Tras un duro evento, se fue a Alemania y resignificó el amor y lo material: “Me preguntan cómo obtengo tanto dinero”

A Melani Duboe el 2026 le sonríe. En estos días está de vacaciones en Escocia, es directora de una escuela y escribió dos libros para preescolar: “A veces, la gente me pregunta cómo obtengo tanto dinero. Y la verdad es que gano un sueldo promedio”, cuenta en relación a su vida laboral.En diciembre del año 2025, celebró Navidad junto a la familia de su marido, su madre y su hermana, que fueron de vacaciones. Para ellas fue sorprendente festejar rodeadas de nieve, con otro tipo de comida y sin la ropa liviana típica de las fiestas en Argentina.Melani, en cambio, ya vive con naturalidad el frío de diciembre. Pasaron cinco años desde que llegó a Alemania y todo lo que antes era típico en su vida se transformó casi por completo. El camino no fue sencillo, su presente, sin embargo, en nada se parece a su otra vida en Rosario, Argentina. La diferencia decisiva de Alemania: la manera de vivir el amorMelani no tardó en descubrir que en Alemania no todo es color de rosas y, aun así, hubo un aspecto de aquella cultura que le llamó poderosamente la atención y marcó una diferencia decisiva desde el comienzo: la manera de vivir el amor.Oriunda de Rosario, Melani creció en una familia de clase media en la zona norte de la ciudad. “Nos criamos solos”, asegura, mientras recuerda sus días de infancia y adolescencia, tiempos en los que comenzó a trabajar a los 15 años para ayudar a su mamá. A pesar de las jornadas agotadoras, jamás desatendió sus estudios, culminó la secundaria y se inscribió para ser contadora pública: “Pero fracasé, no tenía los medios”.Entonces optó por estudiar para ser maestra de primaria, cursó en un terciario nocturno a fin de poder continuar con su trabajo. La joven ayudaba, se esforzaba e intentaba sacar adelante una vida en la que, por momentos, olvidaba priorizarse, cuidarse, atender su salud emocional. Las consecuencias fueron duras, entre ellas, sufrir relaciones tóxicas en extremo.Con el tiempo llegaron la angustia, la depresión y el miedo, acompañados por ataques de pánico. Y más tarde, un evento que significó el despertar: un accidente que le dejó dos clavos en el tobillo. “Entonces decidí que tenía que volver a empezar, que no todo estaba perdido, que merecía una segunda oportunidad”.Alemania fue el destino elegido para el renacer, una tierra que le trajo nuevos retos, pero una gran lección: el amor es compañerismo y libertad.Una visa de trabajo y la ilusión de reinventarse en AlemaniaEl clic interno trajo consigo la urgencia. Ahora que lo veía claro, Melani decidió actuar sin perder ni un segundo más de su tiempo, no quería más suspiros en vano, anhelaba dejar de experimentar esa sensación asfixiante que la acompañaba.Al no contar con pasaporte europeo, se postuló para conseguir una visa de trabajo para estudiar y trabajar de niñera, hubiese querido dedicarse a la docencia, pero sabía que el inglés no bastaba para conseguir trabajo, ya que necesitaba como mínimo un nivel B1 para postularse en una escuela o en cualquier otro empleo.Más rápido de lo esperado, obtuvo el permiso para trabajar de Au Pair y estudiar alemán; hizo sus valijas, y se ilusionó ante el nuevo comienzo y la posibilidad de poder homologar pronto su título docente.Melani abordó el avión hacia su nuevo destino en medio de la pandemia. Hasta el último día trabajó en las escuelas donde ejercía su profesión. “Mis queridas escuelas...”, dice casi en susurro. Envuelta en miedos se despidió de su vieja vida. Estaba decidida a reinventarse.“La relación es opuesta a mis experiencias en Argentina, donde el maltrato hacia la mujer es común”Múnich amaneció radiante y Melani no podía salir de su asombro. Nada de lo que veía se parecía a lo que había dejado atrás. Alemania se veía tan prolija, tan medida, incluso en su forma armoniosa de distribuir los pueblos aledaños, los bosques y la ciudad.El trato de la familia fue bueno desde el comienzo y, en sus horas libres, se esmeró por aprender un idioma por demás complejo, mientras realizaba todos los trámites necesarios para homologar su título. Y fue a los seis meses de su llegada que, entre el trabajo, las lecturas y las salidas con las nuevas amistades, la rosarina conoció a un alemán, un joven que le acercó otra forma de concebir al amor, lejos de las posesiones, las demandas y la toxicidad.“Debo decir que me impactó muchísimo”, asegura. “Porque acá el respeto en la pareja lo es todo. A su vez, hay mucho compañerismo. Las actividades las hacemos juntos, cuando podemos cocinamos juntos, la relación es completamente sana y totalmente opuesta a mis experiencias en Argentina, donde el maltrato hacia la mujer es común, o el rol de la mujer es desvalorizado o limitado”.
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