El laberinto y la pared: El empresario Pablo González cuenta las peripecias de chocar con Atilra al intentar reactivar la histórica industria Sudamericana de Lácteos

Sin lugar a dudas, el sector industrial lechero tuvo este año una enorme lista de conflictos. Con plantas históricas que cerraron y otras que atraviesan crisis terminales, la historia de Sudamericana de Lácteos es una más de esa lista.
Sudamericana de Lácteos es una industria ubicada en la localidad santafesina de Díaz, siendo una planta que perteneció en su momento a Parmalat, a La Mucca y a Lactalis, que consiguió la actual denominación a través de propietarios de la ciudad de Rosario. La empresa tiene operaciones de comercio exterior, recibe materia prima de varios tambos del departamento San Jerónimo, incluyendo a 15 unidades productivas que rondan los 35 mil litros diarios, que pertenecen a unos diez productores que conforman un pool de leche, que le provee una tercera parte del total que acumulan.
A mediados de 2025, comenzaron los problemas en la empresa, donde se descubió una deuda con los trabajadores y tamberos, que si bien grande, poible de cubrir y oportunidades de mejora. Según los registros, arrastra desde entonces una deuda que se puede calcular en dos meses de producción vendida. Un número importante, pero no tan complejo de cubrir, si se pudiera reactivar de inmediato a la planta cerrada hace cuatro meses y con una gestión para recortar pasivos en marcha.
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La cúpula de la empresa recientemente encontró una alternativa de solución, que ahora se topa con la pared de siempre, representada en los impedimentos del gremio lechero para recuperar la actividad, para recobrar los puestos de trabajo y la actividad en el pueblo, en la región y sobre todo para el sector, que se prepara para una primavera con más leche.
Pablo González es ingeniero químico oriundo de Pergamino y radicado en Rosario, con trayectoria en múltiples industrias, aceiteras, alimentarias, inmobiliarias y lácteas, además de ser docente del Politécnico de Rosario y la UTN. Hoy es titular de una aceitera de girasol en Serodino y tomó contacto con la situación de Sudamericana hace algunos meses.
Se interesó en la oportunidad, fue a conocer la planta, se puso al tanto de los detalles técnicos, las posibilidades productivas, además del capital humano y la infraestructura industrial. Se reunió en Villa María, Córdoba, con los titulares de la empresa y rápidamente llegaron a un acuerdo para el traspaso de acciones, siendo la deuda el punto principal a superar.
Sin embargo, la operación enfrentó trabas gremiales insólitas, que están frenado la compra y puesta en marcha.
González dialogó con Bichos de Campo sobre las gestiones que incluyen encuentros con acreedores para reestructurar pasivos con proveedores lácteos, los cuales demuestran buena predisposición para reconstruir relaciones comerciales.
“El plan es relanzar la producción de queso barra, con 30% destinado al mercado interno y 70% a la exportación hacia países limítrofes, con un esquema de monoproducto que permita optimizar capacidad”, comenzó explicando en una planificación que tiene por delante dos años para el repago de la inversión y a partir de ese momento comenzar a ampliar los horizontes.
Entre tanto, poder desarrollar un parque solar para la generación de energía limpia para la planta, e incluso un trabajo con el Poder Ejecutivo de Díaz para reflotar el proyecto de contar con un gasoducto que mejore el servicio de energía.
Sin embargo, todos los planes se frenan al toparse con la Asociación de Trabajadores de la Industria Lechera de la República Argentina (ATILRA) y todas sus condiciones.
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Las gestiones de reactivación laboral para los 77 trabajadores de planta y los cinco administrativos se consolidaron en una negociación con el Ministerio de Trabajo de Santa Fe, que tal como lo está haciendo con otras tres mil empresas en todo el territorio, estaba dispuesto a habilitar la aplicación del  artículo 223 bis de la Ley de Contrato de Trabajo N° 20744, que habilita pagar hasta el 75% del salario a los trabajadores, junto a la obra social, descartando el resto de los aportes por tres meses, para poder encaminar la producción en un contexto de crisis.
Si bien González ofreció el pago del total salarial para el personal, planteó en el inicio una transformación en cooperativa para la operación. “Esto es lo primero que rechazó Atilra”, dijo el empresario. Entendiendo esa negativa, se pasó a otra instancia de negociación.
“Lo que se presentó después fue la propuesta de despedir con indemnización a 20 personas, pero de manera temporal, para recontratarlas en un plazo mediano, cuando la planta pueda trabajar con plena operación en cantidad de litros de leche. Esto es algo que se trató de forma directa con la gente en diferentes reuniones, pero ante lo que el gremio se negó en un comienzo”. González cuenta que el rechazo original incluyó un encuentro poco agradable con el abogado gremial, Alberto Coronel, donde parecía que el mandato era impedir la aplicación de un manejo de la empresa a comprar.
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Con el paso de los días, desde la seccional Gálvez de Atilra se habilitó la posibilidad de generar este despido grupal, pero con un listado dispuesto por el propio titular Nicolás Garnero, que no contemplaba precisamente capacidad productiva.
“De alguna manera se llegó a un acuerdo intermedio, pero Atilra volvió a querer poner sus condiciones y seguimos esperando para poder concretar la compra y ponernos en marcha”, explicó sobre la caída de las negociaciones durante la semana anterior.
La abogada provincial del gremio que también atiende reclamos de trabajadores de Lácteos Verónica, Natalia Sachelli, le remarcó que no se avanzaría en la firma del acuerdo, ya que Atilra no está dispuesta a confiar en las garantías que brinda el Ministerio de Trabajo santafesino con el artículo 223 referido, aunque la oferta sea el pago total del salario, sin recortes como lo advierte la normativa.
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Con la urgencia de definir esta alternativa, el empresario decidió exponer el problema que se vincula con la misma estrategia aplicada por el sindicato en distintas empresas, con influencia de diferente magnitud en cada una, pero sobre todo con el impedimento de retomar el trabajo a las personas, afiliadas o no, remarcándose la urgencia en la falta de cobro de salarios.
González explica: “La planta puede procesar cinco millones de litros al mes, para la generación de queso barra, un monoproducto que haga más rentable la salida. De todas maneras, al principio tenemos que tener unos tres meses de reacomodamiento de todo, no sólo del funcionamiento de la línea de producción para queso barra, sino también toda la estructura administrativa, comercial, que conservará la marca Sudamericana de Lácteos. Pero tenemos que poder arrancar”.

Hacer público el pedido para destrabar el caso es la alternativa final que le queda, antes de dar de baja la opción de compra. La planificación está clara y garantizada, incluso por las autoridades de la localidad de Díaz, que necesita que la única industria con la que cuenta esté activa. Arrancando progresivamente es la única forma de hacer posible el proyecto.
Hoy todo está detenido, porque Atilra sólo quiere asegurarse que su personal afín esté adentro de la planta, para a futuro poder controlar decisiones y ritmos productivos. “Entiendo que hay que tomar decisiones difíciles, pero si me dejan implementar el esquema, la planta puede volver a funcionar por completo y pronto con todo el personal”, insiste González.
Una vez más en el sector lechero, el gremio tiene en sus manos la definición de este dominó, que se inicia sólo al aceptar la propuesta para que se destrabe la compra de acciones, el reinicio productivo y el regreso de los trabajadores, bajo la mirada de la cartera laboral santafesina Sudamericana de Lácteos debe superar los intereses gremiales y romper la historia circular del sector lechero y estas trabas inentendibles.
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