Fue la bruja preferida de la TV y hechizó a todos con su belleza, pero recibió un duro diagnóstico que marcó su final

En 1964, irrumpió en la televisión estadounidense una serie que marcó un hito: Hechizada (Bewitched). Durante ocho temporadas, cautivó al público con la adorable historia de una joven bruja ama de casa, interpretada por la inolvidable Elizabeth Montgomery, que intentaba reprimir sus poderes —aunque sin éxito— para llevar una vida normal junto a su familia. Con un simple y tierno movimiento de nariz, conquistó corazones en todo el mundo y logró convertir la sitcom en un éxito rotundo. Sin embargo, fuera del set no existía la magia. Detrás de las cámaras, la actriz lidiaba con las sombras de una tensa relación con su padre y una incansable búsqueda de amor y estabilidad que le parecía esquiva. Cuando la vida finalmente le sonrió y pudo construir el hogar que tanto anhelaba, el destino le jugó una mala pasada con un diagnóstico tardío que precipitó su final. Aunque dejó un vacío en el mundo del espectáculo, su nombre y su legado aún se mantienen en el recuerdo de los amantes de las series retro.Entre su pasión por actuar y la tensa relación con su padreElizabeth nació el 15 de abril de 1933 en Los Ángeles con el ADN de la actuación. Fue hija de la estrella de Broadway Elizabeth Allen y del actor y director Robert Montgomery, considerado un ícono de Hollywood. Un año y medio antes de su llegada al mundo, el matrimonio había perdido a su primogénita, Martha, a causa de una meningitis espinal. En 1936 le dieron la bienvenida a su hijo Robert Jr. y conformaron una familia de cuatro. Pero la herida emocional por la muerte de su primera hija marcó a fuego a su padre, quien quedó sumido en una profunda tristeza de la que nunca logró recuperarse. Para muchos, esa fue una de las razones por las que se volvió tan controlador con la actriz a medida que crecía.Como la joven Elizabeth tenía muy clara su vocación, decidió prepararse y estudió en la Academia Estadounidense de Arte Dramático, en Nueva York. “Mi padre me contaba que a menudo me subía a su regazo después de cenar y le decía: ‘Voy a ser actriz cuando sea mayor’. No sé si me animó o no, pero me dijo que me seguiría la corriente y que esperara a ver qué pasaba cuando fuera mayor”, recordó en una entrevista. Sus primeras apariciones en pantalla ocurrieron en la década de 1950 y, de hecho, fueron junto a él en el programa Robert Montgomery Presents, para el que audicionó como una más del montón. Más allá de la oportunidad que tuvo al quedar seleccionada, sabía que ese era solo el trampolín para la carrera que soñaba construir.Padre e hija pasaban tiempo juntos en casa y también en el trabajo, y eso generaba rispideces, lo que hacía que el vínculo estuviera lejos de ser armonioso. “Él no quería que siguiera sus pasos, era muy estricto”, reveló Herbie Pilato, autor de las biografías The Essential Elizabeth Montgomery: A Guide to Her Magical Performances y Twitch Upon a Star: The Bewitched Life and Career of Elizabeth Montgomery. En 1950, Robert se divorció de su esposa y ese fue un duro golpe para la actriz, quien no perdonaba que hubiera abandonado a su madre. Si bien las tensiones entre ambos eran vox populi, frente al público ella intentaba suavizarlas al explicar: “Mi padre me ayudó a dar mis primeros pasos en la televisión y le estoy muy agradecida por su ayuda y orientación. Es mi crítico más severo, pero también un verdadero amigo y un padre cariñoso. Ser su hija significa que tengo que esforzarme más para demostrar mi valía a los demás. Otros pueden cometer errores garrafales, pero yo no”. Estas presiones que sentía por la mirada paterna se convirtieron en un estigma durante toda su carrera.Y, aunque le agradecía la oportunidad, sabía que a Robert no le agradaba que formara parte del mundo del espectáculo y más aún, que planeara una carrera en el medio. “Durante años le anuncié que iba a ser actriz y que, con el tiempo, haría películas. No estoy segura de que estuviera a favor de que me dedicara al cine”, reconoció en un reportaje con Elmira Daily Advertiser.Después de trabajar junto a su padre, Elizabeth probó suerte en Broadway y en el cine y no le fue nada mal. De a poco, su carrera comenzaba a tomar impulso. En 1955 actuó en The Court-Martial of Billy Mitchell (El consejo de guerra de Billy Mitchell) junto a Gary Cooper y, cuatro años después, formó parte de la serie La dimensión desconocida, entre otros tantos programas. Para principios de los 60, su rostro ya era conocido. Sin saberlo, con esos primeros pasos comenzó a forjar una prometedora trayectoria. Pero, sin dudas, su icónico papel en los 254 capítulos de Hechizada fue lo que la marcó para siempre.Hechizada y el nacimiento de un fenómeno cultural En 1963 se grabó un piloto de Hechizada y no quedaron dudas: era Elizabeth la persona ideal para el protagónico. La trama sigue la historia de Samantha, una mujer perteneciente a un linaje de brujas que se enamora de un publicista, Darrin Stephens, con quien se casa y forma su familia. Esta decisión no le agrada nada a su madre, quien no disimulará lo mal que le cae su yerno. Pese a que el hombre sabe que su esposa es una bruja, porque ella se lo reveló en la luna de miel, le hace un solo pedido para que puedan llevar una vida normal: que evite usar sus poderes sobrenaturales. Aunque lo intenta, es más fuerte que ella y no logra cumplir su promesa. Con efectos especiales innovadores e ingeniosos para la época, en pantalla se veía cómo, con un movimiento de nariz cual varita mágica, resolvía las diferentes —y muchas veces desopilantes— situaciones que se le presentaban.Hechizada se emitió durante ocho temporadas Con el proyecto encaminado, completaron el elenco Agnes Moorehead (como su madre Endora) y Dick York (como su marido, Darrin Stephens), que estuvo durante las primeras cinco temporadas y luego debió abandonar el proyecto por problemas de salud. En su lugar, la cadena decidió reemplazarlo por otro actor: Dick Sargent. Lo atípico fue que este cambio se realizó sin argumentos ni aclaraciones y la historia siguió su curso como si nada hubiera pasado. Esto dio origen al llamado “síndrome de Darrin”.Tal fue la repercusión que consiguió el programa que la cadena NBC (competencia directa de ABC) intentó replicar el formato con una serie que también pasó a la historia: Mi bella genio (I Dream of Jeannie), protagonizada por Barbara Eden. En ese entonces surgieron fuertes rumores sobre una enemistad entre las actrices, algo que, con el tiempo, Eden se encargó de desmentir de modo tajante: “Si hubo alguna percepción de rivalidad, fue una invención de los productores”. El éxito fue rotundo y Elizabeth se convirtió en una estrella de la televisión. Ya no estaba bajo la sombra de su padre y ambos lo sabían. Según reveló su biógrafo, ella lo convocó para que se pusiera en la piel de Maurice, su papá en la ficción, pero el actor no aceptó.“Eso la hirió mucho. Creo que estaba celoso de que Elizabeth se convirtiera en una estrella más grande, tanto en la televisión como en otros ámbitos. Ella fue una de las mayores estrellas de la televisión de los sesenta. Esa serie catapultó a la cadena ABC a la fama. Así que empezó siendo una relación padre-hija llena de resentimiento, porque él no quería que fuera actriz. Luego, la brecha entre ellos se abrió aún más cuando él se divorció de su madre”, precisó Pilato.Fue Maurice Evans —recordado también por su papel en El planeta de los simios— quien tomó el rol de padre de la joven bruja en la serie.Para el autor, que tuvo reiteradas entrevistas con la actriz para sus libros, el vínculo de Elizabeth con Robert estaba marcado por un hecho puntual: “Yo tenía la impresión de que él nunca superó la muerte de su primogénita y, de alguna manera, parecía guardar resentimiento hacia Elizabeth desde el principio, casi por el simple hecho de haber nacido”. Por su parte, Geoffrey Mark, historiador de la cultura pop, fue más allá al analizar cómo ese vínculo afectó la vida personal de la actriz: “Elizabeth tenía una relación muy complicada con su padre, lo que influyó en sus relaciones con los hombres durante gran parte de su vida. En parte, se debía a ser hija de una gran celebridad; en parte, a su primera experiencia como actriz junto a su padre en su programa; y en parte, a que se dio cuenta de que su padre no era un buen esposo para su madre”.Los fracasos amorosos y el refugio en su último amorEl público la adoraba y le hacía sentir su afecto, pero detrás de cámaras la vida de Elizabeth no era feliz. Para cuando el programa salió al aire en 1964, ya se había divorciado dos veces: primero del productor de televisión Frederick Cammann, con quien estuvo un año, y luego de Gig Young, con quien compartió siete. Un año antes de que la serie viera la luz, contrajo matrimonio con el director y guionista del proyecto, William Asher. Además de pasar por el altar, fue con quien tuvo a sus tres hijos: William Jr., Rebecca y Robert. “Nunca ganaré un premio a la madre del año, creo que nadie puede prepararte realmente para la maternidad. Ser madre es el trabajo más difícil que haya tenido jamás. De mis padres aprendí sobre cómo hacer algunas cosas y cómo no hacer otras. Ellos hicieron lo mejor que pudieron”, reconoció la actriz. Si bien tenía planeado alejarse de la actuación para dedicarse a su familia, fue Asher quien la convenció para que tomara el papel de la querida Samantha Stephens. Esa recomendación fue la que cambió su vida para siempre.El fin de la magia y el comienzo de la leyendaEl éxito del programa fue arrollador, aunque con el paso del tiempo se percibía un desgaste. Ese “agotamiento” que se veía en pantalla era un reflejo del matrimonio de la actriz y el productor. Después de una década juntos, terminaron su relación y esto tuvo un efecto colateral: un fin precipitado que llegó en el último capítulo de la temporada ocho. Según contó Pilato, había un contrato de Hechizada para varias temporadas más, pero fue Elizabeth quien decidió que no seguiría. “Todo el mundo piensa que ABC canceló la serie por la baja audiencia, pero fue ella quien l
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