Donde antes florecía el algodón, ahora crece alfalfa: Juan Becla, productor y pastor, encontró en la ganadería el futuro de su campo en Formosa

Juan Becla nos invita a pisar un lote de apenas tres hectáreas y media cubierto por una alfalfa de un verde intenso. La sembró hace ocho meses. Un poco más allá ya implantó otro cuadro nuevo, que espera una lluvia para terminar de afirmarse. Detrás del alambrado pastan las vacas. Y más al fondo, casi escondido entre los árboles, funciona un pequeño tambo donde todas las mañanas él y su esposa siguen ordeñando las vacas… a mano.
Lo curioso es que hace apenas un año, en ese mismo lugar donde hoy crece una de las mejores pasturas para el ganado, se cosechaba algodón. El campo de Juan está en Villa Dos Trece, a 15 kilómetros de El Colorado, en Formosa.
“Acá sembrábamos algodón. En este lote de 50 hectáreas hacía unas 40. Pero nos fuimos achicando, dejando más espacio para la ganadería. Ahora decidimos dedicarnos de lleno a esto”, resume Becla ante el micrófono de Bichos de Campo mientras mira el alfalfar que terminó convirtiéndose en el símbolo de una decisión familiar. Esa decisión es el desenlace de una transformación que comenzó hace más de veinte años.
Cuando el matrimonio se instaló definitivamente en el campo, hace 23 años, no tenían una sola vaca. “Era 100% agricultura. Hacíamos algodón, zapallo y un poco de maíz”, recuerda Juan Becla.
Vivían en El Colorado, a pocos kilómetros, y todos los días iban y venían hasta el establecimiento. Hasta que entendieron que un campo necesita presencia permanente. Construyeron la casa, se mudaron cuando había nacido su cuarto hijo y empezaron una vida nueva.
Las primeras dos vacas llegaron casi como un complemento. Las compraron para ordeñar y producir algunos quesos caseros. Con el tiempo el rodeo fue creciendo mientras el algodón empezaba, lentamente, a retroceder.
Hubo una época en que Becla sembraba entre 80 y 100 hectáreas de algodón. Cada campaña fue reduciendo esa superficie. “Cada vez menos algodón, menos algodón…”, repite.
No fue una decisión ideológica ni una moda ganadera. Fueron los números: “El algodón ya no es rentable. Hace cuatro años que prácticamente vale lo mismo. Antes con una tonelada comprábamos casi mil litros de gasoil. Hoy para comprar esos mil litros necesito casi siete toneladas de algodón.”
La ecuación termina de cerrarse cuando aparecen los costos de agroquímicos, combustible e insumos, a los que se suma un clima cada vez más imprevisible: “A veces viene sequía, después exceso de lluvia. Acá se inunda y perdés todo. Ya no alcanza con sacar buenos rindes.”
La ganadería, en cambio, ofrece otra lógica. Hoy el establecimiento tiene unas cien cabezas. La alfalfa está reservada para las vacas lecheras y los terneros recién destetados. El resto del rodeo vive sobre pasturas adaptadas a la zona. La apuesta es consolidar una fábrica de terneros y seguir mejorando la genética del rodeo: “Cuando empecé las vacas no eran de buena genética. De a poquito uno va mejorando. Ese es el futuro”, resume el productor.
“Fuimos productores agrícolas”: En una frase, el ahora ganadero Zenón Cano describe la transformación que llevó al fin del algodón en el sur de Formosa

Para Becla, la vaca cumple además otro papel: “Nosotros no podemos ahorrar comprando dólares. Nuestra forma de ahorrar es tener animales.”
La transición todavía no terminó. De hecho, ya piensa vender su vieja sembradora. Con ese dinero no comprará otra sembradora ni un tractor más grande. Quiere incorporar una cortadora de alfalfa, una hileradora, un rastrillo y una enrolladora para dejar de depender de un vecino que hoy le confecciona los rollos.

La decisión parece definitiva: “Yo creo que al algodón ya no vuelvo.”
Mirá la entrevista completa con Juan Becla:

Hay otro detalle que ayuda a entender el cambio. Los cuatro hijos ya hicieron su vida y quedaron solamente él y su esposa al frente del establecimiento.
El tambo sigue funcionando con una docena de vacas criollas mansas, que conocen de memoria a quienes las ordeñan cada mañana. Aunque tienen una ordeñadora instalada, nunca terminaron de usarla.
“Mis hijos siempre me dicen que la active porque nos va a arruinar físicamente seguir ordeñando a mano. Pero como son pocas vacas terminamos enseguida. Después hay que lavar toda la máquina, higienizar todo… así que seguimos a la vieja usanza”, explica Becla. Con esa leche, Juan y su esposa elaboran quesos caseros que venden desde hace años en comercios de El Colorado.
Hay otra faceta de Juan Becla que ayuda a entender su manera de ver las cosas. Además de productor, desde hace cuatro años es pastor de una iglesia evangélica que él mismo fundó en El Colorado. Durante años fue copastor, hasta que decidió abrir su propia congregación.
Cuando la charla deriva hacia esa vocación, inevitablemente aparece el paralelismo con la actividad que hoy ocupa buena parte de sus días. “Pastor es una cosa, evangelista es otra. A mí siempre me apasionó ser pastor”, explica.
Y cuando le preguntamos si ahora también le toca pastorear un rodeo de vacas, se ríe antes de responder con una frase nacida de la experiencia. “Uno aprende mucho trabajando con los animales. A veces son más fáciles de manejar que la gente.”
Para Juan Becla, esa imagen alcanza para resumir una vida entera de decisiones: “El futuro es con los animales.”

Fuente: Bichos de Campo