Superó el exámen metagenómico un singular bioinsumo surgido de los efluentes de un frigorífico de Jujuy

En enero de 2024, Bichos de Campo contó la historia de un proyecto acuñado durante largos años por el ingeniero mecánico Samir Quintar, dueño del Frigorífico Proyajo, de la provincia de Jujuy, junto a la bióloga Fanny Altamirano. Ellos habían logrado procesar los residuos de la faena y tratarlos de forma tal que se obtenía un compost y un biocompuesto de gran calidad, eliminando a la vez olores nauseabundos y molestos insectos.
Pero faltaba el chequeo. Y ahora ambos protagonistas de esta historia inflan el pecho porque el bioinsumo surgido de dicho proceso y bautizado MEj fue sometido a un análisis metagenómico en los Estados Unidos, que reveló el potencial de los microorganismos eficientes que los componen.
Tras investigar 20 años la mejor forma de procesar sus residuos, Samir y Fanny crearon la fórmula ideal para que el frigorífico de Perico no tenga “ni olor ni moscas”

A diferencia de otros bioinsumos que surgen de investigaciones de laboratorio o utilizan compuestos raros como algas de mar o plantas que crecen en las alturas de la puna, esta iniciativa jujeña surgió de la necesidad, a partir del crecimiento de la planta de faena ubicada en Perico. “Teníamos unas 100 toneladas de desperdicios y no sabíamos qué hacer. En una inspección de Senasa, el inspector nos sugirió poner lombrices. Allí fue que empezamos a probar con los líquidos y sólidos, e hicimos la primera cuna para probar las lombrices, en un espacio de un metro por un metro”, contó Quintar oportunamente a este medio.
Fanny Altamirano trabajaba como docente en la Universidad Nacional de Jujuy y fue la encargada de ver cómo podía ayudar al empresario a resolver el problema que más lo aquejaba, que era el fuerte olor que despedía el tratamiento de los residuos de la faena; sangre, grasa y huesos, además de bosta y orin. “Luego de analizar lo que ocurría en otros establecimientos del mundo, aprendí y adapté una técnica que usaban en Japón para el mejoramiento de cultivos, basada en microorganismos”, recordó Altamirano en una charla con este medio.

Por mes el frigorífico reúne actualmente unas 20 toneladas de residuos, de las cuales el 60% se transforma en humus en grandes piletas de decantación. Ese humus luego de regarse da paso a un lixiviado que resulta muy nutritivo para los cultivos. Ellos mismos lo venían probando en una huerta que tienen a pocos metros de la sala de faena, de la cual obtienen alimentos frescos que todos los días son repartidos entre los propios trabajadores.
El bioinsumo MEj de Proyajo, está “basado en consorcios microbianos con un amplio rango de aplicaciones en suelo y ambiente”, pero era necesario probarlo.
La novedad ahora es que este producto fue sometido a un análisis metagenómico en laboratorios de Estados Unidos, utilizando herramientas avanzadas de biología molecular, con el objetivo de caracterizar su composición microbiana, evaluar su potencial, eficacia y analizar su inocuidad, generando así mayor confiabilidad para su uso.

El análisis reveló la presencia de una comunidad bacteriana diversa y equilibrada, con predominio de cuatro grandes grupos: Firmicutes, Proteobacteria, Actinobacteria y Bacteroidetes. Esta composición permite que el sistema funcione de manera coordinada en procesos clave como la fermentación, la descomposición de materia orgánica y el reciclaje de nutrientes.
Los Firmicutes incluyen bacterias lácticas que favorecen la fermentación y ayudan a inhibir microorganismos indeseables, contribuyendo a la reducción de olores y a la mejora del proceso de compostaje. Las Proteobacteria participan en el ciclo del nitrógeno y en la promoción del crecimiento vegetal, facilitando la absorción de nutrientes. Las Actinobacteria degradan compuestos orgánicos complejos, contribuyen a la formación de humus y producen sustancias con actividad antimicrobiana. Por último, las Bacteroidetes se destacan por su capacidad para degradar materia orgánica y reciclar nutrientes esenciales.
La interacción entre estos grupos genera un sistema microbiano cooperativo y dinámico. Además, la alta diversidad y la distribución equilibrada de especies se asocian con una mayor estabilidad y resiliencia del sistema.

En términos de aplicación, este desarrollo ha sido evaluado en huertas, sistemas de riego por goteo, cultivos hidropónicos y ensayos a campo. En dichos ensayos se observaron mejoras en  el desarrollo radicular, el crecimiento vegetal y la aceleración de la descomposición de residuos orgánicos, junto con una disminución de olores y un mejor control de moscas.
Altamirano consideró que “más allá de estos resultados, el estudio pone en evidencia el valor de las herramientas metagenómicas para comprender la complejidad de los sistemas microbianos. Este enfoque permite no solo identificar los microorganismos presentes, sino también interpretar su funcionamiento como un sistema integrado, aportando información clave para optimizar su uso”.
El bioinsumo obtenido a partir del tratamiento de residuos sólidos de matadero junto con microorganismos aislados del mismo entorno, según la propia empresa, “representa una propuesta innovadora dentro de las prácticas de compostaje, ya que permite valorizar desechos y convertirlos en recursos útiles, en línea con los principios de la economía circular”.
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