La forma del queso: La historia de la empresa de Rafaela que empezó con una vieja de máquina de coser y hoy fabrica moldes a medida que exporta a todo el mundo
Hay nichos de mercado por demás diversos. Prueba de ello es que exista Kual, una fábrica rafaelina dedicada exclusivamente a fabricar moldes para quesos. Instalada hace 25 años en el epicentro de la cuenca lechera, fue pionera en una técnica que, hasta ese entonces, sólo se veía en el exterior. En s...
Instalada hace 25 años en el epicentro de la cuenca lechera, fue pionera en una técnica que, hasta ese entonces, sólo se veía en el exterior. En sus comienzos, nació con una vieja máquina de coser Singer en un taller casero, y hoy es la responsable de que incluso los reyes del queso, los europeos, usen moldes argentinos en sus líneas de producción.
Moldear quesos es un arte en sí mismo, y exige un quehacer manual que todavía sostienen las cientos de pymes lácteas distribuidas en el país. Pero fabricar sus moldes también es un arte, y así lo demuestra la familia Kurdunn.
La historia se remonta a comienzos de los 2000, cuando Danilo, un apasionado de los fierros dedicado a las motos y los kartings, recibe un pedido específico: Sancor necesitaba reparar uno de sus moldes y, por recomendación, lo había contactado. Para ese entonces, la láctea era la única que usaba la moderna tecnología de los recipientes microperforados de plástico, traídos de Europa, y Danilo tuvo que ingeniárselas.
Así fue como comenzó a dedicarse a la reparación de moldes, con una soldadora de estaño y mucha práctica, y luego, directamente decidió fabricarlos él mismo. “Le modificó una máquina de coser Singer a mi vieja, con la que hacía las micro perforaciones y así empezó. Yo fui testigo de todo eso y por eso le pongo tanta garra a esta actividad”, contó a Bichos de Campo Iván Kurdunn, su hijo, quien hoy está también al frente de la firma.
Mirá la entrevista completa:
Para su fabricación, se utiliza polietileno y polipropileno, dos termoplásticos que ceden con el calor. Las técnicas empleadas, a su vez, dependen del pedido del cliente, ya que Kual puede crear moldes para cualquier tipo de queso y tamaño que le demanden.
Así, si una pyme quiere crear un reggianito de 50 kilos, o un queso en barra muy pequeño, pueden pedírselos. Y eso es lo que divierte a la familia Kurdunn, porque de ese modo llegan pedidos insólitos desde todas las latitudes. Ahora, por ejemplo, están trabajando en un molde para queso havarti y feta que pesa más de 750 kilos y fue encargado por una empresa canadiense.
Es, en definitiva, el arte detrás del arte.
Dentro de su planta, trabajan con dos tecnologías de fabricación. Una de ellas es la de calderería en la que, explicó Iván, “el molde está hecho a partir de una placa y se le da la forma que quiere con procesos de mecanizado, perforado, fresado, corte y luego ensamblaje”.
Este proceso es el que otorga el gran diferencial para la firma, ya que permite elaborar moldes desde cero, sin una matriz previa, que se adapten a la línea de trabajo y las necesidades del cliente. Asimismo, al ensamblar mediante soldadura, se diferencian de los tradicionales recipientes atornillados.
El otro proceso, mucho más estandarizado, es el de inyección de plástico, “donde el molde se hace directamente de una sola pieza en un molde de acero y el plástico se funde”, agregó el joven.
“No hay queso sin molde”, reza uno de los carteles dentro de la planta fabril. Pero este no deja de ser un sector muy de nicho, y por ello a Kual le toca competir contra los más grandes a nivel mundial, inclusive con el inventor de esta tecnología, una corporación de Países Bajos.
Como los moldes son de baja reposición, y pueden durar más de una década sin problemas, exportar a unos 30 países les permite, básicamente, ampliar su mercado.
Pero, en esencia, las firmas nacionales fueron, son y serán su cliente más importante, sin importar su escala ni el tipo de pedido que hagan. “No dejamos de atender a la pyme porque es la que nos da el oxígeno para subsistir”, expresó Ivan, que, con el recuerdo vivo de ver a su papá trabajar con una vieja máquina de coser, reconoce lo importante que son estas empresas para el servicio que construyeron desde cero.