Murió Daniel Castellani. Su última entrevista con LA NACION, en la que reveló la enfermedad que padecía: “Me dejó sensible”

La muerte de Daniel Castellani sacude a la familia del vóleibol argentino. Si bien era un secreto a voces el delicado estado de su salud, el impacto de la noticia sacude al ambiente. A los 65 años y tras varios años de lucha contra un cáncer se fue uno de los hombres más emblemáticos de su deporte, primero como jugador, siendo un trotamundos de las mejores ligas del mundo y después como DT, siendo su última estación el desafío de dirigir un equipo femenino, la selección argentina, las Panteras. Justamente, esa decisión obedeció al desafío de seguir sintiéndose vivo mientras asumía un duro tratamiento que lo llevaba, lógicamente, a pasar por subes y bajas. En octubre de 2023, en el marco de los Juegos Panamericanos de Chile, le concedió a LA NACION la entrevista que a continuación se reproduce, en un marco de amabilidad y sensibilidad poco propia de figuras de su talla. Esa tardenoche en el Arena de Santiago, Daniel Castellani propuso la intimidad del vestuario para charlar con claridad, como se había comprometido. Allí, muy cerca de las Panteras y de su equipo de trabajo, se quebró varias veces al hablar por primera vez de su enfermedad. Entonces, cuando asumía la hostilidad del proceso, ya tenía su habla afectada. Pese a eso no perdía la energía de hacer y hacer. Dueño de un legado bastante privativo, Daniel Castellani construyó una carrera respetada por todos. En seis años, Castellani vivió emociones muy fuertes. Tenía 21 cuando le tocó ser el capitán de un seleccionado revolucionario que marcó la explosión del vóleibol argentino. El Mundial de 1982 lo encontró como integrante de una camada espectacular que logró la medalla de bronce en el Mundial realizado en la Argentina, la mayoría de esos partidos en el Luna Park. Con Hugo Conte, Waldo Kantor, Raúl Quiroga y Estaban Martínez, entre otros, provocaron un impulso muy particular en una disciplina que por entonces era vista como un juego playero. Ellos, guiados por el sabio coreano Young Wan Sohn, cambiaron el deporte en el país, como en su momento Guillermo Vilas cambió al tenis. Castellani llevaba el 2 en la espalda y era uno de los referentes de ataque. También, de los pocos que, en esos tiempos, efectuaba el saque de potencia, dando un salto antes de impactar la pelota.La mística de ese equipo se prolongó varios años, hasta llegar al otro gran momento: los Juegos Olímpicos de Seúl 1988. Sí, aquellos del doping de Ben Johnson en la final de los 100 metros contra Carl Lewis y los de la medalla plateada de Gabriela Sabatini. El vóleibol argentino hizo historia al alcanzar un nuevo podio. Tras perder en las semifinales con Rusia, en el match por el tercer puesto derrotaron, en un dramático partido, a Brasil por 3-2. El mismo grupo, pero ya con la conducción de Luis Muchaga. Y siempre Castellani como capitán. Quizá en ofensiva la espectacularidad mayor pasaba por Conte, Quiroga y el Mono Martínez, Pero Castellani se bancaba como ninguno los momentos de presión.Mucho tiempo después, ya como DT del seleccionado masculino, llevó al equipo a la obtención de la gloriosa medalla de oro de los Juegos Panamericanos de Mar Del Plata 1995. Las Panteras fueron su última gran estación y motivación, pese a que en el último tiempo, por los altibajos de su salud, prácticamente no pudo dirigirlas. Su legado es incuestionable, por lo estrictamente deportivo, pero también por los valores que promulgaba.// // //Aquí, la última entrevista de Daniel Castellani con LA NACION SANTIAGO DE CHILE.- De fondo, el Arena Parque O’Higgins es un hervidero. Los animadores de la final femenina de vóleibol en los Juegos Panamericanos Santiago 2023 levantan al público y la música rebota como un búmeran en todos los rincones. Pero acá, abajo de las tribunas, algo alejado, Daniel Castellani busca un rincón medianamente tranquilo, cerca del vestuario argentino, y detiene el tiempo. Accede a la entrevista con LA NACION con mucha amabilidad y avisa que ya hace años perdió la mayor parte de su voz y que por eso es mejor hacerla acá, sin tanto ruido. Se esfuerza mucho para sacar las palabras y esa es una evidencia tan clara como las que impone el paso del tiempo.Ya no es ese flaco espigado que como jugador integró una de las selecciones más gloriosas de la historia, con el bronce en el Mundial 82 y en los Juegos Olímpicos de Seúl 88, aunque mantiene los rasgos. Es el hombre más grande, de 61 años, que trotó el mundo por más de 40 y necesitó volver al origen. También el que hace unos meses se le sacudió la vida. Y es en este punto, en el que se quiebra. Se saca los lentes y se seca las lágrimas. Se toma unos segundos y vuelve a intentarlo: “Nunca hablé… Nunca hablé de esto”. Se interrumpe otra vez y tiene que hacer lo mismo. “Me dejó sensible”, dice con una sonrisa.El punto de inflexión es el relato sobre el cáncer que le diagnosticaron a principios de año, apenas después de haber firmado su contrato con la Federación de Vóleibol Argentino (FeVA) para dirigir por primera vez a un equipo femenino, la selección mayor, Las Panteras. “Este es un desafío que me mantiene vivo”, remarca al inicio de la entrevista. Ni más ni menos.Castellani inició este ciclo en mayo de este año y ya se vieron resultados prometedores, pese a que se trata de un proyecto a largo plazo que tiene como faro los Juegos Olímpicos de Los Ángeles 2028. Sin embargo, el título conseguido por primera vez en la historia en la Copa Panamericana, el subcampeonato en el Sudamericano y la gran labor en el Preolímpico de Japón hacia París 2024 pese a no haber podido conseguir la plaza (era realmente una quimera para el seleccionado argentino, por formato y rivales), sobresalen. Por eso tal vez no duele tanto que este jueves la Argentina no haya podido defender en estos Juegos Panamericanos la medalla de bronce de Lima 2019 (terminó cuarta tras caer con México por 3 a 2). El camino a recorrer es largo. Y con muchos desafíos.-¿Cómo estás viviendo estos primeros meses al frente del equipo en el que ya se ven cosas muy interesantes?-Contento porque hemos crecido y eso es muy importante. Se ve que el equipo mejoró y obtuvimos algunos resultados que acompañaron. También para mí esto es un aprendizaje, aprendí muchísimas cosas este año y creo que el año que viene lo voy a poder hacer mucho mejor, voy a poder ayudar a las chicas mucho más. Para mí esto es todo nuevo. Por más que todos dicen que es el mismo vóley tiene muchas cosas diferentes en detalles, situaciones, que para mí son un aprendizaje.-Dicen que no es lo mismo dirigir mujeres que hombres. ¿Desde ese lugar también es un desafío para vos que siempre trabajaste con caballeros?-No es lo mismo. Algunos dicen que son más difíciles las mujeres, pero no es eso, son diferentes. Hay muchas cosas diferentes: lo biológico, las hormonas, responde el cuerpo de otra manera. Y las emociones. Las mujeres están mucho más presentes que los varones y obviamente hay que aprender a dar respuestas a cada situación que va encontrando. Así que sí, es diferente, pero se aprende.-¿Por qué tomaste el desafío?-Al principio dije que no porque nunca había dirigido mujeres, pero quería volver a casa, quería volver a mi país. Ya iban 20 años afuera dirigiendo en el exterior y quería volver. No pensé que se iba a dar con mujeres, por eso primero dije ‘no lo sé’ y después lo pensé. Creo que podemos hacer un buen trabajo y acepté también porque es un desafío personal como estudiar, crecer, buscar nuevas soluciones, nuevos estímulos. Como los desafíos que te mantienen vivo. Lo acepté inmediatamente.-Atravesaste un problema de salud, complejo. ¿Por eso decís que el vóley te da vida?-(Se quiebra dos veces, pero pide que se lo espere para poder responder) Sí, en enero me detectaron un cáncer. Me dejó sensible… Nunca hablé… Nunca hablé de esto. Sí, pasé por un cáncer, pasé la quimioterapia… Ahora estoy bien, fueron momentos difíciles, pero obviamente que con el apoyo de mi familia y de todos los que estuvieron cerca, que fue mucha gente, pude pasarla y hoy estoy bien, operado.-Entonces, esta noticia fue entre que firmaste para dirigir a las Panteras (diciembre) y tener que iniciar. Hay que tener muchas fuerzas para poder arrancar. ¿Lo dudaste?-Hice la quimio por cuatro meses y en mayo empecé a dirigir. No, sí tenía más ganas, obviamente. Quería salir, tenía este compromiso con las chicas. Obvio, quería hacerlo, quería que las cosas salgan bien y quería salir también por eso. Y por mi familia, por mis amigos…-¿Qué deseo tenés para tu proceso en la selección, con qué sueño llegaste?-Mirá, como entrenador el objetivo es ser un vehículo para que sean las atletas las que desarrollen sus sueños y sus objetivos, eso es lo que más feliz me deja de este trabajo. El poder ayudar al equipo a transformarse, a buscar sus objetivos.... Así que eso es lo que más me gratifica.-¿Con qué te encontraste?-Del vóleibol que se juega en la Argentina, el 65% es femenino, así que hay mucha cantidad de chicas, pero tenemos algunos problemas como no tener una liga competitiva como tienen los varones. Entonces, algunas chicas piensan en irse a estudiar a Estados Unidos y las perdemos. Otras dejan de jugar y también las perdemos. La idea es hacer un trabajo integral con las selecciones de base y que las chicas que tienen la posibilidad de ser profesionales tengan esa visión de irse a Europa y de jugar en las mejores ligas del mundo y representar a la selección. Después, estamos haciendo una planificación integral.-También incorporaste el trabajo mental en el equipo, ¿no?Sí, trabaja mi mujer Silvina, ella es counselor, es su especialidad. Trabajó con básquet en Turquía, trabajó con jugadoras, me couchea a mí desde hace muchos años (ríe). Así que es una ayuda también tenerla cerca. Estamos trabajando todo el aspecto psicológico, pero dentro de ello mucho la seguridad, que es un tema muy importante para las chicas, para sentirse bien y para ayudarlas a reforzar su autoestima.-¿Cómo es el lineamiento con las selecciones de base? ¿Hay una metodología que se baja
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