La soja es, sin dudas, el motor de la agricultura argentina, pero paradójicamente sigue siendo el cultivo donde la tecnología de nutrición encuentra mayores resistencias.
En el marco del reciente Seminario Acsoja, Roberto Rotondaro, presidente de Fertilizar AC, dialogó mano a mano con Infocampo para analizar por qué la fertilización sigue siendo una materia pendiente en vastas zonas productivas y cuáles son los riesgos de continuar “minando” la fertilidad natural de la región pampeana.
El diagnóstico que presentó Rotondaro es contundente: el suelo está enviando señales de alerta que ya no pueden ser ignoradas.
“Mostramos algunos datos que tienen que ver con el balance de carbono, con el balance de fósforo y el contenido de fósforo de los suelos“, explicó el especialista, basándose en un trabajo de monitoreo que la entidad realiza junto al INTA desde hace más de 15 años.
Según Rotondaro, el escenario actual muestra una brecha significativa en la adopción tecnológica. “Hoy sabemos que los productores de soja de primera fertilizan menos de la mitad de los casos; menos del 50% utilizan fertilizante en el cultivo de soja“, precisó el ingeniero.
Esta cifra revela una oportunidad perdida no solo en términos de productividad inmediata, sino también en la preservación del activo más importante del productor: su campo.
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EL MAPA “EN ROJO” DE LA ARGENTINA
Para Fertilizar AC, el objetivo es claro: incrementar tanto el porcentaje de lotes fertilizados como las dosis aplicadas.
“Ahí tenemos una oportunidad importante de incrementar primero el porcentaje de productores y lotes fertilizados y después las dosis de fertilización, tanto de fósforo como también incorporar el nutriente azufre, que son claves en soja“, subrayó Rotondaro durante la charla.
Uno de los puntos más críticos de la disertación fue la comparación de la situación argentina con la de otras potencias agrícolas. Mientras que países como Brasil o Estados Unidos mantienen balances de nutrientes equilibrados o incluso positivos, Argentina transita el camino inverso.
El suelo pampeano, históricamente reconocido por su riqueza, ha actuado como un “subvencionador” silencioso de la producción nacional, pero ese recurso tiene un límite.
”Argentina es uno de los pocos países donde el balance de fósforo es negativo y bien negativo; es decir, la cantidad que aportamos vía fertilizante no llega a cubrir la extracción que hay de fósforo”, alertó Rotondaro en diálogo con Infocampo.
”El suelo y su fertilidad natural en la región pampeana fue de alguna manera abasteciendo nutrientes y subvencionando la agricultura, la producción de granos, de leche, de carne y otros. Pero los suelos, y lo muestran los mapas, se están agotando”, sentenció el presidente de la entidad.
Esta situación se traduce en mapas de suelo que muestran niveles de fósforo de bajos a muy bajos en áreas cada vez más extensas.
EL FERTILIZANTE COMO VARIABLE DE AJUSTE
Para el titular de Fertilizar, estos mapas son “un signo de alerta” y un llamado a la acción inmediata para los actores del sector. La dependencia de la fertilidad natural ya no es una estrategia viable si se busca estabilidad en los rindes frente a las variabilidades climáticas y económicas.
El impacto de este agotamiento es acumulativo, por lo que resulta indispensable un giro en el planteo técnico.
Rotondaro enfatizó que “es importante que reaccionemos a tiempo” y que la nutrición debe integrarse en un sistema de manejo que incluya otros pilares fundamentales.
“La siembra directa, la rotación de cultivos, el uso de cultivos de servicio y la fertilización tienen que estar alineados”, afirmó, señalando que esta sinergia es la única garantía para producir de manera más estable en el tiempo.
Al ser consultado sobre las razones por las cuales el productor decide no fertilizar, a pesar de conocer los beneficios, Rotondaro apuntó directamente a la compleja coyuntura económica que atraviesa el sector.
El peso de los derechos de exportación y los márgenes ajustados obligan a los productores a realizar un control estricto de costos, y es allí donde la nutrición suele llevarse la peor parte.
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”Muchas veces las condiciones económicas, los márgenes de los cultivos y también todo el tema que tiene que ver con retenciones hacen que uno ajuste costos“, analizó el ingeniero. En ese esquema, existen gastos que son ineludibles para iniciar la campaña, como la semilla o el control de malezas, lo que deja al fertilizante en una posición vulnerable.
UNA MIRADA DE LARGO PLAZO
”El productor la semilla la tiene que adquirir, el control de maleza lo tiene que hacer, la siembra la tiene que hacer, y muchas veces el fertilizante es uno de los insumos que se incorpora menos o no se aplica como ocurre en el caso de la soja“, detalló.
Esta visión de corto plazo, según Fertilizar, se basa en una confianza excesiva en la capacidad de respuesta del suelo.
Muchos productores asumen de antemano que “el suelo me puede dar y puedo obtener un buen rendimiento”, dejando de lado el aporte externo de nutrientes.
Sin embargo, Rotondaro abogó por un cambio de paradigma: “Nosotros creemos que la mirada tiene que ser distinta, que tiene que haber una mirada de cuidar ese recurso suelo para beneficio del productor“.
La paradoja radica en que, al recortar en fertilización, el productor está renunciando a una rentabilidad adicional que podría ayudarlo a enfrentar mejor, precisamente, esos márgenes ajustados.
Los ensayos técnicos presentados por Matías Saks en el mismo evento demostraron que el impacto de una nutrición adecuada, tanto en soja de primera como de segunda, es sustancial tanto en rendimiento como en calidad.
Los números que maneja Fertilizar AC son elocuentes y deberían ser el principal argumento para revertir la tendencia actual. Los ensayos realizados en diversas redes de nutrición muestran que la brecha entre un cultivo bien nutrido y uno que depende solo del suelo es lo suficientemente amplia como para justificar la inversión, incluso en años difíciles.
HASTA 900 KILOS DE RESPUESTA
”Estamos demostrando en los diferentes ensayos que el productor puede obtener entre 300 hasta casi 900 kilos más de soja por hectárea”, reveló Rotondaro.
Estas cifras no son menores si se considera el volumen total de la cosecha argentina; se trata de una producción que hoy “se está quedando en el camino” por falta de tecnología.
”Son números muy importantes y, como los mapas muestran niveles de fósforo cada vez más bajos, las posibilidades de respuesta al agregado de nutrientes son más importantes”, agregó.
A pesar de los desafíos, el presidente de la entidad mantiene una visión optimista sobre la evolución de la tecnología en el campo argentino, remarcando que, aunque el proceso es paulatino, la tendencia histórica muestra un crecimiento sostenido.
”Un dato duro: de la década del 90 para acá multiplicamos por cinco el uso de fertilizantes. La tasa de crecimiento de uso de fertilizantes en Argentina es el 8% anual, con sus altibajos”, destacó el dirigente.
Más enfático, Rotondaro apuntó que “durante muchos años la soja fue vista como un cultivo al que se le podía exigir sin devolverle nutrientes. Hoy sabemos que ese camino tiene un límite. Si no corregimos esa situación, estamos comprometiendo la sustentabilidad de todo el sistema agrícola y comprometiendo la sostenibilidad de nuestro país como proveedor de alimentos al mundo”.
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En este orden, el especialista explicó que la soja todavía presenta una brecha de rendimiento cercana al 30%, lo que evidencia un amplio margen para aumentar la producción nacional mediante un manejo nutricional más eficiente. Al mismo tiempo, expresó su profunda preocupación por la disminución del contenido de proteína de los granos en las últimas campañas.
BIOLOGÍA Y NUTRICIÓN EQUILIBRADA
En ese sentido, durante su disertación en el Simposio presentó evidencia científica que demuestra que la inoculación con rizobios y una nutrición equilibrada con fósforo y azufre, combinando rotaciones con gramíneas bien fertilizadas, pueden contribuir notablemente a sostener e incluso mejorar esos niveles, dependiendo siempre del ambiente y la genética del cultivo elegido.
Desde Fertilizar AC destacaron que “si bien la soja tiene altos requerimientos de nitrógeno, este nutriente es principalmente provisto por las bacterias en sus raíces; por lo tanto, es importantísimo priorizar esa simbiosis y contribuir a cuidar la materia orgánica del suelo y el ambiente edáfico”.
Finalmente, Rotondaro reafirmó el compromiso inquebrantable de la institución en la generación y difusión de conocimiento técnico para lograr producciones más sostenibles en el tiempo. El desafío queda ahora planteado tanto para las tranqueras adentro como para el diseño de políticas sectoriales.
”Es el propósito que tenemos desde Fertilizar: difundir conocimiento para mejorar la nutrición de los cultivos. Trabajamos todos los días para eso, para que seamos de alguna manera más sostenibles en el tiempo”, concluyó.
Por lo expuesto por el especialista, la pelota está ahora del lado de los productores y de las políticas públicas que deben acompañar este cambio necesario para proteger el recurso más valioso de la Nación.
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Durante el Seminario de Acsoja, el presidente de Fertilizar, Roberto Rotondaro, alertó que menos de la mitad de los productores de soja de primera aplican fertilizantes. "Argentina es uno de los pocos países donde el balance de fósforo es negativo", lamentó.