Del 8 al 14 de junio se celebrará una nueva edición de la Semana de la Carne de Cerdo, una iniciativa impulsada por la Federación Porcina Argentina.
En esta oportunidad el sector pasa por un buen momento, con crecimiento fuerte del consumo en gran medida debido al vacío que está dejando la carne vacuna por su caída productiva y la fuerte suba de los precios. En cambio, los cerdos mantienen precios muy competitivos.
En este contexto, Agustín Seijas, director ejecutivo de la Federación Porcina, destacó el crecimiento que se está dando este año y las proyecciones que tienen para los próximos. “En el primer cuatrimestre del año aumentó la faena y la producción creció 11%”. Según explicó Seijas, la cadena porcina proyecta un crecimiento cercano al 4% durante 2026.
“Es una de las cadenas productivas que ha crecido todos los años de manera sostenida. Hemos calculado un crecimiento promedio del 12% en los últimos años. Eso habla de una actividad que apuesta, invierte y genera movimiento económico, empleo y valor agregado a los cereales”, sostuvo.
A pesar de este escenario, desde la Federación insisten en que existen obstáculos estructurales que podrían frenar el potencial de desarrollo. El principal reclamo apunta al diferencial de alícuotas de IVA que afecta a las inversiones. “Esa diferencia de alícuotas genera una distorsión que provoca un sobrecosto del 19% para el productor a la hora de invertir en tecnología o ampliar instalaciones”, explicó Seijas.
Y agregó: “Todas las proyecciones de crecimiento que tenemos se ven limitadas por esta situación. Es una distorsión que frena el crecimiento genuino de un sector que tiene un potencial enorme”.
Las metas que maneja la actividad hacia 2032 reflejan justamente ese potencial. El objetivo es alcanzar un stock de 550.000 cerdas productivas, elevar el consumo per cápita hasta los 28 kilos por habitante al año y multiplicar las exportaciones.
“Las proyecciones de inversión hablan de 1.600 millones de dólares. Pero si no corregimos estas cuestiones impositivas y no contamos con líneas de financiamiento adecuadas para la dinámica del sector, ese crecimiento se va limitando”, advirtió.
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En materia económica, Seijas describió una situación favorable para los productores, algo poco habitual para esta época del año, cuando históricamente el consumo suele desacelerarse.
“La producción hoy se encuentra en un semáforo verde. A contramano de lo que vemos habitualmente durante el otoño y el invierno, la demanda sigue sostenida y eso permite mantener resultados positivos”, indicó.
Según explicó, el consumo de carne porcina volvió a crecer con fuerza. Los últimos datos oficiales muestran un aumento interanual cercano al 8,5%, una señal de que los cambios en los hábitos alimentarios se consolidan.
“Los márgenes no son extraordinarios, pero se sostienen. No estamos trabajando a pérdida y eso es una buena noticia para el productor”, remarcó.
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El precio de referencia del capón ronda actualmente los 2.200 pesos por kilo vivo. Aunque el valor suele correr por detrás de la inflación, Seijas consideró que hoy existe un equilibrio razonable entre costos y demanda.
Parte de la explicación del crecimiento del consumo está vinculada a la creciente diferencia de precios frente a la carne vacuna. La menor oferta de hacienda para faena y los mayores volúmenes destinados a exportación contribuyeron a ampliar esa brecha.
“La carne de cerdo es la reemplazante natural de la carne vacuna. Tenemos los mismos cortes y una proteína de altísima calidad”, afirmó. Según los relevamientos de la Federación, actualmente la diferencia de precios entre ambas carnes oscila entre 70% y 90%, dependiendo del comercio y del corte considerado. A comienzos de año incluso se llegó a una situación récord: por el valor de un kilo de asado vacuno podían comprarse tres kilos de pechito de cerdo.
“Hoy esa relación está más cerca de dos a uno, pero sigue siendo una diferencia muy importante. Hay cortes porcinos para milanesas como nalga, bola de lomo, cuadrada o peceto que pueden encontrarse alrededor de los 10.000 pesos el kilo, muy por debajo de los valores de la carne vacuna”, explicó.
Para Seijas, el desafío ahora es aprovechar esta oportunidad para consolidar un cambio cultural que permita seguir aumentando la participación de la carne porcina en la dieta de los argentinos.
“Hoy el consumo de carne de cerdo es una elección consciente. La diferencia de precios fue la puerta de entrada, pero después el consumidor descubre la calidad, la versatilidad y los beneficios nutricionales. Tenemos mucho camino por recorrer porque hoy estamos en 19,5 kilos por habitante y proyectamos llegar a 28 kilos en 2032”, concluyó.
Agro & Campo
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