El peor día de Sixto Llampa: Solitario guardaparque de una enorme reserva en la Puna jujeña, encontró 70 vicuñas despellejadas por la caza furtiva y lamentó con el alma no haber podido evitarlo

Promedia el mes de mayo y en la Puna de Jujuy se siente el viento helado. Los amarillos van apropiándose del paisaje, como la tristeza e impotencia hace lo propio en el alma de Sixto Llampa Urbano, único guardaparque de la Reserva Provincial Alto Andina de la Chinchilla. Es que este hombre, se encontró con la desoladora imagen de 70 vicuñas muertas mediante armas de fuego, muchas desolladas. Es, sin duda, un hecho impactante para su vida. Debería haber sido, simplemente, una habitual ronda de control por ese tan inhóspito como bello territorio argentino. 
La reserva de la Chinchilla se extiende por 368 mil hectáreas, ocupando partes de los departamentos de Rinconada y Susques, en plena Puna jujeña. En su interior se encuentra la laguna de Vilama, que en el año 2000 fue declarada internacionalmente como Sitio Ramsar por su valor ecosistémico. La reserva fue creada oficialmente en 1992, mediante el Decreto Provincial 2213, con el objeto de garantizar la conservación y recuperación de la chinchilla de cola corta (Chinchilla brevicaudata), pero también para la protección de las vicuñas y las aves que habitan o transitan por el altiplano. Es, por lejos, la reserva más amplia de la provincia e, increíblemente, está a cargo de un solo hombre. 
Ese “solo hombre” relató a Bichos de Campo lo sucedido, en una mezcla de pasión por su trabajo, pero también mucha desazón y una profunda herida que llevará el resto de su vida. 

“La caza furtiva viene siendo uno de los problemas de siempre. En el mes de marzo, abril, ya las temperaturas son muy frías en esta zona. Esta es una reserva muy amplia y yo soy el único personal del Ministerio de Ambiente, en esta reserva”, dice casi excusándose.
“Mal que bien la policía de la provincia nos está acompañando, ya son tres años que se realiza un operativo de control y vigilancia, pero en este último año llegó un poco tarde. Yo estaba recorriendo en otros lugares y me descuidé un poco de esa zona limítrofe y bueno… pasó lo que pasó, es un hecho muy lamentable”, comienza su relato Sixto.
Llampa pertenece a la comunidad de Lagunillas del Farallón, ubicada a más de 4100 metros sobre el nivel del mar. “Soy del último pueblito de la provincia de Jujuy, cerca de la triple frontera entre Bolivia, Chile y Argentina”, se presenta. “Hace 10 años que estoy trabajando en esta Reserva y, la verdad, es un orgullo estar en este sector, cuidar de los hermosos paisajes que tenemos y que están a 4500 metros de altura. Mi función es guardaparque, soy el único en esta zona, y mis recorridos son habituales, siempre los vengo haciendo por una zona muy amplia, preocupado por la caza furtiva. A veces ni paro a comer para poder recorrer más kilómetros”. 

En cuanto al macabro hallazgo, Llampa relata que “esto sucedió el martes 28 de abril. La verdad fue muy triste, se me cayeron lágrimas por lo que viví. Lamentablemente uno está solo allá arriba, viendo los cadáveres tirados, uno tras otro. Me llamó la atención que 12 vicuñas no habían sido despellejadas, estaban intactas. Estaba a 45 kilómetros del pueblo, sin ninguna fuente de comunicación”.
El asombro por las vicuñas sin despellejar tiene sentido en que los malnacidos que cometieron ese crimen lo hacen para aprovechar la fibra del animal, que cotiza en dólares por ser una de las más finas del mundo.
El relato de Sixto denota la seria desprotección que afecta a la fauna silvestre, pero que también alcanza a los pobladores, sus animales y hasta a su propia persona: “La verdad es muy difícil y triste la situación que uno, como guardaparque, se arriesga de estar aislado de su familia, de su comunidad, solo, muy lejos de su pueblo, sin ningún elemento para la defensa personal. Yo enfrento mi trabajo con valentía, pero me preocupa que atrás mío están mis hijas. Cada día que uno sale no sabe con qué se puede encontrar allá arriba”. 

A lo que agrega que “no es únicamente lo que pasa con la caza furtiva, sino que hay familias que en este sector de los cerros tienen su ganado, como ser la llama, que la tienen que dejar cuando se van a trabajar al pueblo, entonces hay mucha pérdida de animales, violencia a los domicilios, esto preocupa”. 
Sixto Llampa sabe que se necesita y es un poco más de personal y de recursos. “Entiendo que la provincia debería aportar un poco más de guardaparques y equipamiento para esta zona, y más en estos tiempos donde el clima es bastante frío, se pone entre los 20 grados bajo cero y de noche llega a los 25 grados bajo cero”.
“Son días muy fríos y ventosos, se complica mucho hacer los recorridos lo más largos o completos posibles. Me preocupa que soy el único y no te da mucha fuerza de hacer este trabajo así, porque uno no puede dialogar con nadie y, si fuéramos dos o tres personales, sería genial, para poder intercambiar ideas, intentando poder frenar esta caza furtiva que sucede año tras año”.

Y continúa proponiendo lo que de afuera parece lógico y no sucede, “me parecería muy positivo que se genere un puesto de policía rural ya que la comunidad tiene el anhelo de poder frenar la caza furtiva, la pérdida de llamas, la violencia a las casas. Necesito ayuda”, clama este guardaparques.  
Mucha experiencia carga Sixto. Este no fue el único encuentro de vicuñas muertas y despellejadas por la caza furtiva que presenció, pero sí, el más impactante. Participó de requisas y decomisos. Acompañó múltiples veces a las fuerzas policiales en operativos de control y en sus pesquisas. Conoce los movimientos de los cazadores, sabe leer sus huellas, los rastros que van dejando, “algo que aprendí también de mi padre”, se enorgullece.
Explica a la perfección como sacan los cueros, como los doblan y los trasladan. Es en base a ese conocimiento que dice que “lamentablemente estos cazadores furtivos entraron desde Bolivia viendo que había un evento acá en el pueblo. Saben que los fines de semana mi persona no está presente en la reserva. Saben que hago recorridos día por medio ya que no tengo mucho combustible. Creo que es una persona que conoce los lugares, que anduvo anteriormente y ya sabe dónde hay vicuñas”.

“Ellos observaron desde un lugar muy alto toda la parte de la laguna de Vilama y viendo que no había ningún movimiento, ingresaron y se instalaron al fondo, donde nadie vive y no tuvieron ningún inconveniente en hacer lo que hicieron. Fueron tres personas en dos motos que entraron y recorrieron por diferentes lugares. Entiendo que les pudo llevar todo el fin de semana, a lo sumo dos o tres días”.
Algunas fuentes oficiales consultada por estos hechos dijeron que las vicuñas fueron asesinadas en lapsos de tiempo mayor. Pero Sixto descree de esa versión: “A ellos matarlas les costó dos días, a nosotros encontrar los grupos de vicuñas muertas nos llevó varias semanas, a partir de organizarnos en tres operativos, y posiblemente encontremos más”, alerta. 
Además, agrega que “estas vicuñas son muy mansas, están acostumbradas a nuestros recorridos con gente de la policía de la provincia, no se escapan. Como estos cazadores furtivos entraron en moto, las vicuñas pensaron que éramos las personas que siempre andamos vigilando, controlando y cuidándoles a ellas. El cazador furtivo las mató cuanto quiso”.
La esquila controlada de vicuñas en Jujuy llegó a la madurez: Tras veinte campañas, los Chaccus lograron elevar diez veces la producción de fibra que queda en las comunidades andinas

“Estas vicuñas estaban ya reservadas hace 2 años, de cuando hicimos nuestro Chaccu, la esquila de vicuña en silvestría que autoriza el Ministerio de Ambiente. Muchas de las vicuñas muertas tenían la caravana que le habíamos colocado hace dos años atrás. Este año, estábamos predispuestos para nuevamente realizar el Chaccu y esto es pérdida por todos lados”, lamenta.
Prosigue comentando que “como comunidad, también nos sentimos muy mal, bajoneados, por lo que pasó, por no tener un buen acompañamiento. Hoy me siento muy mal, siento mucha impotencia. Yo avisé a mis superiores sobre todo lo que pasó al pie del cerro Tinte, ahora hay qué ver qué hacen las autoridades con todo esto”. 
Acompañando a Llampa se encuentra Orlando Vilca, presidente de la Comunidad Aborigen de Lagunillas del Farallón. Este dirigente comunitario destaca la importancia para la biodiversidad que tiene esta región, ampliando que “justamente estamos en una zona donde hay tres reservas que pertenecen a los tres países limítrofes: la Reserva Altoandina de las Chinchillas, de nuestro lado, la Reserva Eduardo Avaroa, del lado boliviano y la Reserva de los Flamencos, del lado chileno, y se sobrepone con el Sitio Ramsar, la reserva de los humedales”.

El planteo de Vilca va en total consonancia con lo expuesto por Sixto: “Es muy preocupante la cantidad de casos de caza furtiva en nuestra comunidad, todo dentro de la Reserva de las Chinchillas. Para hacer un resumen, con los hallazgos de Llampa y con lo que se fue encontrando en los diversos operativos que se organizaron luego, estamos contabilizando 117 vicuñas. Como verán es muy grande el perjuicio que le hicieron a nuestra comunidad”. 
Además, Orlando Vilca rememora que “en el año 2023 se logró tener una reunión con el Ministro de Medio Ambiente y también con el de Seguridad, por los mismos antecedentes, incluso por números mayores de vicuñas muertas. Ahí se logran establecer acuerdos para frenar la caza furtiva. De estos acuerdos, algunos se cumplieron, como el Operativo de Vilama, por parte de la policía y se logró frenar mucho este problema”.
“Sin embargo, el compromiso de poner dos guardaparques más, no se cumplió y esto hace que todo continúe, porque el Operativo de Vilama termina en diciembre y comienza a mediados de abril o mayo. En este tiempo tendrían que cubrir los guardaparques, pero al ser una reserva tan amplia, un solo guardaparque no es suficiente. Puede que el guardaparque este en un punto y en otro estén cazando vicuñas”. 

“Nosotros, como comunidad, hemos colaborado con combustible en algunos cas
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