Bobby Fischer, el genio innovador: las ideas que cambiaron el mundo de los trebejos

Por genio entendemos a una persona capaz de inventar o pergeñar ideas que están fuera de lo común. En el ajedrez, uno de los genios más famosos fue Robert James “Bobby” Fischer (1943-2008). Su nombre está unido a sus hazañas deportivas, y también a su personalidad excéntrica, pero poco se tiene en cuenta un aspecto notable del ajedrecista norteamericano, que fue su perfil innovador en muchos aspectos del juego. Tuvo muchas ideas, que en su momento se creyeron delirantes, pero a las que el paso del tiempo, y su utilidad práctica, pasaron a convalidar. Él creía firmemente que el ajedrez no era inferior a otras disciplinas deportivas, y que el ajedrecista no tenía por qué ganar menos que otros deportistas. Por eso exigía altos honorarios por sus presentaciones, mucho mayores de lo que en su tiempo se estilaba pagarle a un ajedrecista. Su continua brega por mejorar el profesionalismo del ajedrez, no se limitó al estipendio. Exigía buena iluminación, silencio absoluto por parte del público; también probaba muchas sillas de las que le ofrecían para sentarse a jugar, y no cedía en su reclamo hasta dar con una que le resultase satisfactoria. Está la anécdota de que, en el match por el campeonato del mundo de Reikiavik, de 1972, cuando Boris Spassky probó la silla que había elegido Fischer, pidió otra igual para él. Si por aquel entonces se lo tenía por estrafalario a Fischer, hoy en día la mayoría de sus exigencias se dan por naturales, y contribuyeron en mucho a mejorar las condiciones de trabajo del jugador.Otro aporte importante de Fischer al mejoramiento del ajedrez fue el reloj. Sentó las bases para un diseño de reloj que agregara tiempo por cada jugada realizada. Fue una solución paradójica, pero a la vez completa y definitiva, para los problemas derivados de los ritmos de juego que se utilizaron durante la mayor parte del siglo XX. Entonces las partidas tenían una duración interminable, suspendiéndose para reiniciarse otro día, cuando se hacían muy largas. Esto le daba ventaja a los jugadores soviéticos, que contaban con nutridos y poderosos equipos de analistas. Pero también ocurría, con la alternativa que se usaba sobre todo en los torneos abiertos, de jugar las partidas “a finish”, esto es, con un límite de tiempo estricto; que algunos jugadores, en posiciones perdidas, o desesperadas, pero viendo al rival escaso de tiempo, seguían jugando la partida, sólo con el objetivo de “durar”, para ganar cuando al rival se le excediera el tiempo reglamentario. Aunque este recurso era legal, desvirtuaba el espíritu del juego. Fischer propuso una solución: una hora y media para cada jugador, para toda la partida, pero, además, cuando un jugador realizaba una jugada, se le agregaban automáticamente 30 segundos en el reloj. De este modo, por un lado se eliminaron las suspendidas, y por otro, los intentos de ganar por tiempo ya no fueron efectivos, porque el jugador que tuviera una ventaja material suficiente, al agregársele tiempo, podía llevar a buen término su ventaja; y además tuvo otro efecto que fue el acortamiento de la duración total de las partidas, más acordes con las necesidades del presente. Se puede decir que el reloj Fischer redistribuyó el tiempo de la partida de ajedrez de una manera práctica y racional. Hoy es el uso común en todos los torneos serios.Pero tal vez el aporte más importante de Fischer al futuro del ajedrez fue la idea de lo que primero se llamó Fischer Random, y ahora se conoce como Free Style, o, como me parece más lógico, Ajedrez 960. Se trata, como ustedes ya saben, de sortear la posición inicial de las piezas. Con un par de restricciones, como mantener las torres a los lados del rey, para permitir los enroques, y mantener que los alfiles corran en casillas de distinto color. Restricciones lógicas, que apuntan a preservar el sentido original del ajedrez, y cuyo total de posiciones iniciales posibles, alcanzan la cifra de 960. La idea es enriquecer el ajedrez, ya que, si una posición inicial sola, como la clásica, tiene tan enormes posibilidades, ésta, multiplicadas por 960, hacen al ajedrez prácticamente infinito. Esta modalidad que ideó Fischer no tuvo mucha adhesión al principio, pero de a poco, y sobre todo en los últimos años, muchos jugadores, entre ellos Magnus Carlsen, han mostrado su disposición a jugarlo; y los organizadores de torneos. a fomentarlo.Como les ha pasado a otros genios, en su tiempo fue incomprendido, pero las ideas de Bobby Fischer se han impuesto progresivamente.
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