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¿Quién le explica a Vargas Llosa? Del orgullo nacional al colapso, el viaje que Independiente jamás imaginó
Ya no tiene sentido la comparación con el Independiente que ganó cuatro Libertadores seguidas. No hace falta ir tan lejos en el espacio, aunque sí en lo temporal. En el siglo pasado, el club había atravesado su sequía más larga a nivel local entre 1948 y 1960. Hoy se acerca a 24 años sin un título nacional. Ya hay más de una generación que ni siquiera puede vivir de recuerdos.Existe un agregado: en aquellas décadas sólo había un torneo por temporada. En este tiempo de distintos formatos y denominaciones, nuestro fútbol contó 38 torneos y 6 copas. Más 13 ediciones de Copa Argentina en las que nunca pasó de los cuartos de final. En total, Independiente lleva 61 competencias locales sin coronarse. Cierto, en el medio ganó dos Sudamericanas. Pero el orgullo nacional tendría que volver a verse alguna vez dentro de las fronteras.Las alegrías fueron paréntesis en este lapso, algunos clásicos y poco más. A los hinchas no les sobraron ilusiones. No fue por falta de variantes ni de ideas: en casi un cuarto de siglo, pasaron todo tipo de entrenadores. Con un dato letal: la mayoría logró afuera lo que en Independiente no. El último técnico campeón a nivel local fue Américo Gallego, en 2002. Sin contar a los interinos, al Tolo le sucedieron 26 técnicos. Habría que excluir a quienes por diversas razones no dirigieron más (el recordado José Pastoriza y Miguel Brindisi). De los restantes, 16 fueron campeones en otros clubes. Julio Falcioni dio vueltas olímpicas en Banfield y Boca. Pedro Troglio se coronó enseguida en Cerro Porteño y luego con Olimpia de Honduras. Claudio Borghi no tardó ni un año en festejar con Argentinos. Daniel Garnero almacena ocho títulos en Paraguay con Guaraní, Olimpia y Libertad. Antonio Mohamed conquistó México con Tijuana, América, Monterrey y Toluca. Ramón Díaz ganó con Al Hilal en Arabia y el Paulista en Corinthians. Cristian Díaz, con Santa Tecla de El Salvador y con Wilstermann de Bolivia. Omar de Felippe se llevó la Copa Argentina con Central Córdoba. Jorge Almiron también fue campeón al año siguiente de su paso por Independiente, en su caso con Lanús, además de lograrlo con Colo Colo. Gabriel Milito consiguió el Estadual en Atlético Mineiro. Ariel Holan obtuvo el torneo chileno en la Católica. Eduardo Domínguez ya sabía lo que era ser campeón en Colón y lo recordó en Estudiantes. Leandro Stilitano pasó a ser ayudante de Javier Mascherano, con quien levantaron la última MLS. Ricardo Zielinski es, después del festejo de Belgrano, el vigente técnico campeón del fútbol argentino. Y otros dos, Mauricio Pellegrino y Sebastián Beccacece, consiguieron títulos continentales: la Sudamericana y la Recopa. ¿En qué momento se había jodido el Perú?, preguntó Mario Vargas Llosa en Conversación en la Catedral, abriendo la puerta para realizar ese interrogante miles de veces en los países de la zona. ¿Y el Club Atlético Independiente? ¿Cuándo se jodió? Habrá sido cuando dejó de gastar menos de lo que le ingresa. O cuando descuidó sus divisiones juveniles pese a que otros clubes se fortalecían en el rubro. Tal vez se haya roto en el momento en el que empezó a pagar (a no hacerlo, en realidad) millonadas por jugadores que no lo valían. Y, luego, cuando por tener que hacer frente a esas deudas incorporaba futbolistas que no estaban a la altura. Seguramente también se haya debilitado cuando los Moyano hicieron de la institución casi una sucursal de un gremio. Y se debe de haber quebrado cuando un partido político se metió en un club de historia mucho más larga. Y se debe de haber terminado de romper cuando hubo tan poco respeto por los compromisos que el presidente Fabián Doman renunció seis meses después de las elecciones, el vice Juan Marconi nueve después de aquel y todo siguió como si nada. Independiente terminará a fin de año lo que hubiese sido el período Doman. Lo que nace con internas termina con divisiones. Néstor Grindetti analiza presentarse en las próximas elecciones y, si lo hiciera, sería con nuevos compañeros de comisión. Más allá de que el secretario Daniel Seoane (el dirigente más insultado del fútbol argentino) lo haya negado, todos en el club reconocen las diferencias con Grindetti. Y tienen los dos rangos más importantes de la estructura.Gustavo Quinteros aprovechaba cada conferencia de prensa para demostrar su malestar con la directiva por la no llegada de refuerzos. Tenía sus razones: por el potencial de cada uno, el equipo es competitivo; al plantel le faltan tantas piezas que con sólo dos lesionados (Leonardo Godoy y Sebastián Valdez), contra Atlético Tucumán completó el banco de suplentes con cinco chicos de nula o falta de experiencia. Como si faltara una división, durante el partido y en las posteriores declaraciones de Iván Marcone, quedó claro que el plantel no estaba muy involucrado con el entrenador. A juzgar por sus antecedentes y por los resultados de los técnicos que se fueron, Quinteros será lógicamente codiciado por otros clubes. Pero su ciclo en Independiente estaba cumplido.Las causas de la crisis constante son variadas. Las consecuencias se ven claras. Un mal pase en otro club es sólo eso; en Independiente, por el pasado vivido, puede generar un fastidio masivo. Una derrota borra cualquier serie de victorias anteriores. Una eliminación, pese a la costumbre, genera un estruendo. El fútbol argentino permite que muchos salgan campeones. Pero cuando alguno no lo logra, y más al tratarse de un grande, la sensación de fracaso es peor. Ahí está Independiente para contarlo mejor.
Fuente: La Nación Deportes