El escudo de Formosa tiene un capullo de algodón, pero la provincia ya casi no lo siembra: El productor Rolando Zieseniss explica esa reconversión
En el sureste de Formosa, sobre la ruta que lleva a El Colorado, los campos que durante décadas fueron blancos de fibra hoy tienen otro color. La ganadería avanza sobre tierras que alguna vez fueron el corazón algodonero del norte argentino, y ese cambio no ocurrió de un día para el otro ni por capr...
Rolando Zieseniss lo sabe mejor que nadie. Productor agropecuario y dirigente histórico de la Federación Agraria en El Colorado, Zieseniss vio cómo la región pasó de más de 100 mil hectáreas sembradas con algodón en la década del 70 a las menos de 5 mil que quedan hoy. “En el 70 teníamos más de 100.000 hectáreas. Hace 15 o 20 años estábamos todavía en 50, 60.000 hectáreas de algodón”, recuerda.
Lo que hace más llamativa la caída es que Formosa no produce un algodón cualquiera. La fibra del sureste provincial, y particularmente la de El Colorado, tiene una calidad superior a la del Chaco, la provincia que concentra el grueso de la producción nacional. “Formosa tiene un algodón de mejor calidad que Chaco. Muchas veces hasta ahora se lo usa para mejorar el algodón que llevan, lo mezclan y se mejora la calidad”, explica Zieseniss. Según el dirigente ruralista, la fibra formoseña se necesita para elevar el estándar de lo que salía de la provincia vecina, aun hoy. Aun así, ni esa ventaja alcanzó para sostener la actividad cuando los precios se derrumbaron y los costos no pararon de subir.
En el medio, una acumulación de golpes que fue desgastando una actividad tan arraigada en esta provincia que su capullo figura en el escudo provincial.
El primero de esos golpes vino del mercado internacional. El precio del algodón cayó durante varios años seguidos porque la oferta mundial se disparó y los valores se derrumbaron a niveles que hicieron inviable la producción para muchos agricultores del norte. Cuando eso pasó, quienes podían sembrar maíz o soja lo hicieron, y quienes no podían sostener ningún cultivo empezaron a mirar hacia la ganadería, que siempre estuvo, pero empezó a crecer.
A esa caída de precios se sumó algo que Zieseniss señala con claridad y tiene data más cercana en el tiempo y es la eliminación del fondo compensador algodonero, una herramienta que amortiguaba los golpes climáticos en una zona donde el clima subtropical hace de las suyas con frecuencia. En El Colorado llueven 1.200 milímetros por año, un régimen que en teoría es ideal para la agricultura, pero que en la práctica puede pasar de una sequía prolongada a lluvias torrenciales en pocas semanas. Sin ese fondo de respaldo, cada contingencia climática se volvió una pérdida directa sin red.
“Tenemos parte del año con una sequía tremenda, y de esa sequía saltamos a un mes que se llueve lo que a lo mejor llovía en seis o siete meses. El clima de Formosa es muy difícil”, describe. Sin ese fondo de respaldo, cada contingencia climática se volvió una pérdida directa sin red.
También pesó, y mucho, la brecha tecnológica en materia de semillas. Mientras Brasil produce con normalidad entre 3 y 4 toneladas de algodón por hectárea gracias a genética de punta, los productores formoseños se conforman con 2.000 kilos. “Esa genética nosotros no la accedimos. Y hoy con 2.000 kilos nos conformamos, pero podríamos haber estado por lo menos al doble”, dice Zieseniss.
Con el doble de rendimiento por hectárea, la ecuación del algodón hubiera sido otra y quizás muchos productores no habrían abandonado el cultivo. La ley de semillas local nunca permitió acceder a esa genética, y eso terminó siendo un lastre determinante.
El flete termina de completar el cuadro para cualquier grano que se produzca en la zona. Cuando el algodón, la soja o el maíz tienen que salir del sureste formoseño hacia los puertos del Paraná, el camión recorre más de 1.000 kilómetros y el costo se cobra como si el origen fuera Rosario. “Cuando nosotros mandamos a Reconquista, pagamos el flete hasta Rosario. El transporte es carísimo. A nosotros nos regula totalmente la producción el flete”, dice Zieseniss. Ese costo se descuenta del precio que recibe el productor y achica márgenes que ya eran estrechos.
Frente a todo eso, la ganadería apareció como una salida con más espalda. No llegó de golpe ni reemplazó al algodón de un año para el otro, sino que fue ganando terreno de a poco, apalancada en dos herramientas concretas: los remates feria organizados en las sociedades rurales de la provincia y el mejoramiento genético del rodeo.
Esos remates, financiados en un principio por el Fonfipro provincial, hoy funcionan en manos privadas. “Hoy esos remates feria están en manos privadas, que yo creo que es lo correcto, porque es donde deben estar, y están teniendo muy buenos resultados”, señala. La zona de El Colorado y sus alrededores —Villa 2 de Abril, Villa Escolar, entre otras localidades— suma hoy alrededor de 150.000 cabezas y el número sigue creciendo.
Mirá la entrevista completa con Rolando Zieseniss:
El sorgo también apareció en la conversación como un cultivo que gana espacio por razones parecidas a las que impulsaron a la ganadería, con costos de producción más bajos que el maíz y precios por tonelada que curiosamente lo superan. “Una tonelada de sorgo vale más que una tonelada de maíz, y el costo de producción y todas las labores que tiene son mucho menores”, explica Zieseniss. En una zona donde cada peso de insumo o de flete pesa, esa ecuación tiene sentido.
Lo que describe Zieseniss es en el fondo una reconversión forzada por la economía, y él mismo la encarna. Productor mixto de toda la vida, fue históricamente algodonero y hoy fortalece la parte ganadera de su campo porque los números lo llevan ahí. “Siempre fui mixto. La vaca siempre estuvo, pero ahora crece, y hay que ponerle un poquito más de ficha”, resume.
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Lo que le preocupa a este dirigente de la Federación Agraria no es solo el presente sino lo que puede venir si las políticas nacionales no cambian de rumbo. Zieseniss advierte que las economías regionales están siendo ignoradas por un gobierno que, en su lectura, prioriza los intereses de los grandes productores del centro del país.
“Hay un gobierno que no le preocupan mucho las economías regionales, le da prioridad total y juega para los intereses de la pampa húmeda, fundamentalmente para los grandes productores”, dice.
La apertura sin aranceles a productos de países limítrofes golpea al norte así como golpea a la fruta patagónica la competencia chilena. Y si eso no se corrige, advierte, “vamos a perder miles de productores, como ocurrió en los 90”, cuando Argentina pasó de 120.000 productores agropecuarios a muchos menos en pocos años, junto con industrias y desmotadoras que nunca volvieron.
El algodón sigue en el escudo de Formosa. En los campos del Colorado, cada vez menos.