Contra el mito de una “la Patagonia salvaje y vacía”, Pablo Borrelli defiende un modelo que le permita a esa región recuperar biodiversidad, sanear sus cuencas y producir proteínas de calidad
La retirada de la ganadería patagónica que muchos tildan como “inevitable”, al tiempo que celebran la “recuperación” de la naturaleza sobre campos abandonados, es para el agrónomo y especialista en producción regenerativa, Pablo Borrelli, un mito sobre el que conviene arrojar luz. “En Santa Cruz, la...
“En Santa Cruz, la naturaleza se tomó revancha y la meseta vuelve a ser salvaje”, afirma una nota publicada días atrás en La Nación. De ese hilo elige tirar Borrelli, que apunta contra una lectura muy difundida que “desconoce la ecología regional y el drama humano y económico que implica”.
“Miles de productores, trabajadores, proveedores, industrias laneras y frigoríficas que no “se fueron” por gusto, sino por el colapso productivo. Hoy hay más de 25 millones de hectáreas cerradas —una pérdida anual de producción estimada en más de 200 millones de dólares y al menos 8.000 empleos directos e indirectos— en un territorio que no puede prescindir de cada fuente de divisas y trabajo genuino. Los campos abandonados son la pesadilla de los productores que quieren seguir con la actividad”, explica el fundador de Ovis 21, el movimiento que promueve la aplicación del manejo holístico en agricultura y ganadería para hacer de ellas producciones regenerativas.
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La primera ilusión sobre la que busca trabajar es la de una “tierra salvaje”, una Patagonia como gran páramo deshabitado, sin ovinos ni productores, en donde el guanaco logró conquistarlo todo. Esta foto, que es perseguida por muchas fundaciones ambientalistas, carece, sin embargo, de una evaluación sobre su impacto en los suelos, los pastizales y la economía de la región.
“Algunos de los argumentos que utilizan para justificar la protección absoluta del guanaco es que estos no sobrepastorean por ser nativos. Esto es falso. Cualquier herbívoro que paste de manera continua en un lugar termina degradando el pastizal. Hay campos que sólo tienen guanacos desde la década del 90 y lucen tan desertificados como los campos ganaderos. El INTA demostró que el Parque Nacional Monte León pastoreado por guanacos tiene el mismo nivel de degradación que los campos ganaderos vecinos”, indicó Borrelli.
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Otro de los argumento más difundidos es el que afirma que “las poblaciones de guanacos se autorregulan”. Al respecto, el agrónomo sostuvo: “Si bien tanto ovejas como guanacos reducen su tasa reproductiva cuando hay sequía, esto sucede después de producir importantes daños al pastizal del cual viven. La teoría de la autorregulación se refiere a poblaciones de herbívoros, sin considerar lo que pasa con el resto del ecosistema. Groseramente, desestima el rol de los predadores aunque no existen ecosistemas en la Naturaleza donde haya herbívoros sin predadores. La regulación de las poblaciones de guanaco depende principalmente de la depredación (pumas y humanos) y los inviernos rigurosos”.
Este último punto se ve especialmente en jaque por el cambio climático, que redujo la frecuencia de nevadas y aumentó las temperaturas invernales.
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El tercer argumento apunta al “equilibrio natural del sistema”, que para el especialista es particularmente “ingenuo”.
“El ecosistema patagónico evolucionó con la megafauna del Pleistoceno, hoy extinta y con presencia abundante de predadores, incluyendo al ser humano desde hace 12000 años. Sacar la ganadería y proteger a los guanacos no conduce a ninguna situación de equilibrio natural. Podemos recorrer cientos de kilómetros en rutas patagónicas donde ya no vemos ovejas, pero sin una recuperación de los pastizales”, dijo.
Por el contrario, el abandono de campos conduce a tres posibles resultados: la entrada masiva de guanacos residentes y pastoreo continuo; el ingreso reducido de guanacos que sobrepastorea sectores específicos, y que luego se extienden a medida que la población aumenta; o la demora en el ingreso de guanacos, lo que conlleva a un acumulado de pasto viejo y oxidado.
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Como camino posible para recrear ciclos de pastoreo y descansos controlados, Borrelli plantea el uso de herbívoros gestionados. “Ovejas, vacas y caballos pueden manejarse para generar alternancia entre pastoreo y descanso, algo que los guanacos, sin manejo humano o depredación adecuada, no permiten. Por eso sostenemos que la conservación de la Patagonia necesita ganadería, pero otra ganadería: regenerativa”, afirmó.
Junto a The Nature Conservancy, Ovis 21 desarrolló el estándar GRASS, que provee indicaciones precisas sobre cómo armonizar la ganadería con la conservación de la fauna.
¿Y dónde queda el guanaco en este escenario? Para Borrelli, el mismo es un recurso valioso en la medida en que se logre avanzar con su aprovechamiento sustentable y racional. Eso, claro, “exige políticas públicas-privadas que integren manejo de pastizales, técnicas de extracción, normas sanitarias y comerciales, procesos industriales y logística para procesar y comercializar volúmenes”.
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“Es un desafío técnico y político: requiere coraje para hacer lo que hace falta sin especulaciones electorales y requiere competencia técnica para poder implementarse. Con la excepción de la Provincia de Santa Cruz, que hizo algunos avances en pequeña escala, en otras provincias prevalece la protección total que, paradójicamente, está acelerando daños ambientales, económicos y sociales”, indicó.
Aún así, aclaró: “La ganadería ovina tradicional, con pastoreo continuo y manejo convencional no es sustentable más allá del guanaco. La prueba es que hay centenares de campos cerrados en zonas donde no hay guanacos. En todo caso, los guanacos agravan el problema y apuran el desenlace”.
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Borrelli concluyó que el desafío están en lograr pasar de una ganadería extractiva a una regenerativa, que permita recuperar la biodiversidad funcional de la Patagonia, sanear cuentas y producir proteínas y fibras de calidad. Todo eso acompañado por servicios ambientales como la acumulación de carbono en el suelo.
“No será espontáneo: requiere aprendizaje, autocrítica, coordinación pública-privada y un espíritu indómito como el de los pioneros. Ya existen productores que marcan el camino. Nada que ver con la Patagonia salvaje y vacía que nos quieren imponer desde otros lados”, concluyó el agrónomo.