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Mark Lilla: “Hoy nadie entiende cómo funciona el mundo”
Nueva York.- Cuenta Mark Lilla que, hasta la época de George Bush padre, los menús en la Casa Blanca se parecían mucho a lo que comía el ciudadano medio: pastel de carne, puré de patatas, judías verdes… Fue con Bill Clinton cuando la dieta de los presidentes de Estados Unidos se empezó a sofisticar, al tiempo que las clases populares cocinaban menos en casa y se alimentaban más de comida basura. Y entonces llegó Donald Trump, al que le encanta fotografiarse con hamburguesas del McDonald’s. “Él supo conectar con esa América popular que lleva décadas alejándose de las élites. Es, al mismo tiempo y de forma extraña, un maestro de la manipulación y alguien capaz de mudar de piel cuando las cosas cambian”, dice. Lilla (Detroit, 70 años) habla en su estupendo apartamento de Manhattan en un piso 18 desde el que se divisa gran parte de la isla. Con motivo de la publicación de Ignorancia y Felicidad (Debate), este politólogo que enseña Humanidades en la Universidad de Columbia traza un escenario en el que, señala, cada vez más gente elige conscientemente no saber.Liberal en el sentido estadounidense de la palabra, critica a los demócratas más izquierdistas y woke, ese concepto que hace tiempo que recibe golpes de todas partes y contra el que escribió El regreso liberal. Más allá de la política de la identidad. Es durísimo con los republicanos -a los que llama el partido irresponsable-, pero también con los demócratas, entre los que no ve nadie capaz de liderar el país tras 2028. Pese a los intentos de buscar otros temas, la conversación acabará indefectiblemente, pregunta tras pregunta, en un mismo nombre: Donald Trump.-En su libro habla de lo que llama la felicidad basada en la ignorancia. Es algo que siempre ha ocurrido, pero que según usted ahora es mucho más habitual. ¿Por qué?-Existe una sensación generalizada de incapacidad de controlar nuestro destino. Los problemas a los que nos enfrentamos son demasiado complejos para entenderlos. En una situación así, la gente se vuelve receptiva a quien dice que todo es muy sencillo y se aferran a esa idea. Por eso resulta tan llamativo el fenómeno de Trump: sus partidarios se mantienen fieles a él pase lo que pase. Tienen que hacer verdaderas piruetas argumentales para justificarlo. Pero abandonarlo supondría renunciar a la única persona o autoridad que afirma: “Todo tiene sentido; yo tengo la situación bajo control”. Eso es lo novedoso de esta época.-Dice que las opiniones son como extensiones de nosotros. Que atacarlas es atacarnos como personas. Y que eso explica la resistencia a aceptar la realidad. Pero, ¿no influye también que en los últimos años, al menos desde la crisis económica de 2008, mucha gente ha visto que su realidad no coincidía con lo que le decían los llamados expertos?-Sí, es cierto que entonces aumentó la sensación de inestabilidad. Otra cosa que ocurrió después de 2008 fue el surgimiento del Tea Party contra los súper ricos y los demócratas en el poder, un movimiento que adquirió cierta respetabilidad ante los ignorantes de este país. Un ejemplo fue Sarah Palin [exgobernadora republicana de Alaska y candidata a vicepresidenta con John McCain]: ella fue una especie de Trump antes de Trump. Eso debería haber servido de señal de alerta de que algo profundo había cambiado. La idea de que, según esa gente, es preferible la opinión de un fontanero a la de un experto.-La situación no tiene pinta de ir a mejor con la revolución de la inteligencia artificial.-La IA no se trata de un simple cambio, sino de una máquina de cambio perpetuo. Cuando Marx y Engels escribieron en el Manifiesto Comunista que, bajo el capitalismo, todo lo sólido se desvanece en el aire, se estaban quejando precisamente de eso. No imaginaban el futuro como un mundo líquido; lo concebían como algo estable. En cierto modo, eran conservadores: daban por sentado que, tras la revolución, las cosas permanecerían inalterables. Desde los años sesenta hemos vivido una sucesión constante de cambios, pero la IA es el más inquietante. Me llama mucho la atención la rapidez con la que muchos votantes se están organizando en su contra, rechazando la instalación de centros de datos y otras infraestructuras similares.-Los políticos siempre han usado la verdad y la mentira en su interés. Pero, ¿es ahora cuando los límites entre una y otra son menos claros?-Existe una enorme incertidumbre sobre qué es verdad. Nadie entiende cómo funciona el mundo. Nadie sabe qué hacer con la pobreza ni cómo proteger las industrias nacionales. No es que alguien tenga un plan secreto, sino que los que participan en la vida pública deben fingir que lo tienen. La reacción ante esto es el deseo de la gente de obtener respuestas seguras. Pero esas respuestas no existen.-¿Es Trump la encarnación de todo este proceso?-Nunca piensa más allá del mañana; vive anclado en el presente. Eso le permite, a veces, tener una visión algo más clara de la situación actual, pero no de lo que ocurrirá dentro de una semana o un mes. Por ejemplo, después de la guerra de Irán.-El Trump actual no es el que ganó en 2016. Es más errático y está más descontrolado.-Bueno, en su primer mandato contaba con personas serias. Parece que ahora le importa su legado, pero no las políticas que vaya a dejar, sino las cosas que construya, como el arco del Triunfo o el billete de 250 dólares con su cara. Está mayor. Ha perdido su magia. Muchos de sus seguidores ya no creen en él, pero no pueden desprenderse de él. En 2028 llegará el momento de la verdad para comprobar si, como ocurre con cualquier tipo de autoridad carismática, ese carisma es transferible.-Lo que parece complicado es volver al mundo preTrump, a la vieja política.-Me preocupa, en primer lugar, la burocracia. Me pregunto si volveremos a contar con funcionarios de carrera no alineados con los partidos. Si no se logra movilizar a la burocracia para que acate las órdenes y estructuras democráticas, estamos perdidos. Por otro lado, desde que apareció Trump hace 10 años, el Partido Republicano ha dejado de formar élites. Si un republicano gana las próximas elecciones, ¿en quién se apoyará? Los republicanos se han convertido en el partido irresponsable.-En un mundo en el que la mitad de la población cree una cosa, y la otra mitad algo totalmente distinto, ¿es posible mantener una democracia, que requiere ciertos consensos básicos?-Por supuesto que no. Al menos no una democracia como se supone que debe funcionar. Habrá elecciones, claro; un bando ganará y el otro no. Pero si entendemos la democracia como una forma de autogobierno, entonces es necesario compartir una misma realidad. Y aquí volvemos a la IA: si ni siquiera puedes saber si lo que ves en la pantalla es real, ¿cómo vas a ponerte de acuerdo sobre lo que sucede ahí fuera? Es muy difícil hacerse una idea clara de la situación porque, al fin y al cabo, seguimos siendo un país mayoritariamente centrista. Trump ganó porque convenció a los centristas de que odiaran a los demócratas.-¿Qué opina del impulso del ala socialista de los demócratas vinculada al alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani?-Una de las razones de su victoria es su energía. Son personas que creen de verdad en lo que hacen y le dedican mucho tiempo. La mayoría están locos. Es divertidísimo leer las transcripciones de sus debates de su partido; es algo totalmente desmesurado. El distrito de la congresista más extravagante que vamos a tener, Darializa Avila Chevalier, votó masivamente por Trump, pero ahora vota por ella. Pero Mamdani es un genio de la política. Tiene la habilidad de mantenerse firme: no anda con rodeos ni se expresa de forma confusa; dice sí o no, defiende su postura sin agresividad y con una sonrisa, y afirma: “Aquí me mantengo”.-¿Ofrecen los demócratas una respuesta para el futuro?-La gente siente una enorme desconexión. Y los demócratas siguen sin tener una visión convincente, no transmiten credibilidad. Cuando Kruschov visitó a Nixon le dijo: “Si la gente te dice que quiere un río imaginario, no les digas que no hay ningún río; diles que vas a construir un puente imaginario”. Los demócratas no han aprendido a hacer eso. Basta con observar la calidad de sus líderes actuales: es un geriátrico. No hay voces jóvenes y fuertes en el núcleo del partido.-La Declaración de Independencia de Estados Unidos cumple 250 años. ¿Qué país sale de este aniversario?-En cuanto a la estructura democrática, pasamos por nuestro peor momento desde la Guerra Civil. Desde el punto vista social, no nos va tan mal: seguimos siendo un país próspero, los inmigrantes todavía quieren venir, la gente tiene bastante libertad… Pero si pensamos en la política, sí, el régimen está muy enfermo.-Usted ha escrito contra la llamada cultura de la cancelación. Pero viendo la persecución de Trump a universidades, periodistas, disidentes, ¿no se estaba equivocando de enemigo al denunciar la imposición de la izquierda?-Eso ha pasado porque Trump resultó reelegido y tuvo la energía para emprender todas esas batallas. Pero no es una cuestión de quién es más culpable. Mi crítica a la política de la identidad de los demócratas era estratégica, porque no puedes captar al electorado del centro con la retórica de la identidad, especialmente la relacionada con la sexualidad. Y no es que no crea en los derechos de los gays o el aborto. Pero en lugar de ofrecer una visión común para el país, los demócratas te ofrecen una ensalada con distintos ingredientes, y te dicen que eso es lo que somos.-¿Está lo woke muerto y enterrado?-Ha sido defenestrado y está a la defensiva ante unas universidades y empresas que se han plegado al trumpismo. No creo que resurja de la misma manera, porque demostró ser tóxico. El anuncio que mejor funcionó a los republicanos en 2024 fue el que decía: “Kamala está para elles, Trump está para ti”. No creo que el movimiento vuelva a tener el impulso de las estructuras institucionales. Pero ha sido asimilado por mucha gente, por lo que habrá universidades y otros organismos que impulsen informalmente c
Fuente: La Nación