Estuvieron a punto de cerrar sus tambos debido a las inundaciones, pero seis productores lecheros de Santa Fe decidieron unir fuerzas y terminaron creciendo: “Con apoyo acá tirás para adelante”, celebran ahora en Pro Tambo

Si hay una iniciativa asociativa que cuadra con la definición popular de “buena leche” es la que llevan adelante, desde hace seis años, los productores que integran Pro Tambo en la provincia de Santa Fe. Lejos de ser un juego de palabras, el esquema asociativo que lograron poner en marcha estos productores de San Jerónimo Norte demuestra que las buenas intensiones y las ganas de crecer en comunidad todavía siguen vigentes.
Una serie de inundaciones que golpearon fuertemente esa región puso en jaque sus planteo productivos individuales. Peor todavía, el clima puso a los productores frente a la disyuntiva de seguir adelante aún perdiendo dinero, o cerrar sus puertas y reconvertirse hacia otra actividad. En ese marco germinó una primera idea: alquilar entre varios un campo en una zona del terreno un poco más elevada, compartir los gastos, para contar con una alternativa para llevar las vacas en momentos de mayor anegamiento.
“Éramos seis amigos y productores. Salvo dos que son un poco más grandes, con 4000 litros diarios, los otros éramos todos medianos con 2000 litros. Acá los campos son muy llanos y cuando llueve al agua le cuesta irse. Nos pasaron 3 o 4 inundaciones bastante importantes y ahí nos reunimos para tomar una determinación: o seguir o cerrar. Y finalmente seguimos adelante”, contó a Bichos de Campo Omar Magnín, uno de los fundadores de Pro Tambo.
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Luego de encontrar el lugar ideal, los productores pidieron distintos presupuestos y optaron además por levantar un galpón con postes de madera y media sombra, una estructura que se mantiene al día de hoy. Allí comenzaron con un ordeñe convencional, aportando cada uno puñado de animales de sus propios tambos, hasta que decidieron pegar el salto y adquirir robots de ordeñe.
“Nos parecía interesante como camino pero creíamos que no estaba al alcance. Conocíamos el ordeñe robot del INTA Rafaela, muy interesante. Finalmente avanzamos. La decisión fue realmente económica y la hicimos con mucho esfuerzo, con créditos y con aportes de capital. Hoy tenemos dos robots de Lely”, dijo Rubén Albretch, otro de los socios fundadores, durante la visita de Bichos de Campo al establecimiento.
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Pero ninguna de esas decisiones tomadas entre los seis socios de Pro Tambo implicó descuidar los tambos propios de cada uno. Por el contrario, con el correr de la historia muchos lograron mejorar sus planteos gracias a la sinergia que se armó en la sociedad. Aquello era, además, una forma de no descuidar el negocio propio en caso de que la iniciativa no llegara a buen puerto.
Pro Tambo tiene actualmente unas 120 vacas en ordeñe, de las que obtienen unos 4.500 litros de leche en forma diaria, a razón de 38 a 39 litros promedio por vaca al día. Y gracias al sistema mecanizado, lograron alcanzar un promedio de entre 2,6 y 2,7 ordeñes por animal.
La unión hace a la tecnología en un tambo de San Jerónimo Norte, que abrió sus tranqueras para mostrar los avances en la relación entre vacas y robots

Para maximizar su rentabilidad, los productores pusieron especial atención a su guachera y al descarte de machos. Allí prosperó una segunda decisión sustentada en el asociativismo: decidieron engordan esos machos en un feedlot propio y compartido.
“La guachera es el mayor problema de todos los tambos. Acá cada uno tiene la propia en su establecimiento. Una vez que sacamos a los animales, a los 70 u 80 días, llevamos a los machos al feedlot, dentro del cual manejamos unos 380 a 390 animales. Ahí los criamos con maíz propio y núcleo para rumiar, y en 8 meses los sacamos con unos 400 kilos. Nos engordan entre 1,2 y 1,3 kilos diarios, es una locura”, destacó Magnín.
Una vez terminados, los productores mandan a los animales a faena, desde donde abastecen una boca de expendio propia, llamada Carnes Pro Tambo. Se trata de una carnicería ubicada en San Jerónimo Norte, su pueblo. La alquilan a un carnicero local, y desde allí venden entre 14 y 15 medias reses por semana.

Respecto a la administración diaria del proyecto, Albretch explicó que cada uno maneja un área específica, aunque las decisiones se toman en conjunto.
“Hay un encargado del área de producción, otro del feedlot, otro de la carnicería. Cada uno tiene mayor injerencia en un área específica. Yo como veterinario, por ejemplo, estoy más en la parte sanitaria y de manejo de la alimentación. Somos seis mentes pensando, cada uno con su idea, por lo cual tenemos debates y reuniones mensuales, además de alguna extraordinaria cuando lo exige la situación. Tiene sus complejidades”, indicó el productor.

-¿Hay confianza entre ustedes?- le preguntamos.
-Somos conocidos de muchos años, como productores y cómo amistades. Esto no es un hobby, no lo pusimos para divertirnos sino para hacer plata, para que nos vaya bien como negocio y crecer y dar mano de obra. Hoy nos llena de orgullo no solo poder hacer leche, sino dar trabajo en San Jerónimo. Tenemos unas 15 personas trabajando.
Magnín, por su parte, destacó el rol del asociativismo en la actualidad: “Yo creo que es fundamental hoy en día. Yo no sé si tendría el tambo que tengo, quizás ya hubiese largado todo. En el asociativismo se aprende mucho, tenés ideas de los socios, tenés el apoyo de uno y otro compañero y tirás para adelante. Nos inyectamos optimismo entre todos”.

-¿Y qué cualidad humana uno debería desarrollar para convivir con un grupo?- le consultamos.
-Al ya conocernos, podemos tener algunas diferencias de cómo encarar uno y otro negocio, pero siempre llegamos a un feliz término. Si no hubiera confianza entre los socios, esto no existiría.
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