“No entienden nuestra situación”: Ganaderos de Entre Ríos piden una intervención urgente para frenar el avance del murciélago vampiro, pero les bajan el dedo en Buenos Aires, donde exigen esperar a que se detecte rabia

La proliferación de murciélagos vampiro (Desmodus rotundus) en el Litoral no es una problemática nueva. De hecho, a menudo motiva acciones preventivas y de control poblacional ya que es una especie portante de la rabia y puede generar grandes perjuicios en humanos y animales.
Pero hace al menos dos años que para los productores de los departamentos de Colón y Concordia, en la costa Este de Entre Ríos, dejaron de ser casos aislados para tornarse un problema estructural. Ya llevan detectadas varias colonias con cientos de ejemplares que, con sus mordeduras, atentan contra la producción ganadera y amenazan con provocar un conflicto sanitario aún mayor.
Llevan meses exigiendo a las autoridades sanitarias tomar cartas en el asunto, los especialistas del propio Senasa proponen hacerlo con premura, pero las gestiones encuentran el pulgar bajo en Buenos Aires, donde las autoridades nacionales de ese mismo organismo exigen aguardar hasta tanto se detecte la rabia.

El problema, señalan los ganaderos entrerrianos, es que si demora mucho más el control poblacional será demasiado tarde. Incluso, ya es un flagelo hoy, porque los murciélagos muerden a los animales y, a pesar de no infectarlos con rabia, les extraen mucha sangre, provocan pérdidas productivas e inducen la muerte.
“Los especialistas del Senasa de Colón y de Misiones nos dicen que hay que actuar ahora porque con semejante población luego van a generar más daño. Pero la orden de no hacerlo viene desde Buenos Aires, donde evidentemente no entienden nuestra situación”, explicó a Bichos de Campo el productor Javier Viollaz, uno de los ganaderos de la zona en alerta por esta situación.

En verdad, señala Viollaz, hace al menos dos años que detectan nuevas poblaciones del murciélago vampiro, sobre todo en edificaciones abandonadas, pero recién a principios de año observaron que se tornó un problema generalizado.
Eso fue lo que motivó el contacto con la dependencia del Senasa local y, por extensión, la de Misiones, que es la que cuenta con un laboratorio específico y la autorización para efectuar las tareas de prevención y control poblacional.
“Los propios especialistas nos recomendaron hacerlo para evitar a toda costa que ingrese la rabia y estaba todo organizado para que vinieran la primera semana de mayo a hacer el trabajo. Pero desde Buenos Aires avisaron que no se puede actuar hasta que no se detecte la enfermedad”, explicó el productor, que asegura haber tomado contacto con las autoridades nacionales pero sin haber recibido una respuesta efectiva aún.







Los datos suministrados por el INTA Cerro Azul y el Senasa Misiones, a los que pudo acceder este medio, dan cuenta de que incluso cuando el Desmodus rotundus no porta rabia provoca pérdidas productivas muy considerables.
El grado de afección se calcula en base a la cantidad de mordeduras. Para los casos leves -1 o 2 al mes- se estima una pérdida de entre 15 y 25 kilos, el equivalente a un mes de ganancia en los novillos. Con los datos de mayo de 2026, eso se traduce en un costo de entre 45.000 a 75.000 pesos por animal.
En los moderados -3 a 5 mordeduras mensuales-, la pérdida es de entre 2 y 3 meses de ganancia, que se traduce entre 30 y 50 kilos menos y, por ende, un costo económico de hasta 150.000 pesos por novillo. Para los graves -con más de 6 mordeduras al mes-, los especialistas prevén un impacto severo, con pérdida de peso de hasta 90 kilos, entre 4 y 6 meses de ganancia disueltos, y un costo que puede ir hasta los 270.000 pesos.
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“Te mata las vacas de todos modos. A la larga, el resultado es el mismo”, aseguró Viollaz, que pudo observar en carne propia cómo esto afecta por igual a todas las categorías de bovinos, aunque con una mayor incidencia en terneros, que tienen la piel más fina y menos defensas.
Según consta en los datos relevados por el INTA y el Senasa, las pérdidas productivas se provocan en primer lugar por el sangrado directo, ya que cada murciélago vampiro puede extraer hasta 30 mililitros de sangre por noche y, con el tiempo, provocar una anemia crónica. El otro factor es el estrés y dolor, que evitan que el animal descanse y se alimente bien. El consumo puede caer hasta el 15% y la producción de leche, por ejemplo, hasta 4 litros diarios.
Como es una herida, también existe el riesgo de infecciones, que también frenan el engorde del animal. Sin contar las muertes por rabia, entonces, los especialistas estiman que en un rodeo de 100 novillos con ataques moderados sin controlar pueden perderse hasta 4.000 kilos al año.
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El Senasa ofrece un método de control efectivo que consta de capturar ciertos ejemplares y aplicarles una pasta vampiricida, lo que permite luego infestar al resto de la población. Y eso es lo que piden que se haga con urgencia en las localidades de Colón y Concordia, donde aseguran haber detectado ya más de 20 colonias con hasta 300 murciélagos cada una. Incluso se detectaron focos dentro del Parque Nacional El Palmar.
“Estoy escribiéndole a todo el mundo para tratar de movernos y nadie me da respuesta. El problema es que una vez que se detecte la rabia va a ser tarde. Si quieren venir, recorrer los campos y ver lo que nos pasa, están más que bienvenidos. Estamos a disposición para solucionar el problema”, expresó Viollaz, con un claro pedido a las autoridades nacionales.
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