Hay líderes que no necesitan levantar la voz para marcar el rumbo. No buscan los flashes ni transforman cada aparición en un show mediático; prefieren observar, escuchar, aprender y, recién ahí, actuar. Lionel Scaloni pertenece a esa estirpe de conductores silenciosos.
Quizás por eso, mientras millones de argentinos todavía festejan la clasificación de la Selección a los cuartos de final del Mundial 2026 tras una trabajadísima victoria frente a Egipto, en una fábrica del interior santafesino recuerdan con nitidez otro “partido” que el entrenador campeón del mundo jugó lejos de las canchas, pero cerca de su esencia en tierras santafesinas.
Ahí no hubo tribunas colmadas, conferencias de prensa ni una pelota rodando sobre el césped. El escenario fue el corazón del interior productivo: chapas de acero, robots de soldadura, planos de ingeniería y una sembradora lista para salir a la cancha.
Entre el rugido de los motores y el aroma característico de una industria que fabrica tecnología para producir alimentos, Scaloni exhibió la misma personalidad que hoy enamora al planeta fútbol.
Fue en la planta de Súper Walter, en Las Parejas, uno de los epicentros de la maquinaria agrícola nacional. El director técnico (DT) de la selección nacional llegó casi en silencio, como un vecino más.
Quería conocer de cerca cómo se construye una sembradora, cómo produce una empresa familiar que se convirtió en referente y qué historias se esconden detrás de esos fierros que surcan los campos del mundo.
UN PARALELISMO BASADO EN LA RESILIENCIA
Para Nicolás Scarpeccio, director de la firma, aquel recorrido adquirió una dimensión completamente diferente tras el agónico triunfo argentino ante Egipto. Mientras observaba cómo la Scaloneta daba vuelta a un partido durísimo sin perder la calma, su mente viajó inevitablemente a aquellas cuatro horas compartidas con el entrenador.
“Viendo el partido, no podía dejar de acordarme de la visita de Scaloni. Cuando la Argentina iba perdiendo y el equipo nunca bajó los brazos, enseguida lo relacioné con nuestra historia”, confiesa Scarpeccio en diálogo con Infocampo.
“En Súper Walter, al igual que en la Selección, seguimos apostando al equipo, convencidos de que haciendo las cosas bien el resultado llega. Nosotros también pasamos momentos muy difíciles, especialmente en los noventa, cuando parecía que la industria nacional no tenía futuro. Ese mensaje de no rendirse es exactamente el mismo que transmite Scaloni”, sintetiza el empresario.
La comparación no surge solamente por el contexto futbolístico. Tiene raíces mucho más profundas. Habla de perseverancia, de paciencia y de la capacidad de construir procesos sólidos sin desesperarse por los resultados inmediatos. Una filosofía que atraviesa tanto a una empresa familiar como al cuerpo técnico que hoy conduce los destinos del seleccionado argentino.
EL DÍA QUE UN CAMPEÓN QUISO APRENDER DE SIEMBRA
La visita ocurrió un sábado por la mañana y no tuvo nada de protocolar. El objetivo era que el técnico conociera el enorme desarrollo tecnológico que encierra una sembradora moderna, pero los Scarpeccio se sorprendieron al notar que el DT preguntaba absolutamente todo.
“Quería entender cómo se diseñaban los cuerpos de siembra, qué función cumplía cada componente y por qué una máquina podía marcar la diferencia en la productividad de un productor“, recuerda el entrevistado.
No era una visita de compromiso: “Se detenía con cada operario para entender qué hacía y por qué lo hacía de esa manera”.
Esa curiosidad genuina dejó una anécdota que quedó grabada a fuego en la fábrica y que pinta de cuerpo entero el nivel de concentración del entrenador: durante casi cuatro horas, Scaloni jamás sacó el teléfono celular del bolsillo.
“Lo primero que nos llamó la atención fue el interés genuino que tenía por entender dónde estaba parado. No era una visita para cumplir. Quería saber cómo funcionaba cada sector de la fábrica. Escuchaba muchísimo y preguntaba constantemente. Se detenía con cada persona que encontraba para entender qué hacía y por qué lo hacía de esa manera”, recuerda el entrevistado en diálogo con Infocampo.
“En tiempos donde cualquier pausa es una invitación a mirar las redes, él estuvo completamente conectado con cada conversación, con cada empleado. Eso parece un detalle simple, pero dice muchísimo. Estaba presente de verdad”, destaca Scarpeccio.
No solo en el fútbol: Scaloni demostró sus conocimientos sobre el campo en una fábrica de sembradoras
DE LOS CHALECOS GPS AL MONITOR DE SIEMBRA
La jornada continuó en el lote, específicamente en un establecimiento de la familia Sabatini, un histórico cliente de la firma santafesina, donde una sembradora Titán trabajaba a pleno.
Lejos de quedarse observando desde la camioneta, Scaloni se metió en la tierra, caminó el surco y siguió de cerca la tecnología de implantación.
Fue allí donde el agro y el fútbol rompieron cualquier distancia a través de la tecnología: en la cancha, los jugadores entrenan con dispositivos GPS en la espalda para medir sprints, distancias y respuestas físicas en tiempo real.
En el lote, por su parte, la sembradora opera de forma idéntica, mapeando el rendimiento de cada surco, evaluando la calidad de la implantación y administrando la densidad de semillas según el ambiente.
“Le explicaba que la sembradora usa prácticamente los mismos principios que los GPS de los futbolistas. La máquina genera información permanente para tomar decisiones sobre la marcha. El DT lo entendió al toque: en ambos casos, la tecnología es una herramienta para optimizar las decisiones humanas”, explica el director de Súper Walter.
LIDERAZGO SIN EGO: EL FACTOR HUMANO
Al ser consultado sobre qué fue lo que más lo impactó del DT de la Selección, Scarpeccio no duda: la humildad para conducir personas.
“Nosotros estamos acostumbrados a vivir acelerados, pendientes del mail o del problema del día. Él hizo lo contrario: se tomó el tiempo para escuchar. Yo le cebaba mates, hablábamos de la historia de la fábrica, de los desafíos de la industria, y él estaba totalmente concentrado. No impone desde el ego, construye desde la confianza”, analiza.
Esa filosofía se traduce en cada conferencia de prensa del seleccionado. Argentina gana, los elogios van para el cuerpo técnico, pero Scaloni inmediatamente corre el eje y le traslada el mérito a sus jugadores.
“Cuando terminó el partido con Egipto y lo escuché hablar, me acordé de lo que vivimos acá. Él dijo que sin buenos jugadores nada sería posible. Hace lo mismo que mi viejo en la empresa: darle protagonismo al equipo para seguir creciendo, sin necesidad de demostrar quién es el más importante”, reflexiona Scarpeccio.
En esa actitud, el director de Super Walter cree haber encontrado una de las principales razones que explican el fenómeno de la Selección Argentina. Porque, según sostiene, antes que un gran estratega, Scaloni logró convertirse en un gran conductor de personas.
“Yo hago permanentemente ese paralelismo porque creo que es importante entender qué pasa cuando detrás de una organización hay buenos líderes. Lo mismo ocurre en la selección y en una empresa. Cuando el líder entiende que el éxito depende del equipo, todo cambia”, explicó orgulloso.
“Nosotros somos una empresa familiar donde mi papá fue construyendo un camino durante décadas y hoy nos dio lugar a nosotros para seguir creciendo. Scaloni hace algo parecido: les da protagonismo a sus jugadores. No necesita demostrar que él es el más importante”, diagnosticó.
EL ADN DEL INTERIOR QUE EXPORTA AL MUNDO
Para Súper Walter, existe un hilo invisible que une a Pujato, la tierra de Scaloni, con Las Parejas. Es el ADN del interior productivo, ese rincón del país que, a pesar de los golpes económicos, nunca deja de pedalear.
Hoy, esa perseverancia da frutos concretos. Mientras la selección avanza firme en la Copa del Mundo, la firma santafesina se prepara para un hito histórico: en pocas semanas enviarán su primera sembradora a Rumania.
“Es exactamente la misma sensación que cuando el equipo gana un partido clave. Detrás de esa máquina que cruza el océano hay años de desarrollo, muchísima gente comprometida y un enorme trabajo colectivo”, expresó emocionado Scarpeccio.
Al final de la jornada, la Copa del Mundo y una sembradora con destino europeo nacen del mismo suelo y se hamacan bajo la misma premisa: la de un equipo que, bajo la guía correcta, nunca deja de creer.
Ocurre que la gestión de Súper Walter, al igual que la “Scaloneta”, se basa en procesos planificados donde cada eslabón es vital. No hay lugar para la improvisación cuando se busca la excelencia, ya sea en la siembra de precisión o en una definición por penales.
AMOR A SU COMUNIDAD
La familia Scarpeccio entiende esto a la perfección, aplicando una visión de comunidad que trasciende lo económico. Así como Scaloni nunca olvida a su club, Matienzo de Pujato, los Scarpeccio han dejado una huella imborrable en Las Parejas con gestos como la donación de la sala de terapia intensiva al hospital local cuando la empresa cumplió 65 años.
“Fue una muestra también de la humildad de mi viejo y de la generosidad de la familia Scarpeccio en cuanto a la ayuda para toda la comunidad“, relata el entrevistado, quien participa activamente en su localidad colaborando de manera permanente con el Club Sportivo. Este compromiso social es otro punto de contacto con el DT.
Es el “corazoncito” del interior: el de Scaloni en Pujato y el de los Scarpeccio en Las Parejas, donde el éxito empresarial o deportivo se traduce en bienestar para el vecino, a menudo desde el anonimato, pero siempre con la convicción de que nadie se salva solo.
“Somos una sociedad que ha sufrido muchísimos golpes, pero nunca deja de soñar. Nunca deja de trabajar. Eso lo ves en una fábrica, en un productor agropecuario y ta
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