Los guardianes de olivos: En Mendoza ya trasplantaron unos 7.500 árboles centenarios de la variedad Arauco, para reimpulsar una actividad varias veces arrasada por las crisis y los countries

Históricamente, la provincia de Mendoza no solo fue vitivinícola, sino además olivícola, pero las continuas crisis y la mala prensa contra el aceite de oliva en décadas pasadas, provocaron que el producto no valiera nada y que los hijos y nietos de los agricultores inmigrantes que los habían plantado, los arrancaran de cuajo.
De 20 mil hectáreas de olivos que Mendoza supo tener, hoy apenas hay 5.000. Sin embargo, los aceites que se elaboran obtienen premios y reconocimiento internacional. Así, aunque la provincia está lejos del posicionamiento que hoy tiene su hermana cuyana, San Juan, que es la más fuerte del país, conserva un gran potencial, en caso de que con el tiempo logre recuperar una superficie competitiva para la actividad.
A lo largo de los años, muchos montes de olivos que se salvaron de la tala, terminaron siendo el arbolado de countries, cuando las fincas ubicadas en los bordes del Gran Mendoza fueron reconvertidas a barrios privados. Pero, aun así, una gran cantidad eran arrancados para adaptar los diseños urbanos de esas zonas residenciales.


 










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Sin embargo, todavía hay extensiones de olivos abandonadas o improductivas, donde el avance de un proyecto inmobiliario o la explotación de un nuevo cultivo acelera la erradicación de los árboles que producen las deliciosas y populares aceitunas.
Ante este panorama cada vez más común, fue que, con distintos objetivos e ideas, aparecieron personas ligadas a la actividad olivícola o rural, ya sea agricultores, expertos en aceite de oliva y productores, que por separado y a su turno salieron a rescatar olivos por todas partes, sobre todos los centenarios, con el fin de salvarlos, encontrándoles un nuevo fin y un nuevo destino.
Y vaya si los salvaron. En los últimos años, estos guardianes lograron recolectar, trasladar y reimplantar hasta 7.500 olivos centenarios, incluso algunos de entre 200 y 300 años, con los cuales piensan producir no solo aceite de oliva, sino que sirvan para recreación, turismo o centro de recuperación y estudio en los espacios que ahora ocupan.

En el departamento de Maipú, por ejemplo, el productor agrícola Emilio Cicero, levantó un santuario conocido actualmente como Reserva de Olivos Centenarios Parque de los Inmigrantes, una finca de su propiedad, de 14 hectáreas, aún no abierta al público, donde empezó a colocar los olivos que estaban por erradicarse, rescatándolos de sus lugares de origen y trasplantándolos allí.
Al principio, la finca iba a ser familiar y los olivos que rescató, los puso allí para salvarlos y darle más belleza rural a la propiedad. Pero, se corrió la voz de sus rescates, y cada vez lo contactaron más personas con olivos a erradicar. Al final, terminó creando un santuario que hoy cuenta con al menos 5.000 olivos trasplantados de más de 100 años.

Ese rincón familiar ya es un proyecto, en el cual, entre los olivos se va a construir un lago y un monumento para homenajear a los inmigrantes que trajeron este fruto a Mendoza, con la idea central de que sea un parque para que la ciudadanía, en familia, pueda recorrer, pasar el rato y entretenerse.
“Sí, sí, hemos sido fuente de inspiración de muchas guarderías”, afirma con orgullo Emilio Cicero a Bichos de Campo. “La verdad, yo soy un productor de almendras, pero los olivos son mi pasión, son muy importantes para nosotros porque los amamos”.
“Todo empezó cuando tuve la oportunidad de comprar una finca que había pertenecido a Manuel Nucete y a Atilio Avena, dos productores que fueron mis ídolos y que yo admiraba”. Nucete fue uno de los pioneros de la olivicultura mendocina y Avena, un reconocido productor vitivinícola, cuya bodega, viñedos y marca de vinos aún está vigente.
 
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“En esta finca había olivos muy viejos que yo tenía que erradicar, y la verdad, no podía mandar a la leña algo que habían plantado estos pioneros que eran mis ídolos. Entonces, como conozco de olivicultura, decidí cambiarlos de lugar, trasplantarlos”.
En la nueva finca, que primero fue de 3 hectáreas y luego se amplió a 14 hectáreas, Emilio Cicero se llevó los olivos rescatados que habían plantado aquellos hombres a los que admiraba. Pronto, le empezaron a ofrecer más olivos centenarios y ya no pudo parar.
“Así fuimos llevando olivos. Me llamaban los amigos de la producción y me decían acá tengo uno, acá otro, conseguimos la máquina con algún otro productor amigo, el camión con otro para trasladarlo y de este modo nos hemos pasado los últimos 20 años salvando olivos para hacer este santuario que ya tiene 5.000 ejemplares centenarios”.

“Ahora -continuó Cicero- voy habilitar otra finca de 10 hectáreas, que se llama El Paraíso, donde vamos a seguir trasplantando más olivos”, adelantó.
El productor recalcó que “este santuario que hemos montado junto a mis 4 hijos, ha generado mucho interés, me han contactado productores olivícolas, incluso investigadores de la Universidad Nacional de Cuyo, que detectaron que hay algunos olivos que podrían tener entre 200 y 300 años, que habrían plantado los Jesuitas, y que van a estudiarlos para datar la antigüedad que tienen”.
El proyecto no ha pasado desapercibido, y, de hecho, Cicero ya ha sido contactado por referentes extranjeros de la actividad, que están impresionados por el rescate y la recolección de miles de olivos centenarios en un punto específico.
Además, ha llamado la atención del Gobierno provincial, que le ha ofrecido todo el apoyo necesario para abrir el parque al público y convertirlo en un lugar de referencia turística en la provincia.

Otro que se lanzó a una aventura similar, fue el experto en aceite de oliva (y también enólogo), Gabriel Guardia, referente a nivel internacional. Con el mismo pesar de ver como se arrancaban olivos del campo, el especialista comenzó una cruzada para rescatar olivares.
Cómo salvar los olivos es una actividad onerosa, ya que se necesita mano de obra y maquinaria pesada, Guardia se valió del interés de bodegas y particulares que querían trasplantar olivos añosos en sus propiedades, para financiar el procedimiento e ir rescatando los viejos olivos que estuvieran a su alcance.
En diálogo con Bichos de Campo, Guardia no dudó en aproximar una cifra: “Los tendría que contar porque tengo foto y registro de cada olivo que salvé; por lo menos, unos 2.500, con seguridad”.


 










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La meta del experto en producción y elaboración de aceites de oliva, es preservar la variedad Arauco, conservar la genética y a futuro, valerse de esta para que Mendoza vuelva a recuperar su producción.
En ese sentido, afirma que este tipo de aceituna produce un aceite muy rico en polifenoles, componente que permite multiplicar hasta por 10 veces el precio del producto en el mercado internacional, ya que estos son un superalimento para el organismo y cruciales para la buena salud.
“Nuestra variedad insignia olivícola es la Arauco y hacemos hincapié en su preservación porque es nuestro Malbec de la olivicultura, típicamente argentina y de muy buena calidad. Sin embargó, a partir de los años noventa también ingresaron otras variedades con fuerte presencia como la Picual y la Coratina”.

Guardia destaca que “todas se caracterizan por una alta concentración en polifenoles, los que son muy importantes para la salud” y en su opinión experta, esto es vital para la actividad, porque los resultados comerciales a largo plazo son totalmente distintos.
“Un aceite de oliva común a granel vale entre 5 y 6 dólares el kilo, mientras que un aceite de oliva con alta concentración en polifenoles puede valer entre 50 y 60 dólares el kilo, por eso, no podemos permitir que los viejo olivos de la variedad Arauco sean erradicados”
El último gran paso de Guardia fue armar la guardería de olivos: “Hice una fundación para este proyecto, con la que aún no he conseguido un peso, pero sí me sirvió para hacer acuerdos, entre ellos, con la Municipalidad de Guaymallén, rescatando olivos de este departamento que luego el municipio pueda aprovecharlos, relocalizarlos, ponerlos en valor, o preservarlos en la guardería”.

“También he firmado – agregó- otro acuerdo con la Municipalidad de Maipú, con la que todavía no hemos avanzado en la ejecución, pero si está el compromiso”.
Mientras tanto, Guardia se las arregló para intermediar sin cobrar un peso, entre privados que quieren deshacerse de un olivo y los que quieren rescatarlo: “Cómo mover un olivo demanda mucho dinero, porque sacar y mover seis olivos en un día cuesta como mínimo un millón de pesos, decidí abrir el juego y empecé a armar nexos entre gente que los quería quitar y quienes los querían adoptar”.
“De esta forma -dice Guardia- hemos llevado olivos a un montón de bodegas, donde yo les hago la parte de capacitación, es decir, cómo se poda, cómo se planta, cómo se riega, todo lo que deben hacer para que el olivo trasplantado viva. Todo este asesoramiento lo hago gratis; y así, el que quiere sacar el olivo de su propiedad se hace cargo del flete y el que recibe el olivo, de la mano de obra y la retroexcavadora”.

Trasladar olivos de más de 100 años de un lado a otro no es una tarea sencilla, ya que se trata de árboles que pesan más de tres toneladas, pero la planta es tan noble, que si se hace correctamente esta aguanta y sobrevive.
Por eso, primero que nada, se evalúa si el olivo que se va a quitar, transportar y trasplantar está en condiciones de soportarlo, decisión que toma un especialista o un entendido en la faena.
Luego, antes de quitarlo, se procede a la poda del ejemplar, que normalmente se hace a la cruz, es decir el tronco principal y
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