Chau al mito de la soja de baja calidad: El INTA diseñó un mapa que demuestra que el poroto argentino es superior en los aminoácidos importantes

Durante años, el sector agroindustrial argentino convivió con una suerte de complejo de inferioridad, aceptando como una verdad revelada que su soja era de peor calidad que la de competidores como Brasil o Paraguay simplemente porque los niveles de proteína bruta eran más bajos.
Sin embargo, un trabajo de largo aliento presentado por el INTA y Acsoja en la Bolsa de Comercio de Rosario, permitió construir el primer mapa nacional de calidad con datos propios, rompiendo la dependencia de estudios extranjeros que muchas veces carecían de trazabilidad clara sobre el origen de las muestras.
La investigación, que ya transita su quinta campaña consecutiva y cuenta con el respaldo de 115 agencias de extensión en todo el país, reveló que el valor real de la producción local no está en la cantidad total de proteína, sino en la calidad nutricional de sus componentes fundamentales.
Cecilia Accoroni es la exploradora de la soja: Se mete en el interior de los granos y ahora prepara un mapa clave para la Argentina, porque medirá la calidad de su principal producto de exportación

Cecilia Accoroni, investigadora del INTA Oliveros y coordinadora de este relevamiento, explica a Bichos de Campo que para entender la importancia de este hallazgo es necesario cambiar el paradigma de evaluación, ya que según explica, “la proteína funciona como una casa y los aminoácidos son los ladrillos que la constituyen”.
De acuerdo con la especialista, cuando un animal o un humano consume soja, lo que realmente busca es la biodisponibilidad de esos ladrillos, y es allí donde el poroto argentino marca una diferencia competitiva estratégica. En el estudio se focalizaron en los cinco aminoácidos clave para la nutrición: lisina, cisteína, metionina, triptófano y treonina. Lo que Accoroni destaca como la gran sorpresa del diagnóstico es que estos componentes están bastante por encima de lo que la bibliografía internacional informaba para la soja argentina, alcanzando un valor promedio de 15,06 frente al 14,36 que se le atribuía históricamente.

Este descubrimiento desmitifica la idea de que la soja importada de países vecinos es necesariamente mejor solo por tener más puntos de proteína bruta. Cecilia Accoroni señaló: “La sorpresa que nos llevamos es el hecho de que esos cinco aminoácidos importantes están bastante por encima en proporcionalidad de lo que la bibliografía decía para Argentina”.
En tanto, Accoroni remarcó que “existe este efecto de que a menor contenido proteico tenemos mayor proporción de estos aminoácidos”, lo cual significa que el poroto nacional es menos cantidad pero de mejor calidad biológica. Esta resiliencia nutricional se mantiene incluso en campañas difíciles, ya que el grano cuenta con un mecanismo de regulación natural. “Aun cuando el contenido de proteína disminuye, los aminoácidos clave se sostienen. Existe una compensación entre ellos que preserva el valor nutricional del grano y esto representa una fortaleza para la industria y nuestros mercados”, aclaró la especialista. Bajo esta premisa, la experta fue tajante al afirmar que “mayor contenido de proteínas no necesariamente significa que es una mejor calidad de proteína”.

La radiografía territorial que ofrece este mapa, dividida en ocho regiones productivas, permite además identificar tendencias claras para el manejo y la industria. Accoroni detalló que la “Zona núcleo y Santa Fe Centro” se consolidan como polos aceiteros destacados, ya que allí las muestras “tienen hasta dos, tres puntos más de aceite, lo cual es realmente interesante” para las plantas de molienda del Gran Rosario.
Por otro lado, aunque zonas como el NOA muestran los niveles más altos de proteína bruta, los volúmenes de producción son menores en comparación con la zona central.
El relevamiento también puso el foco en el manejo agronómico, advirtiendo que solo el 43 por ciento de los productores fertiliza el cultivo, una práctica que impacta directamente en la composición final. Sobre este punto, los análisis demostraron que la nutrición del lote eleva significativamente la presencia de aminoácidos como la metionina y la cisteína.

Contar con esta información soberana representa el primer escalón para una transformación en la comercialización de la oleaginosa. Según la investigadora, el mapa permite validar o refutar datos externos que a veces perjudican el posicionamiento del producto argentino.
“Hoy conocemos esa calidad y a medida que van pasando los años lo que vamos viendo es si esas tendencias de ciertas zonas de tener una mejor calidad de proteína se mantienen”, explicó Accoroni.

La especialista planteó que, a futuro, este análisis podría ser la herramienta necesaria para pensar en una comercialización diferenciada o segregada, donde se empiece a pagar por el perfil de aminoácidos y su aprovechamiento real.
“Probablemente el tema de evaluar los aminoácidos y los porotos de soja desde el punto de vista de aminoácidos y no tanto de harina sea en el futuro una herramienta de comercialización. Hoy ya estamos en un primer escalón”, concluyó la investigadora.

Con esta evidencia científica, la cadena sojera nacional busca posicionar al país en segmentos de mayor valor agregado, respaldando su ventaja competitiva con argumentos objetivos frente a los mercados internacionales..
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