Turquía se despidió a lo grande y les amargó la fiesta a los suplentes de Estados Unidos

A fuerza de goles y triunfos, la selección de los Estados Unidos tiene encandilado a un público que llena los estadios, empuja al grito del “¡iu-es-ei!”, se deleita con la música y los juegos de luces en los entretiempos, está encantado de compartir el mismo ámbito que las estrellas de Hollywood cuando se presenta en Los Ángeles y sueña con celebrar un éxito inaudito en un juego que nunca estuvo entre sus preferencias.Turquía le amargó esta vez la fiesta de manera inesperada. Corría el noveno minuto de descuento, cuando Kaan Ayhan, volante tapón del Galatasaray a quien Vincenzo Montella acababa de brindarle la posibilidad de contarle a sus nietos que había jugado un Mundial, estiró la pierna derecha para establecer el 3-2, festejar con toda la rabia de una eliminación prematura y bajarle los decibelios al entusiasmo local. Pero todo indica que en el próximo partido, contra Bosnia y Herzegovina en San Francisco, el show volverá a comenzar. Mauricio Pochettino puede tener posturas futbolísticas y hasta opiniones sociopolíticas más o menos discutibles, aunque nadie puede negarle una virtud sustancial: ha captado a la perfección qué tipo de fútbol es el necesario para enganchar a los espectadores de un país que vibra con los deportes que derraman energía por los cuatro costados. Nada de ejercer el dominio con posesiones largas, toques laterales y la pelota bajo la suela hasta desordenar al rival. Como en el fútbol americano, el hockey sobre hielo, la NBA y hasta el béisbol, la gente pide ir al hueso en cada acción, y el santafesino nacido en Murphy le entrega exactamente eso: un equipo que presiona de manera frenética para recuperar la pelota y atacar a velocidad supersónica.Con el primer puesto del grupo en el bolsillo (segunda vez que Estados Unidos consigue semejante gesta en sus once participaciones en Mundiales), el técnico argentino decidió guardar fuerzas para futuras batallas y ofrecerles a los suplentes la oportunidad de mostrarse. La prueba no le salió bien en el resultado, pero seguramente le servirá para saber con quiénes puede contar en los próximos retos. Sebastian Berhalter sin duda integrará esa lista. Volante central de muy buen pie, el jugador de los Vancouver Whitecups que disputan la MLS fue el más destacado del equipo B. Lanzó con precisión el córner que el zurdazo de Auston Trusty transformó en 1 a 0 a los 2 minutos del inicio, y a los 3 de la segunda mitad le puso el empeine a un rechazo y su tremendo derechazo bajo fue el transitorio 2-2. Pero además fue el más preciso y lúcido en los pases, y avisó que si se trata de raspar también dice presente. Los otros nueve no habituales que salieron a la cancha en el arranque (Weston McKennie fue el único titular), en cambio, dejaron claro que llevan incorporados los conceptos básicos del estilo que pregona Pochettino, pero no poseen tanta calidad técnica como para convertir la teoría en ejecución correcta con la frecuencia necesaria. Hubo fallos notables en la marca, le faltó continuidad y solvencia a la elaboración en el medio, y ninguno de los delanteros rindió a la altura de Dest, Balogun y Pulisic. Los turcos, ya sin nada que ganar ni perder, supieron aprovechar muy bien las ventajas. Sobre todo Arda Güler, autor del 1 a 1 después de dejar mal parado a Mark McKenzie con un amague sin tocar el balón, ir a buscar la devolución y definir de zurda. El pibe del Real Madrid -21 años- se divirtió tirando caños (uno de ellos fue el origen del tanto del triunfo), y aunque “desapareció” durante buena parte del encuentro, su calidad fue el motor que impulsó a los otomanos para sacarse la mufa de un Mundial que querrán olvidar lo más pronto que puedan.Más que de fracaso -el ranking FIFA lo situaba como segundo de su grupo por detrás de Estados Unidos-, lo de Turquía puede calificarse de desgracia. Se condenaron mucho antes de lo previsto jugando mal contra Australia en el debut y pagaron demasiado cara su ineficacia frente al arco en el choque ante Paraguay. En la despedida resultó elogiable su entereza y motivación para lavar la imagen y no marcharse con las manos vacías. El torneo extrañará a los Güler, Çalhanoglu, Köckü y compañía. En el segundo tiempo, Pochettino de a poco fue rescatando a algunos de los futbolistas que tan buen juego regalaron en los primeros partidos. Volvió Christian Pulisic, recuperado de su lesión y ovacionado por la gente. Dejó el sello de algunas gambetas, el arquero Ugurcan Çakir le negó dos veces el gol y se fue apagando con los minutos. Más tarde entraron Adams, Dest y Tillman, pero los locales ya habían extraviado el ritmo y no lograrían recuperarlo.Estados Unidos se quedó con las ganas de batir un récord y vencer en tres partidos consecutivos de un Mundial. Peor aún, perdió el invicto y no pudo dibujarles una sonrisa a los Di Caprio, Brad Pitt, Edward Norton, James Cameron, Owen Wilson y demás celebridades que miraban desde las tribunas. Pero no dañó su pinta de equipo que será difícil de vencer para cualquier rival que se cruce en su camino. Pochettino supo darle carácter y estilo, y con los titulares sobre el césped el American Dream futbolístico permanece intacto. En San Francisco y contra los bosnios, seguro que el show va a continuar.
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