Enclave Sur, una apuesta colectiva que salió bien: El grupo de viñateros que se unió hace 18 años para demostrar que el Valle Medio puede hacer vinos de la más alta calidad

En la zona del Valle Medio rionegrino, un grupo de viñateros decidió juntarse hace 18 años para dejar de vender sus uvas a otras bodegas y poder elaborar su propio vino. Eligieron llamarlo Enclave Sur, por el significado estricto de ese término, que es “lugar destacado”.
Como no les caben dudas de que están instalados en un lugar destacado de la Patagonia Norte, sobre todo para llevar adelante la vitivinicultura del más alto nivel, este grupo se embarcó en la aventura de lanzar su línea de vinos artesanales y de autor, que no sólo buscan revalorizar la región, sino además demostrar que los objetivos más ambiciosos necesitan de proyectos asociativos.

En la recorrida de Bichos de Campo por la región, Carlos Murray, uno de los protagonistas de esta historia, contó de qué se trata la iniciativa que, además de él, integran hoy otros 4 productores.
El punto de partida fue el programa Cambio Rural, una iniciativa co-ejecutada por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca y el INTA -y recientemente discontinuada- que tenía como objetivo reunir varios proyectos productivos bajo una misma problemática o anhelo y brindarles asesoramiento.
Desde lo agronómico, recuerda Carlos, estaban bastante bien posicionados. De hecho ya vendían su uva individualmente a bodegas importantes de la región, con la que se obtenía un vino de alta calidad. “Nos planteamos juntarnos para lograr lo mismo. Y por eso, en vez de un ingeniero agrónomo, pedimos que nos facilitaran un enólogo”, señaló.
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Fue así como, de la mano del especialista Mario Lascano, un enólogo faro de la vitivinicultura regional que aún asesora a muchas bodegas del valle, terminó conformándose Enclave Sur.
Inicialmente, fueron 8 los viñateros. Hoy, 18 años más tarde, son 5, que reúnen más de 50 hectáreas de vides en total pero sólo destinan alrededor del 20% a ese proyecto. Y no son ellos quienes deciden cuánta uva aportan, sino el especialista, que, con los objetivos de producción en mano, establece cuánto va a destinar cada finca.
-¿Cómo se organizan para una temporada productiva?- , le preguntamos a Murray.
– Nosotros nos juntamos y decimos qué vino queremos hacer y cuántos litros. Y el enólogo va probando la uva de cada viñedo y decide de dónde saca cada variedad. No es que cada uno aportamos un poquito, porque eso sería un problema. Acá eligen y nosotros cedemos.
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Trabajar de forma asociativa implica para ellos decidir en conjunto. Y, aunque no siempre es tarea sencilla, la única forma de cerrar sus reuniones es descorchando un vino y comiendo algo rico. Porque si de algo tienen certezas es que el propósito de Enclave Sur excede a lo que cada uno hace en su bodega.
“Todos hacemos nuestras propias etiquetas aparte del vino regional. Pero no competimos sino nos complementamos, la idea es que se conozca la zona como productora de vinos finos”, explicó el productor.

Río Negro y Neuquén fueron históricamente epicentro de la producción vitivinícola pero, así como sucedió con otras regiones de alto potencial -como la de Salta o Catamarca- para el imaginario popular quedaron bajo la sombra del volumen y la fama de los vinos cuyanos.
“La zona tiene muchísimo potencial, no tenemos ninguna duda. Y la razones son el clima, la disponibilidad de tierra y la disponibilidad de agua. No tenemos las restricciones que tiene Mendoza”, señaló Murray.
Porque al agua que de por sí llega al valle irrigado directo del deshielo, allí también ocurre la tan mentada amplitud térmica, que le otorga a las uvas un carácter muy especial y, por consecuencia, permite hacer vinos de alta calidad. “Lo que Mendoza consigue en la altura, nosotros lo conseguimos con la latitud, que son días con mucho calor pero noches muy frescas”, agregó.

-¿Creen que han logrado un buen vino? ¿Qué variedades están en juego?
-Creemos que sí, porque la gente lo tomó como un vino regional, lo busca y lo regala como un muy buen producto de esta zona. Empezamos con Malbec y Merlot, pero acá se da muy bien el Pinot Noir, el Cabernet Sauvignon, el Cabernet Franc y las uvas blancas. El más vendido es el Malbec, y yo sostengo que la gente lo toma por costumbre, pero si haces una cata a ciegas probablemente elija otras variedades.
-Sin ser una cooperativa, le dan valor al asociativismo. ¿Qué sentido tiene? ¿Sirve de algo trabajar con tus pares?
Creo que desde lo grupal uno consigue más cosas. Quizás económicamente no, pero no hubiésemos podido hacer un vino regional si no hubiese sido de este modo. Estoy seguro de que sirve, pero hay que tener las pautas bien claras de hasta dónde quiere llegar, de qué forma y ver dónde competís y dónde colaborás.
Finalmente, dice el productor, le rinden honor a esta particular bebida, que tiene un único sentido: el de compartir. “El vino tiene una magia particular, algo que no tiene ningún otro producto. Ahí detrás hay historias y cuando abrís una botella con amigos es otra cosa”, concluyó.
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