Entre dos volcanes: una ruta binacional que une naturaleza y fe a ambos lados de la cordillera

A los dos lados de la cordillera de los Andes, la Patagonia norte de la Argentina y Chile se unen por una ruta que vincula tradiciones mapuches y cristianas. La traza permite apreciar también ríos, lagos, dos parques nacionales y volcanes.En estas latitudes, la llamada Ruta Binacional de la Fe inspira a turistas a desplazarse atraídos tanto por la naturaleza como por la cosmovisión espiritual: un trayecto con sentido trascendental más allá de los paisajes araucanos de la región.Jessie Inchauspé, bioquímica experta en glucosa: “Un desayuno salado, con proteínas y grasas, tiende a estabilizar la glucosa y ofrecer energía sostenida”El camino comienza en Junín de los Andes, el pueblo más antiguo de Neuquén. Y luego continúa por el Paso Mamuil Malal, conocido como Paso Tromen, hacia Curarrehue, Pucón, Villarrica y Freire a lo largo de más de 230 kilómetros.Todo el camino, signado por longevas araucarias, se puede transitar en auto o en bicicleta; solo hay un tramo de 15 kilómetros de ripio, donde es preciso descender la velocidad.Junín de los Andes, fundado en 1883, estuvo signado desde sus comienzos por la evangelización cristiana entre los pueblos originarios. Esta mezcla de culturas es fuerte en la identidad local. Fue fortín militar y base para una misión religiosa dirigida por el padre Domingo Milanesio, sacerdote que fundó una casa salesiana. La presencia de esta orden es muy marcada en este pueblo, sede del santuario Nuestra Señora de las Nieves y Beata Laura Vicuña. El edificio, en la esquina de Don Bosco y Ginés Ponte, guarda una reliquia de esta niña santa.El templo, remodelado en 1999, conserva los restos del padre Milanesio, quien bautizó a Ceferino Namuncurá, joven argentino de origen mapuche nombrado beato por la Iglesia católica, vinculado a esta comunidad. El santuario tiene paredes decoradas con matras mapuches originales y arcadas que reproducen el diseño de la araucaria, la planta emblema de la zona. Tiene además una escultura de un Cristo resucitado, con poncho y brazos abiertos.El arquitecto Alejandro Santana, encargado de la disruptiva remodelación que fusionó tradiciones mapuches y cristianas, es también autor de un inmenso Vía Christi, la obra monumental en las laderas de los cerros San Pedro y de la Cruz.Se trata de un recorrido de dos kilómetros, a través de 23 estaciones, donde se cuentan distintas escenas de la vida de Jesucristo que culmina en una enorme cruz blanca de cemento, desde donde se tiene una magnífica vista panorámica.Las estaciones están armadas con esculturas de hormigón con la intención de revalorizar la historia latinoamericana, argentina y de Neuquén. La obra narra el encuentro del evangelio cristiano con la cultura originaria. Jesús tiene rasgos mapuches y es arrastrado al martirio por soldados de la campaña y conquistadores españoles.SIBO e IMO: qué son, cuáles son sus síntomas y por qué cada vez más personas creen tenerlosHay bienaventuranzas disruptivas donde Jesús está frente al Mahatma Gandhi, Martin Luther King, la Madre Teresa y Laura Vicuña. Otra imagen central es la de Ceferino Namuncurá, que tiene su propio santuario a 60 kilómetros de Junín de los Andes, en el paraje de San Ignacio.En la cima hay un pequeño anfiteatro, cuyo revestimiento de fragmentos de azulejos es una franca referencia al artista español modernista Antonio Gaudí.“Es un encuentro de culturas. Es el encuentro de dos universos que convergen”, afirma Santana a los pies del Via Christi, la obra que atrae a turistas de todo el país y del otro lado de la frontera.“El turismo religioso es furor aquí”, asegura Gustavo Namuncurá, poblador del paraje San Ignacio. El camino que une naturaleza y fe sigue por la ruta 60, hacia el paso internacional situado a 68 kilómetros de esta aldea de montaña.En la ruta se divisa a lo lejos el Lanín, uno de los dos volcanes que se aprecian en este circuito internacional. Los viajeros que andan sin apuro pueden detenerse y visitar la ladera del volcán. Es un paseo corto, de poco más de una hora, ideal para estirar las piernas antes de seguir hasta la aduana. También es posible desviarse y conocer el lago Tromen, un espejo de agua prístino.Por la AraucaníaDe regreso a la ruta 60, se llega al paso Mamuil Malal, donde está situada una escultura denominada Cristo del Tromen, instalada en 1950 como punto de unión entre los dos países. A los pies del también llamado Cristo del Cerro se celebra cada marzo una misa binacional, que reúne a fieles cristianos junto a laicos y turistas de los dos lados de la cordillera.Del otro lado de la frontera comienza la denominada ruta binacional Padre Pancho, con una extensión de 161 kilómetros. El atractivo es, justamente, la figura de Francisco Valdés Subercaseaux, el padre Pancho, primer misionero que evangelizó por la cordillera de los Andes del lado chileno. La ruta atraviesa 18 hitos, pasa por cuatro comunas desde Curarrehue hacia Pucón y desde Villarrica hasta Freire, en la Araucanía.“La parte más linda de la ruta en lo que respecta a la contemplación amplia de la naturaleza es justo al llegar a la aduana, tanto del lado argentino como del lado chileno, antes del lago Curarrehue”, afirma Pablo Paolantonio, encargado de la empresa Excelsior Viajes, mientras realiza el cruce binacional.Tras el paso fronterizo del Tromen, el primer tramo de la ruta avanza por el denominado camino de la paz: uno de los objetivos espirituales del padre Pancho fue la pacificación entre los dos pueblos tras la tensión registrada en 1978 por la disputa por el canal de Beagle.La ruta de la paz pasa por Curarrehue en el tramo más rural. Luego atraviesa Pucón y continúa por el borde del Parque Nacional Villarrica para terminar en la comuna de Freire.A lo largo de la ruta, el padre Pancho fundó al menos siete capillas. La más cercana al paso internacional está situada en Francisco de Caren. Luego hay otra en Curarrehue. Más adelante hay capillas en Hurtado de la Angostura, Catripulli, entre otros.“El padre Pancho iba en tren, en carreta, en mula o hasta caminando pueblo por pueblo hasta llegar a la cordillera, evangelizando en el amor y la solidaridad. Fue una figura clave en la convivencia entre cristianos y mapuches”, sostiene Silvio Briones Sepúlveda, a cargo de la conservación de un tramo de la ruta religiosa. “El fin de este circuito patrimonial es conocer la obra del primer fraile capuchino chileno que durante el siglo pasado ayudó a consolidar comunidades enteras y disfrutar al mismo tiempo de la naturaleza”, agrega Sepúlveda.El camino patrimonial tiene un punto de especial interés en Pucón, donde hay un museo en honor al padre Pancho. También, un monasterio, un hospital y una gruta en homenaje al franciscano.“Cada vez hay más turismo vinculado a la religión. El turista se mueve por contenidos, no solo por paisaje. El interés está bien marcado en los adultos mayores, pero se están sumando los más jóvenes”, asegura Rocío Cerda, encargada de turismo de la municipalidad de Pucón.“En particular, el padre Pancho genera mucho respeto y cada vez más turistas se acercan al museo, uno de los tantos hitos que tenemos en esta ciudad”, asegura Cerda. “Hay un interés tremendo por este sacerdote y su legado, que trabajó mucho como intermediario para la paz entre Chile y Argentina”, agrega desde la Fundación Padre Pancho, Malvina Millar.De regreso a la ruta por la orilla del lago Villarrica, se divisa a lo lejos el volcán del mismo nombre. Se puede visitar al menos otras cuatro capillas inscriptas en la obra del padre Pancho, hasta llegar a Freire, una comuna situada a 25 kilómetros de la ciudad de Temuco, capital de Araucanía.“La propuesta que une turismo de naturaleza y fe es muy atractiva para los chilenos. Hay un interés muy grande por la religión”, sostiene Leonel Poblete, uno de los habitantes de Freire, que ya cruzó a Junín de los Andes como peregrino.Del otro lado de la frontera comienza la denominada ruta binacional Padre Pancho, con una extensión de 161 kilómetros. El atractivo es, justamente, la figura de Francisco Valdés Subercaseaux -padre Pancho-, primer misionero que evangelizó por la cordillera de los Andes en estas mismas latitudes por el país vecino. La ruta atraviesa 18 hitos, pasa por cuatro comunas desde Curarrehue hacia Pucón y desde Villarrica hasta Freire, en la Araucanía.
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