Del tambo y la ganadería a una obra vital para Brandsen: La historia de Patricia Mulder, la mujer que convirtió el dolor en esperanza para decenas de personas

En Brandsen, donde la ganadería marca el pulso de la economía y muchas familias llevan generaciones ligadas al campo, Patricia Mulder encontró una forma distinta de dejar huella.
Descendiente de inmigrantes holandeses que hicieron del tambo su forma de vida, esposa de un productor y consignatario y madre de cuatro hijos, logró transformar el golpe más duro que puede atravesar una familia en una obra solidaria que, desde hace casi 14 años, mejora la vida de personas con discapacidad y de sus familias.
Su historia comienza, justamente, en el campo. Nació y pasó sus primeros diez años en un establecimiento rural cercano a Brandsen, donde su padre trabajó primero como encargado y luego se especializó en la raza Holando Argentino. Los animales, el tambo y la vida rural fueron el paisaje de su infancia.
“Yo tengo mis mejores recuerdos del campo. De jugar, de andar a caballo, de ir al tambo cuando todavía se ordeñaba a mano. Armaba casitas con los fardos. Fue una infancia hermosa”, recordó Patricia.

La tradición familiar nunca se perdió. Sus hermanos continúan vinculados a la producción lechera y ella siguió ligada al agro al formar su propia familia junto a Javier Jáuregui Lorda, referente de una consignataria que ya lleva 78 años de trayectoria y que hoy es conducida por sus hijos mayores.
Pero el rumbo de su vida cambió para siempre con el nacimiento de Matías, el menor de sus cuatro hijos. Tras años de incertidumbre llegó el diagnóstico de síndrome de Rett, una enfermedad neurológica poco frecuente que le provoca severas limitaciones y crisis convulsivas.
“El cuarto es el protagonista de nuestra vida. Siempre estamos enfocados en él. Lo único que uno aspira es que no sufra y que sea feliz”, contó Patricia, sin ocultar que fueron años muy difíciles para toda la familia.

Sin embargo, ese dolor terminó convirtiéndose en el motor de una transformación mucho mayor. A medida que Matías crecía, Patricia comenzó a preguntarse qué ocurría con las personas adultas con discapacidad intelectual en Brandsen y descubrió que prácticamente no existían espacios para su desarrollo.
Así nació el proyecto de crear un Centro de Día “Caricias de Maty”.
La idea encontró un aliado fundamental dentro de su propia familia y también del sector agropecuario. Cuando la consignataria Jáuregui Lorda cumplió 60 años, Javier le propuso que, en lugar de realizar otra celebración, destinaran esos recursos a construir el edificio que el municipio necesitaba para poner en marcha el proyecto.
“Me dirigí al municipio y me dijeron que el problema era que no tenían edificio. Entonces, cuando la consignataria cumplió 60 años, Javier me dijo: ‘¿Y si donamos el edificio para que pueda funcionar el centro?’. Así empezó todo”, recordó Patricia.
El edificio se levantó sobre un terreno de la iglesia protestante a la que pertenece su familia desde la llegada de sus abuelos holandeses al país. Después se fueron sumando vecinos, empresas, productores, comerciantes y el propio municipio, que asumió el compromiso de aportar el personal necesario para sostener el funcionamiento.

Catorce años después, aquel sueño sigue creciendo.
Actualmente el Centro de Día recibe a unas veinte personas mayores de 18 años que participan de talleres de huerta, cocina, música, danzas, educación física y otras actividades. A eso se agregó un proyecto específico para personas ciegas, denominado Recreando Miradas, que atiende a otros ocho concurrentes.
“Descubrí que hay muchísima gente buena. Muchísima gente solidaria. A veces solo necesita que alguien le diga en qué puede ayudar”, aseguró Patricia, convencida de que el proyecto pudo sostenerse gracias al compromiso de toda la comunidad.
Lejos de sentirse la protagonista, asegura que es ella quien recibe más de lo que da.
“La palabra es todo, nadie tiene que venir a cobrar dos veces”: El mandato de Jáuregui Lorda, una consignataria familiar sostenida por valores y muy involucrada en la vida comunitaria de Brandsen

“La agradecida soy yo. Ellos transmiten tanto amor que hacen salir lo mejor de cada persona que se acerca al centro. Uno trata de ayudar, pero termina recibiendo muchísimo más”, expresó.
Cuando se le pregunta qué significado tuvo Matías en todo este recorrido, Patricia no duda.
“Matías fue el promotor, el gestor de todo esto. Seguro que sí. Ahí está el porqué de que haya tenido que pasar todo esto con él. Mirá toda la obra que hizo”, respondió emocionada.
En una región donde el campo suele medirse por hectáreas, rodeos o remates, la familia Jáuregui Lorda terminó dejando otro legado. Uno que nació entre tambos, vacas y consignaciones ganaderas, pero que encontró su mayor valor en la solidaridad. Porque, muchas veces, las cosechas más importantes no son las que se levantan de la tierra, sino las que transforman la vida de toda una comunidad.
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