¿Sueñan los humanos con inteligencias artificiales?

Cuando era chico, podía contar con los dedos de una mano los tipos de pesadillas que existían -o, al menos, las que soñaba yo-. Por un lado estaban las “pesadillas en la naturaleza”, en las que me precipitaba por un abismo montañoso o me ahogaba en el fondo del mar. También estaban las urbanas, igual de estresantes: implicaban huir a toda velocidad de un enemigo indefinido por una ciudad o descubrir, con un estupor insondable, que había salido desnudo de mi casa para hacer mandados. ¿Las peores? Aquellas en las que se revelaba que, por un error administrativo, nunca me había graduado y debía volver a cursar el secundario.Más adelante descubrí que se trataba de escenarios comunes que, con algunas variaciones, soñaban millones de personas. En los últimos 25 años la trama de esas pesadillas empezó a modificarse con la aparición de nuevas tecnologías -Internet de alta velocidad, teléfonos inteligentes, redes sociales, plataformas de streaming y aplicaciones de inteligencia artificial-, invenciones que llenaron la vida cotidiana de estímulos inéditos y que, con el tiempo, comenzaron a filtrarse también en el territorio poroso del inconsciente.Por ejemplo, en 2024, una investigación publicada en la revista científica Springer Nature vinculó el uso intensivo de redes sociales con un deterioro en la calidad del descanso y una mayor frecuencia de pesadillas que, en muchos casos, tenían como elemento central a estas tecnologías. Quienes participaron del estudio reportaron sueños en los que discutían con otros usuarios en redes sociales, caían en episodios de doomscrolling -la compulsión de pasar horas consumiendo malas noticias a través de las pantallas- o descubrían, con desesperación, que habían perdido acceso a sus cuentas personales.“Descubrimos que las personas que pasan más tiempo en estas plataformas durante el día son más propensas a experimentar pesadillas”, explicó Reza Shabahang, autor principal del estudio e investigador de la Flinders University, en Australia. Y añade: “A medida que las redes sociales se vuelven cada vez más inseparables de nuestra vida cotidiana, su impacto podría incluso extenderse a nuestros sueños”.La inteligencia artificial, protagonista esta semana de la primera encíclica papal de León XIV -en la que el pontífice señala a los fieles que “ninguna máquina podrá jamás sustituir” esa “magnífica humanidad que nos ha revelado Cristo”-, también habría empezado a inmiscuirse en nuestros sueños. Un relevamiento realizado en Estados Unidos por encargo del fabricante de colchones Amerisleep entre 1000 participantes descubrió que uno de cada cinco encuestados afirmó haber soñado con IA. De ese total, el 35% aseguró que se trató de pesadillas. Los temas más comunes fueron “la IA apoderándose del mundo”, “hablar con una IA como si fuera una persona real”, “perder mi trabajo por culpa de la IA” y “ser controlado o manipulado por la IA”.En febrero del año pasado, Nicolas Cage fue noticia, aunque no por las excentricidades a las que nos tiene acostumbrados -como comprar un cráneo robado de dinosaurio en una subasta internacional o adoptar un cuervo como mascota-. Ocurrió durante los Saturn Awards, entregados por la Academia de Películas de Ciencia Ficción, Fantasía y Terror de Estados Unidos. Tras recibir el premio a Mejor Actor por El hombre de los sueños -la película en la que interpreta a un gris profesor universitario que se vuelve famoso cuando millones de personas comienzan a soñarlo-, lanzó una dura advertencia sobre el uso de inteligencia artificial en el arte: “Me parece perverso el mundo de la IA. Creo profundamente en no dejar que los robots sueñen por nosotros. Los robots no pueden reflejar la condición humana por nosotros. Ese es un callejón sin salida”.¿Exageran Cage y nuestros inconscientes? ¿O, una vez más, la vigilia de la razón terminará engendrando un monstruo?
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