformando el agro. Lo otro que me apasiona es ir al campo, relacionarme con la gente.
-Bueno, llegamos al pin-pong fuera del surco y la primera pregunta tiene que ver con si tenés algo por fuera de lo laboral que te resetee.
-Tengo dos actividades. Una es bailar. Cuando me quedo sola en casa pongo música y bailo. Trato de hacer tap, que es lo que más me gusta. También hago la práctica de visualización a la noche. Cuando se duerme mi hija, todo apagado, con una luz que apunta a pizarra para hacer enfoque y visualización. Y eso me resetea. He diseñado experimentos haciendo eso.
-¿Y el patín artístico?
-Empecé patín de grande, a los 25, cuando me mudé a Bahía Blanca, porque quería tener amigas mujeres. Pensá que trabajaba con todos varones. Y patiné hasta que me enteré que estaba embarazada hace no mucho.
-¿La música? ¿Por dónde vas cuando escuchás algo?
-Me gusta el blues. Y me encanta BB King, Eric Clapton, eso se escuchaba en casa. Y yo después pegué la onda Roxette, Bon Jovi, Aerosmith. Y me gusta mucho la música de los 90s.
-Si pudieses tener un talento que no tenés. Voy a la librería de talentos y lo tomás… ¿Cuál sería?
-A mí me gustaría ser todo el escuadrón de Marvel completo. Me gustan los superhéroes. Todo Marvel, DC. Pero creo que si pudiera elegir sería como Tony Stark, Ironman. ¿Viste que él no es un superhéroe en realidad? Es un tipo muy inteligente que crea tecnología, IA, robots, y él se crea sus propias habilidades. Yo querría ser como él en versión femenina.
-¿Cuál es tu especialidad culinaria?
-Lo que más me gusta preparar son pastas, sorrentinos o ravioles me quedan increíbles, también los canelones, soy muy buena haciendo tucos y rellenos. Y también me gusta hacer guisos. Que para mí tiene que tener algún tipo de chacinados, chorizo colorado, una longaniza o lo que quieras, pero es lo que hace que explote el guiso.
-¿Series? ¿Películas? ¿Qué te gusta?
-Cualquier cosa de Marvel. De una. Pero saliendo de ahí, me gustan tipo “Game of thrones”, “Vikingos”, “The last kindom”, todas esas que son históricas con acción.
-Si pudieses subirte al auto de Volver al futuro. ¿A qué momento irías?
-Yo me iría al laboratorio del Conicet a dónde mi mamá trabajaba cuando er