Delegado allí por Federación Agraria durante mucho tiempo, Pablo Paillole cree que el desguace del INTA “es una adecuación a un modelo extractivista, primarizante e hiperconcentrador”

Lo que durante décadas fue uno de los organismos públicos más valorados por productores de todos los tamaños y de prestigio internacional atraviesa la mayor transformación de su historia.
En los últimos años el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) perdió cerca de 2 mil trabajadores mediante retiros voluntarios y jubilaciones, muchas agencias de extensión quedaron reducidas a su mínima expresión, programas destinados a la agricultura familiar y las economías regionales fueron desarticulados y finalmente el Gobierno avanzó con una reforma que modificó la estructura de conducción del organismo, profundizando un proceso de ajuste que desde distintos sectores califican como un vaciamiento.
Para Pablo Paillole, histórico dirigente de Federación Agraria Argentina, referente de Bases Federadas y ex consejero del INTA que históricamente se opuso a este tipo de ajustes, todo ese proceso responde a una lógica mucho más profunda que un simple recorte del gasto público. A su entender, el organismo está siendo adaptado al modelo agropecuario que impulsa la administración de Javier Milei.
“Nosotros creemos que, más que un ajuste fiscal, se trata de una adecuación a un modelo productivo”, resume de entrada en diálogo con Bichos de Campo. Y desarrolla: “El Gobierno ve en el campo no un lugar de desarrollo, de desarrollo de economías regionales y del interior, sino el lugar de donde van a salir los dólares para el resto de la economía”.

Para Paillole, esa mirada explica también cuáles son las prioridades oficiales: “Lo que generan los dólares son centralmente los commodities. Entonces el objetivo de las políticas agropecuarias es maximizar la cantidad de dólares que se puedan sacar del campo. Por eso hablan del volumen productivo, de cuántos millones de toneladas se producen, y no particularmente de cuántos productores las hacen, del desarrollo de los pueblos o del interior”, sostiene.
A partir de ese diagnóstico llega a la definición que, para él, explica lo que ocurre con el INTA: “Para un modelo productivo extractivista, primarizante —porque principalmente exporta materia prima— e hiperconcentrador, el INTA como fue concebido no sirve. Si hoy 3 mil grandes empresas explican casi el 85% de la producción de soja, trigo y maíz, sobra un INTA que desarrolle economías regionales, valor agregado o muchas otras producciones que incluso hoy se están importando”.
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Y agrega: “Cuando se concibió el INTA se pensó en direcciones regionales, en valor agregado, en el desarrollo del interior. Ahora cambió la cosa. Para este esquema productivo un INTA de 7 mil personas les sobra por todos lados”.
Esa lectura política también explica, según el dirigente, por qué el Gobierno avanzó sobre la planta de personal del organismo:”La verdad que para nosotros es un dolor muy grande ver que, a través de los retiros voluntarios, se va gente con maestrías, doctorados, posgrados, que viajó al exterior para especializarse y en la que el Estado invirtió muchísimo dinero. Todo ese conocimiento se pierde en una planilla de Excel, porque los criterios son fiscales y no las necesidades del INTA”, lamenta.
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El ex consejero asegura que el deterioro ya puede verse en el territorio: “Hoy estaba hablando con productores que van a las agencias y muchas se transformaron en agencias unipersonales. El especialista que los atendía ya no está más. El desánimo dentro del INTA es muy grande y en algunos lugares el organismo está prácticamente paralizado producto de estos ajustes”.
Según Paillole, las consecuencias terminarán golpeando especialmente a quienes más dependían del trabajo cotidiano de extensión: “Soy productor de cerdos y continuamente teníamos la apoyatura del INTA Marco Juárez y del INTA Pergamino. Hoy toda esa estructura está muy debilitada. La capacidad de asistencia para el pequeño productor se ve totalmente afectada”.
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Luego enumera otros casos que, asegura, reflejan el mismo fenómeno. “Productores de Mendoza me contaban que proyectos vinculados al riego quedaron paralizados. También se frenó el desarrollo de maquinaria para la agricultura familiar que se hacía en Reconquista. Y Cambio Rural, que para muchos chacareros era la única asistencia técnica que recibían, prácticamente dejó de existir”, agrega.
Pero el impacto, advierte, trasciende a los productores. “También se van a ver afectados muchos municipios porque había convenios con el INTA. Y el país en general, porque el organismo siempre fue una fuente de apoyo para anticiparse a epidemias y otros problemas. Todo eso también se resiente”.
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El histórico dirigente federado también apuntó contra las entidades rurales que continúan integrando el Consejo Directivo del organismo y avalan este cambio histórico en el instituto de ciencia y técnica: “La verdad nos parece una situación lamentable haber acompañado todo este proceso de destrucción de una herramienta histórica para pequeños, medianos e incluso algunos grandes productores. Haber avalado el retiro voluntario de más de 1.800 agentes, la destrucción de líneas de investigación sobre agricultura familiar y valor agregado… la actitud que está teniendo la Mesa de Enlace nos parece totalmente lamentable”.
En la charla que mantuvo con este medio, Paillole vuelve al punto que considera central para interpretar la crisis del instituto.
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“Para entender lo que pasa en el INTA hay que entender qué está pasando con la política agropecuaria. A medida que avanza la concentración —antes producían 200 mil productores y ahora producen 3 mil— hay una adecuación del organismo a esa nueva realidad, que deja mucha gente afuera, tanto en el campo como en los pueblos”.
Y concluye con la síntesis que atraviesa todo su diagnóstico: “Este ajuste en el INTA se asienta sobre un modelo primarizante, que no prioriza el valor agregado sino la producción primaria, y sobre un modelo de concentración”.
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