Gran parte de la película animada infantil “Intensa-mente” transcurre dentro de la cabeza de una niña de 11 años en la que sus emociones más básicas como alegría, tristeza, miedo, furia y asco marcan su cotidianeidad y generan recuerdos que quedan guardados en esferas. Seguramente allí, en varias de esas esferas han quedado las emociones que atravesaron los argentinos durante el frenético partido de octavos de final de la Copa del Mundo entre la selección argentina y la egipcia que terminó con el agónico 3-2 en favor de la albiceleste.
Días atrás le preguntamos a argentinos vinculados al campo cómo se palpita el mundial en Estados Unidos. Esta vez, buscamos ocho argentinos en distintos lugares del mundo para que cuenten cómo están viviendo el mundial lejos de casa y si en esos países tienen la pasión nuestra.
Están en Noruega, Italia, España, Bélgica, Australia, Canadá y Nueva Zelanda, y lo que primero comparten es que extrañan la locura con la que transcurren estas las épocas mundialistas en Argentina. Que se hable de fútbol en el café, el taller, el laburo, el colectivo, el kiosco, la estación de servicio, entre amigos, en la familia, hombres y mujeres, todos atravesados por una vibra diferente.
Eliana, en Noruega, a puro remo vikingo. Los noruegos están viviendo un mundial histórico. En la cancha, en las tribunas y, por supuesto, en las calles del país nórdico también, con su coreografía en la que imitan estar en un barco vikingo remando al ritmo de un tambor y al grito de “Ro-Ro-Ro”. La coreografía se ha repetido frente al Parlamento noruego, en Times Square, en escuelas, clínicas y distintos puntos del país. Así como en México 86 comenzó a hacerse la “ola” en las tribunas, este, parece el mundial del remo.
En la cancha, impulsados por la figura de Erlin Braut Haaland, el gigante rubio, es uno de los 8 seleccionados que aún queda con vida en la Copa del Mundo 2026. En un pueblito llamado Jessheim, a 35 kilómetros de la capital Oslo, vive Eliana Di Beco, una agrónoma argentina que trabaja en la industria del salmón y comparte hogar con Flash, su Golden retriever de 8 años.
“Acá son muy futboleros, incluso siguen a sus equipos en las copas europeas, así que ahora están de fiesta, se ven seguido chicos con camisetas noruegas y también, cada tanto, aparece alguno con la de Argentina de Messi, algo que me pasó también en España”, contó Eliana.
Respecto de cómo se vive en calles y locales: “Ahora no es tanto como en mayo cuando festejan en aniversario de la constitución pero sí bastante parecido, y las camisetas de la selección están agotadas”, dijo. Y agregó: “Algo que me sorprendió es que están un poco más descontrolados de lo habitual, porque es una sociedad muy tranquila”.
Incluso le tocó viajar en avión justo en el momento en que Noruega dejaba afuera a Brasil. “Una señora mayor le pidió al tripulante de cabina si podía ir diciendo cómo iba el partido y fue gracioso porque transmitieron el himno de Noruega y todos cantaban y aplaudían hasta que el piloto dijo: ´Tengo buenas noticias, ¿las quieren escuchar? Hay gol de Noruega´ y así hasta que anunció que habían ganado y todos festejaron a los gritos”.
Este es el segundo mundial que Eliana vive fuera de Argentina. El otro fue el de Qatar. En 2022 estaba en Sidney, Australia. Así lo recuerda: “Fue una locura, yo trabajaba para una empresa de familia italiana muy apasionados por el fútbol, asique siempre de fondo había una pantalla con los partidos, y fue gracioso porque el único partido que nos coincidió el horario y pudimos ir a ver a un bar repleto de argentinos lo perdimos, asique no salimos más después de eso”.
Si bien Di Beco no es muy “futbolera” para épocas mundialistas disfruta de la “liturgia” y en Noruega queda lejos de afectos y familia. Sin embargo, durante el mundial y justo para uno de los días que jugó Argentina, fue a Valencia, España, a visitar a sus hermanas que viven allí: “Los vi sufrir, reírse, enojarse, festejar al final, me había olvidado la pasión con la que viven los argentinos el mundial y quizás eso se extraña estando lejos, armar planes, juntarse, pasar un rato donde todo vale, sea gritar, festejar, dejar de trabajar para ver un gol o acostarse a cualquier hora, incluso, emocionarse hasta las lágrimas”.
Valentina y Jorge, en Bélgica. Jorge Jaef y Valentina Bisconti son una pareja de argentinos agrónomos que hoy viven en Bruselas, Bélgica. Él está trabajando en una empresa marítima, ella para una de bioestimulantes para el agro. Para ambos es el segundo mundial fuera de casa y los afectos. El de Qatar, Jorge estaba en Hamburgo, Alemania, y Valentina en Países Bajos. “La final de Qatar pude ir a verla a la cancha, fue tremendo, pero antes de eso, cuando era chiquita, fui a ver partidos del mundial Corea-Japón 2002, porque mi papá jugaba allá”, cuenta Valentina que es hija de David Bisconti, ex futbolista de Rosario Central, varios equipos japoneses, Chile, España y el seleccionado argentino, entre otros.
“En Bélgica se habla de fútbol en todos lados, hay varios fan zones gratuitos y otros donde hay que pagar una entrada mínima para limitar un poco el aforo, además, en todos los bares y supermercados hay los televisores con partidos, promociones y decoraciones del mundial”, cuenta Jorge. “Los días que juega Bélgica se ve mucha gente con la camiseta y los colores por la ciudad, pero también, como Bruselas es la sede del parlamento europeo, es muy internacional y entonces se ve algo de movimiento cuando juegan Francia, España, Portugal, etc…”, agregó Valentina.
“Los partidos de Argentina que fueron de madrugada los vimos en casa pero contra Austria y Cabo Verde, que tocaron de tarde y noche los vimos con un grupo de argentinos, uno en un bar reservado sólo para ver el partido y el otro en un fan zone con pantalla gigante, hay una comunidad de 150 argentinos en Bruselas”, contó Jorge.
Como cierre, Valentina resume lo que ambos sienten cuando les toca un mundial fuera del país: “Acá si te juntás con varios argentinos podés paliar un poco lo que te falta, pero extrañás la familia, los amigos de toda la vida, la previa, el post y todo un país palpitando juntos”.
Lucas, Italia. A Lucas Vallejo este mundial lo encuentra en Cerdeña, una isla del Mediterráneo que pertenece a Italia. El pueblo donde vive se llama Vallermosa y tiene apenas 2000 habitantes. Allí trabaja en la esquila. “Este es mi segundo mundial fuera de Argentina, porque el de Qatar estaba en Chile pero cuando Argentina llegó a semis me volví, no podía estar lejos de mi gente”, contó.
“Acá no le prestan atención al mundial, encima Italia ya va tres mundiales que no juega, aunque siempre que voy al bar tienen algún partido de fondo, lo miran y alguno comenta, pero hasta ahí”, dice Lucas, que se sorprende y llena de orgullo cuando, cada tanto, aparece “una persona con la argentina de Messi”.
Los partidos los ha mirado solo, porque los horarios no le caen bien al europeo, aunque hubo uno que fue a ver al bar y “era el único gritando los goles como loco malo”. Lo que más extraña es “esa cultura y ritual que tenemos los argentinos cuando llega un partido de la selección, juntarse, ver qué vamos a comer, qué vamos a tomar, y comentar del partido, quien jugó bien, quien tiene que entrar, esas charlas con amigos, familia o desconocidos valen oro a la distancia”, resumió.
Jéssica, España. “Es mi segundo mundial fuera del país, nosotros y un grupo de argentinos lo vivimos con bastante intensidad porque es un momento donde uno se pone la camiseta, canta el himno, y esas cosas que reivindican el sentimiento de argentinidad”, cuenta Jéssica Orce, agrónoma tucumana, hace cinco años viviendo en Murcia, España, hoy trabajando como directora de Marketing en una agencia especializada en agro y tiene una empresa de control de calidad de fruta que se llama Fruit Chain.
Sobre cómo la viven los españoles dice: “Acá no le prestan mucha atención”. Y cuenta una anécdota: “Cuando trabajaba en Tucumán, en los almacenes de frutas había que poner una pantalla para que la gente vaya a trabajar porque si no faltaba, por eso, cuando el mundial pasado ya estando acá me tocó una visita a un almacén pregunté si cortaban para ver porque justo jugaba España y ni enterados, todo sigue igual, no son como nosotros”.
Para este mundial se juntan con un grupo de agrónomos argentinos en bares o casas y arman picada, asado o comida española. Con un “condimento”: “Mi pareja y la de otra tucumana son españoles, asique cada partido es una juntada multicultural, incluso le hemos transmitido algo de nuestra argentinidad”. Dicho esto, la pregunta cae de madura, ¿Y si se cruzan en una hipotética final Argentina y España? “Ya les advertimos que se cuiden porque si no duermen afuera”, se rió Jéssica.
Lucio, en Canadá. Desde Guelph, Canadá, a una hora de Toronto, nos cuenta su experiencia Lucio Cámpora, médico veterinario argentino hoy investigador de post doctorado (terminó el doctorado hace dos meses) en tecnologías de precisión en salud y reproducción de rodeos lecheros.
Es su segundo mundial en Canadá. “Acá se vive más tranquilo que en Argentina, algunos andan con camisetas, pero no se decora mucho, no se para el país como allá y eso que este mundial les tocó ser locales”, contó Lucio, que como juega al fútbol comparte la pasión futbolera con varios compañeros canadienses.
“Como soy supersticioso los partidos de 2022, los miré sólo con argentinos, ya para este año tomé una iniciativa diferente, y los vemos con gente de otros países, para ellos es una experiencia cultural ver la locura que tenemos”, confiesa Lucio, que pone un proyector en su casa para ver los partidos. “Se arma lindo, es una experiencia enriquecedora, incluso vamos a intentar ir a un fan fest que hay en Toronto”, dijo.
No obstante, más allá de lo que haga, a Lucio le falta esa pasión “al palo” con la que se vive el mundial en Argentina: “Se extraña verlo con el grupo de amigos de siempre, hablar todo el tiempo del mundial en todos lados,
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