El investigador Hernán Sainz Rozas pide no repetir errores y recuerda que, por no haber fertilizado, la campaña pasada “no se aprovechó el buen año para el trigo”
Comienza una campaña fina que exige justamente “afinar” el lápiz en la estructura de costos. La balanza así lo exige, porque de un lado hay un buen perfil hídrico y pronósticos alentadores, pero del otro están los altos precios de los insumos, sobre todo la urea y el combustible, que ajustan márgene...
Los cultivos de invierno se enfrentan entonces a un esquema complejo, pero los especialistas advierten que recortar la inversión en fertilizantes es ni más ni menos cercenar la chance de que la campaña sea rentable.
“Si hoy fertilizás menos, directamente perdés plata”, expresa el investigador especializado Hernán Sainz Rozas, que, sin embargo, brinda algunas recomendaciones para que, al “afinar” el lápiz, el recorte no impacte en los rendimientos.
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Los cuadros técnicos del sector lo han repetido hasta el hartazgo: en Argentina no se fertiliza lo suficiente, y la “deuda” de nutrientes con el suelo no hace más que crecer.
La última campaña triguera, que batió todos los récords de producción, no fue la excepción. “Allí también la fertilización fue deficiente y eso lo marca la baja calidad del cultivo. Para la región sur detectamos 9,8% de proteína, que no sólo es mala calidad, sino que además te indica que perdiste rendimiento, o sea que no se aprovechó el buen año para el trigo”, explicó a Bichos de Campo el especialista.
No es cuestión de agarrarse la cabeza, sino de realmente tener en consideración el impacto de sumar nutrientes. Si la anterior campaña fue un “campañón” fue fundamentalmente gracias al clima, que de todos modos no se aprovechó en su totalidad por la baja fertilización.
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“Los números no son alentadores, pero teniendo en cuenta que va a ser un buen año climáticamente, si uno hace bien la tarea, donde sea necesario fertilizar el insumo se va a pagar y va a ayudar a que el cultivo sea rentable”, explicó Sainz Rozas.
La “tarea” a la que hace referencia el investigador es la del manejo de la nutrición, que va mucho más allá que fertilizar el lote y, en realidad, comienza mucho antes.
“En relaciones insumo-producto tan desfavorables como la de este año es clave el análisis del suelo para que sea redituable la fertilización. Es fundamental contar con un muestreo de alta calidad, enviarlo a buenos laboratorios y luego interpretar bien esos resultados”, explicó.
Los años difíciles, entonces, obligan a hacer lo que en realidad debería hacerse siempre, que es el buen manejo nutricional, evaluado y debidamente fundado, ni bien se levantan del lote los cultivos antecesores.
Para la campaña fina, además del nitrógeno -que es siempre limitado y exige una alta inversión en urea- también se necesita un adecuado nivel de fósforo y azufre. En ese último caso, explicó Sainz Rozas, es clave sobre todo cuando el planteo es de doble cultivo. “La soja responde mucho al agregado de azufre y nos puede llevar a que esa secuencia sea rentable”, observó.
Pero además de esos nutrientes, hace poco tiempo que en las principales zonas productoras apareció un “convidado de piedra”, el zinc. “Aproximadamente el 30% de los lotes están presentando niveles bajos de este nutriente. Hace 10 o 15 años no hablábamos de esto”, afirmó el investigador.
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-Pasan los años y siempre se debe insistir sobre lo mismo, ¿por qué creés que es así?
-Son varios los factores. Hay una cuestión cultural, porque ante una situación económica complicada lo que primero cae es el consumo de nutrientes. Pero yo también creo que faltan más colegas en el campo, porque un solo profesional maneja muchas hectáreas, tal vez no hace todos los muestreos, no tiene tiempo de interpretar bien los datos, y se maneja por protocolo. Eso también es un gran problema.