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Floyd Mayweather, un campeón en problemas: juicios adversos y bloqueos legales para volver al ring
A los 49, quien fue cinco veces campeón mundial y uno de los mejores de la historia afronta un presente repleto de problemas legales que le impiden regresar a la escena
El estadounidense Floyd Mayweather, quíntuple campeón mundial de boxeo, afronta a sus 49 años distintos desafíos judiciales, como demandado y demandante, por incumplimientos contractuales que podrían llevarlo al derrumbe económico o al engrosamiento de una fortuna que alguna vez rozó los mil doscientes millones de dólares. Inmerso en una instancia riesgosa que históricamente aniquiló a muchas estrellas de este oficio. El periodista norteamericano Dan Rafael, uno de los críticos más populares de este deporte, publicó un creíble informe en sus redes donde destaca –a modo de contrapunto- las acusaciones hacia el boxeador y las réplicas del mismo en distintas instancias tribunalicias. “Mayweather está en bancarrota, diga lo que diga. Nadie le debe 7.5 millones de dólares al IRS (Servicio Impositivo de USA) y emite un cheque sin fondos por 200.000 dólares para comprar un reloj”. Estas declaraciones fueron realizadas por Judd Burstein, abogado de la compañía CSI Entertainment, con la cual Floyd firmó por dos compromisos asumiendo deudas por distintos adelantos recibidos. El primero: para efectuar una exhibición con Mike Tyson, en África, en mayo pasado, por una paga cercana a los 14 millones, que por contratiempos en el excampeón de los pesados se canceló; el restante: un desquite con el filipino Manny Pacquiao, en Las Vegas, por aproximados 30 millones. Cuando todo estaba acordado, comenzaron a objetarse ciertas regulaciones de la pelea oficial que terminaron estancando la gestión. Mayweather el jueves último dejó sin efecto esta revancha que entusiasmaba a muy pocos. Floyd cobró anticipadamente más de seis millones de dólares por parte de CSI, que ahora reclama judicialmente la devolución de los mismos y el daño comercial producido. El púgil asevera todo lo contrario: incumplieron con él y deberán indemnizarlo. “El equipo de abogados de Floyd Mayweather avanza con su demanda por 340 millones de dólares hacia la compañía Showtime por supuesto fraude en la liquidación de ganancias en sus peleas de los últimos años y además corroboró su petición a la compañía Frist Apex Venture por 175 millones por liquidaciones espurias”. Este es el comunicado de sus letrados. Entre corrillos y rumores se plantean las supuestas ventas de algunas valiosas propiedades del multicampeón para sobrellevar estos momentos. Pero, en realidad, nada se oficializó hasta el momento. La primera resolución fue contundente en contra del excampeón. El jueves último, un tribunal Federal de Estados Unidos, prohibió todo tipo de presentaciones boxísticas de Mayweather en todo el mundo por incumplir con estos compromisos acordados y la consecuencia inmediata fue la cancelación de su presentación en Grecia prevista para esta noche. Mas allá de todas las restricciones que CSI Entertainment interpuso para abortar todo tipo de presentaciones públicas de Floyd, por una supuesta exclusividad laboral por documentos ya firmados, el díscolo púgil de Gran Rapids, Michigan, lamentó en Atenas la suspensión de de su exhibición con el ídolo del kickboxing griego Mike Zambidis, de 45 años y un historial impecable en artes marciales. CSI también pudo cancelar por vía legal la difusión de este evento previsto, en primera instancia, por la plataforma DAZN. Este desafío se iba a llevar a cabo en el complejo Olímpico de Atenas en una escenografía legendaria, comparable con aquellas citas mitológicas, como en el año 3000 a.C cuando se enfrentaban allí Dares y Entelo, bajo la lupa narrativa de Virgilio, expuesta en La Eneida y considerada como la primera crítica pugilística. Mayweather es un personaje inagotable. De leyenda. Ideal para una ilustración de los pensadores de cualquier era humana. Pero como todo aquello que comienza a tener roces frecuentes con las demandas, los juicios y los pleitos tribunalicios, empieza a oler mal. Sobre todo, cuando recibe sus primeros sinsabores en las fiscalías y en los espectáculos, ajenos a sus bloqueos en las cuerdas y a sus contragolpes fascinantes. Y es para empezar a para preocuparse.