Turquía, entre dos conflictos militares

Tener que manejar las consecuencias de una guerra ajena cerca de sus fronteras es un desafío mayor para cualquier país; pero gerenciar el impacto de un simultáneo y foráneo conflicto militar en la propia zona de influencia es un reto mayúsculo. Esto es lo que enfrenta Turquía, que debe actuar diplomáticamente en forma muy sofisticada ante un par de guerras iniciadas ilegalmente desde el punto de vista del derecho internacional. Y por dos potencias nucleares miembros del Consejo de Seguridad de la ONU: Rusia y EE.UU.Turquía tiene una ubicación de suma importancia geopolítica, y posee un pie en Europa y otro en Asia. Así, controla los estrechos del Bósforo y de Dardanelos, que unen al mar Negro con el Mediterráneo. Desde esta posición estratégica, Turquía mantiene buenas relaciones con Rusia, Ucrania, EE.UU. e Irán. Con Europa ha sido complejo, ya que, según el premio Nobel de Literatura Orhan Pamuk, un cierto sentimiento antiturco en Europa llevó al sentimiento antieuropeo en Turquía. Ankara desarrolla además una estrategia de diversificación internacional que se refleja en su vasta red de misiones diplomáticas, la tercera entre las más extensas del mundo.Ankara adoptó una posición intermedia respecto de la invasión rusa a Ucrania, que enfrenta a dos naciones con costa sobre el mar Negro. Rusia y los turcos tienen un conocimiento mutuo ancestral: pelearon 13 guerras en esa zona desde el siglo XVI y, como consecuencia, negociaron 13 acuerdos de paz, generando una profunda interacción. En este contexto, Ankara condenó a Moscú por la invasión a Ucrania, pero no se sumó a las sanciones económicas de los países occidentales. Turquía es miembro de la OTAN, con bases en Incirlik (con 50 armas nucleares), Esmirna y Konya, y radares en Kürecik –a 500 kilómetros de Irán–, pero evita roces con Rusia. Frente a este conflicto, Turquía ejerció el derecho –por el tratado de Montreux de 1936– de cerrar el estrecho del Bósforo, dada la situación de guerra. Esta prohibición al tráfico de naves militares beneficia más a Ucrania que a Rusia. Por otro lado, intentó mediar: primero en las frustradas reuniones en el Palacio Dolmabahçe en Estambul, apenas iniciada la guerra, y luego con reuniones en Antalya. Curiosamente, Turquía, que posee una alta autonomía estratégica militar, equipó a Kiev con algunos letales drones Bayraktar TB2.Con respecto al conflicto entre EE.UU. e Israel contra Irán, Turquía se ha mantenido neutral, pero se muestra preocupada por la potencial inestabilidad regional y el consecuente flujo de refugiados. Este conflicto es muy preocupante para una potencia regional como Turquía, que, decepcionada con el trato dado por Europa, se había orientado hacia Eurasia. Así, Ankara condenó el ataque inicial de EE.UU. e Israel a Irán, que consideró ilegal según el derecho internacional. A su vez, para el presidente Recep Erdogan, este conflicto es “una guerra sin sentido”. Turquía no quiere que el conflicto se expanda a Irak y Siria, y menos al Líbano, debido a los desequilibrios que se podrían generar en la región. Aunque Erdogan ha criticado públicamente a Netanyahu por su actuación en Gaza y su invasión al Líbano, Ankara ha tratado –complementando a Pakistán– de mediar en el conflicto entre EE.UU. e Irán.Por último, como consecuencia de estos conflictos, Turquía se preocupa por su aprovisionamiento directo de energía que proviene de Rusia (un 40%) y de Irán (un 15%), y por la suba del precio de la energía, causada por la guerra del Golfo.Especialista en Relaciones Internacionales
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