Una planta venenosa permitió operar sin dolor hace seis siglos: hallan toxina anestésica en herramientas de la dinastía Ming

En una tumba sellada durante más de seis siglos, en la ciudad china de Jiangyin, dos instrumentos de hierro: unas tijeras y unas pinzas, guardaban un rastro casi invisible. No era sangre ni óxido común. Era una señal química mínima que, analizada con tecnología actual, permitió reconstruir una escena improbable: la de una intervención quirúrgica en la China del siglo XV en la que el dolor no era inevitable gracias a una peligrosa planta venenosa.Ese es el núcleo de un estudio publicado esta semana en la revista Antiquity, liderado por Xue Ling junto con un equipo de investigadores de universidades y centros de patrimonio de China. El trabajo es el primero que aporta evidencia directa del uso de una sustancia con efecto anestésico en herramientas médicas de la dinastía Ming. El hallazgo se apoya en el análisis de residuos microscópicos que habían pasado inadvertidos durante décadas. Según los autores, “el análisis de residuos arqueológicos está ofreciendo nuevas perspectivas sobre el desarrollo del conocimiento médico”.Las piezas analizadas fueron halladas en 1974 en la tumba de Xia Quan (1348-1411), un funcionario de comienzos del período Ming. Durante años, esos objetos habían sido estudiados desde la historia del arte y la arqueología. La novedad del estudio radica en aplicar técnicas espectroscópicas avanzadas para identificar compuestos orgánicos adheridos a la superficie. Con espectroscopía Raman y con una técnica de mayor sensibilidad, conocida como stimulated Raman scattering (SRS), el equipo logró detectar firmas químicas en cantidades ínfimas sin dañar los instrumentos.Los residuos, visibles como partículas rojizas en zonas de difícil limpieza de las herramientas, revelaron la presencia de compuestos compatibles con la aconitina. Se trata de un alcaloide extremadamente tóxico que proviene de plantas del género Aconitum. En dosis controladas tiene propiedades analgésicas. En dosis altas puede resultar letal. La identificación se apoya en la detección de grupos químicos específicos, entre ellos el cianuro (-CN) y estructuras orgánicas características. El artículo señala que “la presencia del grupo funcional -CN indica propiedades medicinales y potencialmente anestésicas”.El punto clave del estudio es que esos restos no parecen producto de contaminación accidental. Se concentran en zonas funcionales de las herramientas y coinciden con registros históricos de su uso en contextos clínicos. De acuerdo con los autores, los residuos “son muy probablemente el resultado de compuestos anestésicos utilizados durante procedimientos quirúrgicos”. Es decir, no se trata de una inferencia general sobre prácticas médicas antiguas, sino de una evidencia química localizada en instrumentos concretos.La investigación interactúa con textos médicos de la época. Documentos de la dinastía Ming indican que, antes de ciertas intervenciones, se aplicaban sustancias para reducir la sensibilidad del área a tratar. En uno de los fragmentos citados se indica que, antes de usar tijeras, se debía “aplicar primero un agente para insensibilizar el área”. Ese procedimiento sugiere el empleo de anestesia de aplicación local, más cercana a un uso tópico que a una sedación generalizada.El uso de aconitina no aparece como un experimento aislado. El estudio recorre diversas fórmulas médicas de la época que incluían esta sustancia combinada con otros ingredientes. Esa combinación habría sido fundamental para moderar su toxicidad. Los investigadores destacan que los médicos de la dinastía Ming desarrollaron estrategias para “equilibrar la toxicidad y la eficacia mediante una dosificación precisa, compuestos elaborados y procedimientos estrictos”. Esto implica un conocimiento práctico de cómo manipular sustancias peligrosas sin provocar efectos adversos severos.Otro aspecto relevante es la ubicación de los residuos. En el caso de las pinzas, las trazas se concentran cerca de la empuñadura. En las tijeras, aparecen en los bordes de las hojas. Esa distribución refuerza la hipótesis de una transferencia directa durante el uso. Los autores proponen que los instrumentos entraban en contacto con preparados líquidos o ungüentos aplicados sobre el cuerpo del paciente, y que pequeñas cantidades quedaban adheridas luego de la intervención.Hierro de alta purezaEl análisis también aporta datos sobre la calidad de los instrumentos. Estaban fabricados con hierro de alta pureza, con una composición que superaba el 95%. Esto refleja el nivel de desarrollo de la metalurgia en la época. Aunque no contaban con aleaciones modernas como el acero inoxidable, su diseño guarda similitudes con herramientas actuales. Las tijeras recuerdan a las usadas en procedimientos superficiales y las pinzas a instrumentos de manipulación de tejidos. Esa continuidad sugiere que principios básicos del diseño quirúrgico ya estaban presentes.El hallazgo permite revisar la imagen de la medicina premoderna. Lejos de ser rudimentaria, la práctica quirúrgica en la China de la dinastía Ming aparece como una combinación de habilidad técnica y conocimiento farmacológico. El artículo concluye que los resultados “proporcionan evidencia tangible de anestesia quirúrgica en China durante la dinastía Ming”. En un período en el que la anestesia moderna todavía no existía, el uso controlado de una planta venenosa permitió avanzar en ese objetivo. La combinación de toxicidad y conocimiento práctico definía el límite entre el alivio y el riesgo. Ese equilibrio, registrado en textos y ahora confirmado en objetos concretos, revela una forma de medicina que no se limitaba a curar, sino que también buscaba intervenir sobre la experiencia del dolor.
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