¿Un aeropuerto para Rocha o para un mes de temporada?

El Estado uruguayo ha decidido avanzar en la construcción de un nuevo aeropuerto internacional en el departamento de Rocha. El proyecto, impulsado por el gobierno nacional y asociado a la extensión de la concesión aeroportuaria de Corporación América, ha sido presentado como una herramienta para potenciar el desarrollo económico y turístico de una de las regiones más bellas y postergadas del país.La iniciativa merece ser celebrada. Mejorar la conectividad aérea puede constituir una oportunidad para atraer inversiones, fortalecer el turismo y generar empleo. Sin embargo, como ocurre con toda gran obra pública, la pregunta relevante no es solamente si el aeropuerto debe construirse, sino dónde debe construirse.La localización elegida ha despertado una creciente preocupación. El emplazamiento previsto se encuentra entre las lagunas de Rocha y Garzón, en uno de los sectores más sensibles de la costa atlántica uruguaya. Se trata de un sistema lagunar de extraordinario valor ecológico, reconocido internacionalmente por la presencia de aves migratorias y especies amenazadas. Diversos estudios identifican a la Laguna de Rocha como uno de los sitios más importantes para las aves playeras del hemisferio occidental y estiman que el sistema conformado por ambas lagunas alberga alrededor de 200.000 aves que utilizan regularmente este corredor biológico.Pero incluso dejando de lado los argumentos ambientales, existen razones de peso para preguntarse si la localización elegida responde efectivamente a los intereses de Rocha.El nuevo aeropuerto se proyecta sobre una franja costera que hoy concentra desarrollos inmobiliarios de alto nivel y un turismo de elevado poder adquisitivo. Se trata de una zona cuya dinámica económica está estrechamente vinculada al este de Maldonado y a un público mayoritariamente extranjero —en gran medida argentino— que concentra su presencia durante pocas semanas al año. Difícilmente pueda sostenerse que ese flujo estacional represente, por sí solo, el futuro económico de todo un departamento.La cuestión central es si el proyecto busca integrar territorialmente a Rocha o simplemente facilitar el acceso a un enclave turístico costero. Porque no es lo mismo construir una infraestructura pensada para conectar a toda una región que diseñar una terminal orientada a servir a un segmento muy específico del mercado turístico.Resulta llamativo que no se haya instalado con mayor fuerza el debate sobre alternativas de localización. El propio departamento cuenta con áreas más próximas a la ciudad de Rocha y a la Ruta 9, principal eje de conectividad regional. Una ubicación interior permitiría articular de manera más eficiente el acceso a La Paloma, La Pedrera, Cabo Polonio, Valizas, Aguas Dulces, Punta del Diablo y Chuy, distribuyendo de manera más equilibrada los beneficios económicos de la inversión.Existen además argumentos operativos que merecen consideración. Las zonas costeras presentan mayores dificultades asociadas a nieblas, humedad, corrosión y presencia de avifauna. En el caso de Rocha, el emplazamiento propuesto coincide con un corredor utilizado por cientos de miles de aves. El riesgo de colisiones e ingestión de aves por parte de las aeronaves constituye un aspecto que debería ser analizado con extremo rigor y no despachado mediante comparaciones simplistas con otros aeropuertos del país.El verdadero debate, entonces, no enfrenta desarrollo contra conservación. Tampoco enfrenta a quienes quieren un aeropuerto con quienes no lo quieren. La discusión es mucho más sencilla y mucho más importante: si Uruguay va a invertir en una infraestructura estratégica para Rocha, corresponde preguntarse si está siendo emplazada en el lugar que genera el mayor beneficio posible para los habitantes del departamento.Las grandes obras públicas perduran durante décadas. Por eso conviene formular las preguntas correctas antes de construirlas. Un aeropuerto puede ser una extraordinaria oportunidad para Rocha. Pero para que lo sea, debe responder a una visión de desarrollo departamental y no a la demanda estacional de un reducido sector de la costa. El desafío no es decidir si Rocha necesita un aeropuerto. El desafío es construirlo en el lugar correcto.
Leer nota completa en La Nación →