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Maternidad intoxicada
A las estadísticas que reportan la baja de natalidad a la que ya nos hemos referido desde este espacio editorial, se suman ahora informes sobre un creciente número de mujeres con problemas de adicción en nuestro país que dan a luz a bebés que atravesarán síndromes de abstinencia, una afección silenciosa y asintomática que puede conducir a la muerte súbita.Los nueve meses en los que una vida crece dentro del vientre materno son clave para el desarrollo de la persona. Si una futura mamá transita ese tiempo consumiendo drogas, alcohol, o ambas sustancias, pone en grave peligro el futuro de su hijo, pues todas las drogas de consumo frecuente pueden atravesar la placenta y alcanzar al feto. Lamentablemente, es precisamente la población en edad reproductiva la más vulnerable al consumo.La Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) ha advertido recientemente sobre el incremento de consumos peligrosos durante la gestación y la lactancia. Los médicos detectan presencia de cocaína, drogas sintéticas, cannabis y psicofármacos en embarazadas y recién nacidos. El número de mujeres que llegan al parto intoxicadas va en aumento. El Grupo de Trabajo de Consumos Problemáticos de la institución difundió un documento que brinda información y repasa la legislación vigente respecto de la habilitación de la que gozan los profesionales para solicitar análisis sobre consumo de drogas y para resguardar a los recién nacidos si sospechan que existe una situación de riesgo.Muchas mujeres no refieren su adicción ante un control médico, por temor al juicio social o a las consecuencias legales. Y los médicos no solicitan este tipo de estudios como parte de los controles de rutina. Lo cierto es que los servicios de obstetricia del área metropolitana de Buenos Aires vienen detectando que entre un 8 y un 15% de las embarazadas atendidas consumen. La droga debilita la voluntad y, si la mujer no se cuida, no evitará un embarazo, mucho menos podrá resolver no amamantar para resguardar al recién nacido. El embarazo constituye una oportunidad excepcional para la intervención sanitaria, fortaleciendo redes de apoyo y acompañamiento, pero ¿quién se está ocupando de esto?En muchos casos, serán las abuelas las que críen esos niños, como mejor puedan, pues no está sistematizado y divulgado el tratamiento que, por su condición, demandan estas criaturas. Un llanto que se repite cada 20 minutos no es claramente por hambre si en el medio el bebé recibe alimento. Y la abstinencia puede sumar temblores y agitación, cuadros estos que muchas instituciones hospitalarias no saben manejar y que en muchos casos conducen a la muerte del bebé.Como en muchas otras cuestiones de índole sanitaria, no hay datos fehacientes, con provincias que relevan, otras que no, más algunas que prefieren no hablar de estos números. En el Congreso Provincial de Salud (Cosapro) del año pasado, médicas del Hospital Erill de Escobar estimaron que un 35% de las embarazadas presentaba consumos problemáticos, mayormente de alcohol, tabaco y cocaína.Desde marzo pasado, en Mendoza la detección de estas sustancias integra el llamado control universal en maternidades de la jurisdicción, una iniciativa digna de imitar que ha permitido comprobar que más del 10% presenta consumos problemáticos. Informes de Maternidad e Infancias del Ministerio de Salud y Deportes provincial reportan que casi un 20% de los recién nacidos da positivo en cuanto a tóxicos, impactando esto sobre la mortalidad infantil. Urge proponer que se implemente en todo el país una prueba universal o de rutina que contribuya a tomar medidas antes del parto.Estamos ante un gravísimo problema de salud pública que crece de manera prácticamente silenciosa. A una realidad de consumo de sustancias en aumento, a la vista de todos, ya sin ocultarse, se suma también que muchas chicas abandonan a sus bebés después del parto para seguir con su adicción. Desatender esta situación es seguir empeñando nuestro futuro en lo que tiene de más preciado: la infancia.