Del aceite casero para su madre, a montar un completo proyecto de cáñamo en Argentina: La apuesta cooperativa que piensa en grande y se abre paso en la producción local a escala

La incursión de Fabián Barrios en el cannabis dejó de ser meramente recreativa cuando, enfermo de cáncer, su cuñado decidió regalarle toda la información que necesitaba para hacer aceites medicinales. Personalmente, ya conocía su efectividad, porque poco tiempo antes su propia madre, que había sufrido un ACV y tenía dolores crónicos, había empezado a utilizarlos.
El destino decidió que su paciente preferida partiera, poco después que quien lo había impulsado a lanzarse en este mundo. Pero así inició Gota de Esperanza, una cooperativa y ONG de Luján que hoy integran unas 10 familias, que empezó muy vinculada al cannabis medicinal pero hoy tiene un proyecto mucho más ambicioso sobre la mesa: desarrollar la industria del cáñamo junto a empresas extranjeras.

“Somos la primera cooperativa del país que cuenta con las dos licencias, agrícola e industrial”, explicó a Bichos de Campo el cerebro de este proyecto. Esas son las “llaves” que les abrirán las puertas a introducir la producción de cáñamo en Luján.
Es de destacar que el cáñamo es una variedad de la planta Cannabis sativa pero, a diferencia de la marihuana, no produce efectos psicoactivos ya que tiene niveles muy bajos de THC. Por el contrario, es un cultivo muy versátil que tiene muchísimas aplicaciones en varias industrias.
Eso abarca al mundo alimenticio, porque por su alto contenido proteico sus semillas son consideradas un “superalimento”; al textil, porque permite producir telas resistentes y ecológicas; al de la construcción, porque se utiliza para crear materiales aislantes, placas y papeles; y al de la cosmética y la medicina.
CUMI, el proyecto de 5 hermanos que busca impulsar la producción de cáñamo industrial entre pequeños productores de Santiago del Estero, para elaborar alimentos como harina y aceite

Pero eso demanda un largo proceso, que apenas está iniciando. “El primer paso es hacer la importación de la semilla, los filtrados de harina y de oil, y buscarle los receptores en el país. Primero serán empresas productoras de alimentos que quieran trabajar con esta proteína”, explicó Fabián.
El mapa trazado es, entonces, primero importar, luego hacer el desarrollo local, y al final del camino, exportar. Para ello, los ojos están puestos, sobre todo, en Canadá, un país que tiene más de dos décadas de experiencia con este cultivo y puede brindar tanto el material como la “expertise” necesaria.

“Con la licencia industrial podemos importar CBD para hacer medicamentos acá en el país, o estructuras para hacer casas, o traer aceite para hacer bebidas energéticas. Vamos a hacer ahora la primera importación para abastecer a la Argentina, y mientras tanto vamos a ir desarrollando los cultivos para luego hacer la proteína en el país y ser nosotros exportadores”, describió Barrios.
A ese trabajo genético se lo conoce como “tropicalización”, y ya es llevado adelante por otras entidades en el país. Es lo que permite adaptar el material traído de afuera y luego producirlo intensivamente aquí.
“Nosotros ya sabemos que estos productos en Canadá están funcionando desde el año 98, o sea, que estamos casi más de 20 años atrasados en el tiempo. Es un cultivo muy beneficioso, porque además recupera el suelo, no usa fertilizante y en 3 meses lo tenés produciendo”, explicó el referente.

Para ese desarrollo, la cooperativa cuenta con unas 2 hectáreas de campo, que de hecho aguardan hace años las habilitaciones que acaban de recibir. Una vez obtenida su propia producción, en conjunto con el área de ingeniería en Alimentos de la Universidad Nacional de Luján, avanzarán con el desarrollo de subproductos.
Detrás de Gota de Esperanza hay unas 10 familias cuya motivación inicial fue producir aceite de cannabis y ayudar a otros pacientes, pero que hoy tienen ante sí la chance de escalar y pensar en grande. “Le vamos a dar paso a una industria nueva en Argentina, que es saludable, produce salud, genera trabajo y encadena el agregado de valor”, destacó Fabián.
Es hasta impensado para él mismo, que hace menos de 10 años iniciaba con sus primeros destilados para tratar los dolores de su madre, y hoy se sienta en la mesa con funcionarios y empresarios extranjeros.

Más allá de su historia personal, Fabián no puede evitar emocionarse con este proyecto por lo mucho que le costó levantarlo. Y no sólo desde lo social, con lo que implicó -y aún implica- derribar falsos mitos sobre el cultivo. Sino también desde lo jurídico y burocrático. Fue mucho lo que tuvo que enfrentar mientras se abría paso como pionero.
“Más de una vez quise abandonar todo esto. Yo atravesé ya 3 gobiernos, sé que no es un proceso fácil y que durante mucho tiempo estuvo cerrado para unos pocos. Por dar un dato, en 2022 esperaban entregar 300 licencias, pero sólo expidieron 5 a empresas cercanas”, afirmó.
El cambio de administración, asegura, le fue favorable al proyecto, incluso a pesar de que el gobierno, en julio del año pasado, intentó disolver la Agencia Regulatoria de la Industria del Cáñamo y del Cannabis Medicinal (Arricame). Tras haberle enviado una carta al presidente, Barrios fue recibido por los funcionarios del sector y pudo tramitar las demoradas licencias.
Tras un intento fallido por disolverla, el gobierno prorrogó por un año la intervención de la agencia que regula la producción de cáñamo industrial y cannabis medicinal

La cooperativa se encarga del vínculo productivo y será la que buscará comercializar el cáñamo en el país, acorde a lo previsto por la ley 27.669. Pero, mientras tanto, la ONG sigue manteniendo su espíritu fundacional, que es el de investigar y desarrollar el cannabis para ayudar a pacientes.
De hecho, el próximo gran paso que aguardan es obtener el “botón verde”, es decir la habilitación operativa dentro del sistema oficial del Reprocann para poder abastecer a 100 pacientes y distribuir cannabis medicinal dentro del esquema permitido por la Ley 27.350.
Son pequeños pasos, lentos pero decisivos para abrirse camino en un sector muy vasto pero aún cargado de prejuicios. Las normativas, licencias y habilitaciones son más que recibidas, pero Barrios también advierte por las incomprensibles trabas que, finalmente, sólo facilitan la ilegalidad. Son las que combatieron por muchos años y hoy están venciendo.
“Con estas licencias nosotros generamos puestos de trabajo, lo hacemos por derecha y sacamos al narcotráfico desde la raíz. Estamos para hacer el bien, somos una ONG y no somos millonarios, somos 10 familias que queremos salir adelante”, concluyó.
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